Río Negro invade la vía Bogotá-Villavicencio y colapsa acceso a túneles falsos en kilómetro 46
En el kilómetro 46 de la carretera que conecta Bogotá con Villavicencio, el río Negro ha irrumpido en la vía, arrasando completamente el acceso hacia los túneles falsos. Este grave incidente fue reportado por la concesionaria Coviandina en un informe enviado a la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) en enero de 2026, donde se detalla la "pérdida total de la banca" en este tramo crítico, ubicado entre la quebrada Estaquecá y la entrada a los túneles.
Historia de colapsos recurrentes
Este no es un evento aislado. En 2010, en el mismo kilómetro 46, derrumbes masivos obligaron al cierre total de la vía a la altura de Puente Quetame, tras intensas lluvias. En esa ocasión, el Instituto Nacional de Vías (Invías) trabajó contra reloj para retirar el lodo y restablecer el tránsito horas después. El problema se ha agravado con el tiempo: desde julio de 2023, este punto ha dejado de operar con normalidad, y casi tres años después, el servicio aún no se ha recuperado en el sector.
La invasión de la calzada se debe al arrastre continuo de material desde las laderas y a la alteración del cauce del río, factores que han convertido esta zona en un foco de inestabilidad crónica. Coviandina advierte que la situación es tan severa que la recuperación del tramo ya no es viable, señalando daños de "tal magnitud que, a la fecha, su recuperación no es posible".
Múltiples puntos críticos y vulnerabilidades extendidas
El kilómetro 46 es solo la punta del iceberg. Entre los kilómetros 46 y 50, la ANI ha identificado al menos once puntos críticos adicionales, formando un corredor corto pero altamente vulnerable. Cada intervención parcial choca con una geografía dinámica que se mueve, se desborda y reconfigura constantemente el terreno.
A lo largo de toda la vía al Llano, el Gobierno ha reconocido cerca de 90 puntos críticos, evidenciando una red de vulnerabilidades acumuladas durante años, no concentradas en un solo derrumbe sino en una cadena de fallas estructurales.
Impacto económico y logístico devastador
Los cierres en esta vía tienen un costo inmediato y significativo. Un solo día de interrupción puede generar pérdidas cercanas a COP 2.400 millones en transporte de carga y otros COP 500 millones en pasajeros. En episodios recientes, el impacto acumulado ha superado el billón de pesos, afectando a más de 500 poblaciones.
Por esta ruta se transportan miles de toneladas de alimentos esenciales, como plátano, arroz, carne y huevo, que quedan atrapadas en cuellos de botella o rutas alternas incapaces de manejar la demanda, generando filas interminables y aumentos en los costos logísticos entre un 30% y un 50%.
Soluciones propuestas y desafíos operativos
La solución en discusión es la construcción de un túnel paralelo al túnel Renacer, que serviría como reemplazo funcional para un tramo considerado irrecuperable. Mientras tanto, la ANI ha solicitado recursos al Ministerio de Hacienda desde 2024, no solo para atender emergencias inmediatas sino para financiar una solución estructural.
En paralelo, se ha pedido a Invías evaluar alternativas técnicas mediante un estudio de prefactibilidad para intervenir definitivamente el corredor. Sin embargo, estos procesos no son rápidos, y con la llegada de la temporada invernal, el margen de maniobra se reduce drásticamente.
Responsabilidades y gestión del riesgo
El informe de Coviandina cambia de tono en sus últimas páginas, instando a gobernaciones y alcaldías a incorporar estos riesgos en sus planes de ordenamiento territorial, esquemas de gestión del riesgo y protocolos de emergencia. Según la Ley 1523 de 2012, los alcaldes son responsables directos de la gestión del riesgo en sus territorios, con la obligación de evaluar capacidades, activar comités y coordinar respuestas, escalando emergencias a niveles departamentales o nacionales cuando sea necesario.
La dificultad radica en operar estos mecanismos en tiempo real, especialmente en un corredor tan crítico. Mientras tanto, el Gobierno avanza en la estructuración de una nueva ruta entre Boquerón y El Tablón, un corredor de 32 kilómetros con túneles y viaductos diseñado para ofrecer una alternativa más estable.
La vía al Llano siempre ha sido más que una simple carretera; es la conexión vital entre Bogotá y una región que abastece a gran parte del país, construida sobre una montaña inestable que requiere correcciones, refuerzos e intervenciones constantes. Y a veces, como en este caso, es necesario empezar de nuevo en el mismo punto donde todo ya había fallado antes.



