El declive vial de Santander: de grandes proyectos a simples reparches
Tan grave como el drama diario que padecen los usuarios de las carreteras santandereanas —y el aislamiento que sufre el sector productivo y el turismo— es la forma en que el departamento ha venido claudicando en su propósito fundamental de contar con un sistema vial sólido y moderno que soporte su desarrollo futuro. Esta renuncia progresiva a las ambiciones iniciales representa un retroceso preocupante para la región.
De dobles calzadas a simples rellenos de huecos
En el caso específico de la vía Bucaramanga-Bogotá, arteria vital para preservar la supervivencia del Santander andino, hemos descendido de manera insólita en nuestras aspiraciones. Del proyecto original de doble calzada con túneles y viaductos modernos, pasamos a consolarnos con algunos tramos de adelantamiento limitados. Hoy, parecemos resignados a la simple habilitación de pasos intransitables y al relleno temporal de huecos y baches para atenuar mínimamente los daños a los automotores.
Este deterioro en las expectativas se ha convertido en un patrón preocupante que afecta múltiples corredores viales de la región.
El modelo fallido de financiación con peajes
A pesar de que los grandes proyectos viales no se autofinancian exclusivamente con peajes —sino que demandan cuantiosos recursos del presupuesto nacional—, en nuestro territorio empieza a imponerse el modelo de convenios que asegura que el producto de ese tributo sea destinado únicamente a las respectivas carreteras. Sin embargo, por disponer de esa única fuente de financiación limitada, su alcance se restringe inevitablemente a pequeñas adecuaciones y labores de mantenimiento básico.
En otras palabras, terminamos admitiendo resignadamente que las inversiones en nuestra red vial se realicen exclusivamente con los recursos que la propia región sea capaz de generar, renunciando así a la necesaria participación del gobierno nacional en infraestructura estratégica.
El fracaso de la concesión Área Metropolitana
Este conformismo vial se consolidó definitivamente con el fracaso estrepitoso de la concesión Área Metropolitana, cuando se relevó a la Nación de la obligación de ejecutar el objetivo inicialmente previsto: construir diez tramos viales modernos a cambio de la simple administración del recaudo de dos peajes. Ante la incapacidad local demostrada para ejercer con pulcritud y eficiencia esta responsabilidad, se precisó acudir a entidades del orden nacional para salvar mínimamente ese esquema fallido.
Hoy, aunque varios peajes se encuentran inactivos o subutilizados, se propone curiosamente otro convenio similar para la vía a Bogotá, que sería ejecutado por el mismo Instituto Nacional de Vías (Invías), entidad que ha demostrado repetidamente su negativa a atender con eficiencia y diligencia esta arteria vital.
Un panorama generalizado de deterioro
La situación no es mejor en otros corredores estratégicos de Santander:
- La vía a Barrancabermeja se encuentra entrabada por un pleito legal complejo, ante la necesidad urgente de adoptar una variante que garantice su estabilidad estructural.
- La transversal del Carare y la vía a San Vicente de Chucurí solo reciben inversiones menores y esporádicas para remover derrumbes temporales.
- La mal llamada autopista Bucaramanga-Floridablanca-Piedecuesta presenta un deterioro generalizado y avanzado, frente al cual apenas se reclama un reparcheo superficial cuando lo que debería exigirse al Invías es la colocación de una nueva carpeta asfáltica en toda su extensión.
Preguntas inevitables sobre nuestra altivez perdida
Surgen entonces dos interrogantes fundamentales que todos los santandereanos deberíamos plantearnos:
- ¿En qué momento preciso perdimos nuestra altivez regional y aceptamos como suficiente lo que antes habríamos considerado claramente inadecuado e insuficiente?
- ¿Cuándo nos doblegamos ante la indolencia demostrada del Gobierno nacional y renunciamos definitivamente a esforzarnos por conseguir el sistema vial moderno que Santander necesita urgentemente para no quedarse atrás en el desarrollo nacional?
La respuesta a estas preguntas podría determinar el futuro económico y social de toda una región que merece mejores carreteras.



