Seis mujeres santandereanas transforman su territorio en destino turístico
En la carretera que une Lisboa con San Vicente de Chucurí, específicamente en el kilómetro 19, se encuentra una aldea especial que emerge entre las curvas del camino y las casi 7.000 hectáreas del embalse Topocoro. Este espacio, llamado Aldea de Mujeres con Alma y Sombrero, representa años de esfuerzo colectivo de seis emprendedoras santandereanas que han decidido unir sus talentos para mostrar lo mejor de su tierra.
Un proyecto que nació de la unión
Isbelia Cepeda Amaya, Cecilia Rueda Serrano, Eugenia Domínguez, Luz Esmeralda Rodríguez, Andrea Ramírez y Andrea Zárate conforman esta asociación que comenzó a tomar forma en 2022, cuando una convocatoria nacional las impulsó a pensar en colectivo. "Nosotras somos una asociación de mujeres de San Vicente de Chucurí: todas somos emprendedoras", explica Andrea Zárate Díaz, representante legal del grupo.
"Cultivamos los productos de nuestro territorio y les damos valor agregado, transformándolos en chocolate, café, helados, yogures, vinos, artesanías y muchos otros productos", añade con orgullo. Tras celebrar su primer aniversario en la aldea, ahora reciben tanto a hijos de la región como a visitantes cada fin de semana y días festivos, ofreciendo manjares para todos los paladares y recuerdos para todos los gustos.
Los sabores que definen la aldea
San Vicente de Chucurí, reconocida como la capital cacaotera de Colombia, también es tierra fértil para el aguacate y el café. Estas mujeres trabajan incansablemente para exaltar los sabores e identidad de su municipio:
- Isbelia Cepeda lidera la heladería artesanal, preparando helados de aguacate y otros sabores innovadores para los paladares más curiosos.
- Cecilia Rueda, descrita por sus compañeras como una mujer capaz de materializar cualquier idea, endulza la cáscara de los granos de café y la mazorca del cacao con panela para crear manjares únicos. Además, elabora vino, esponjados y artesanías sostenibles.
- Eugenia Domínguez, madre cabeza de familia, recurrió a sus raíces para producir yogures naturales y deleitar con fresas cubiertas de chocolate artesanal.
- Luz Esmeralda Rodríguez prepara tazas de café con aromas y notas que transportan directamente a los cafetales de la región.
- Andrea Ramírez aporta color y creatividad con diseños que incluyen símbolos representativos de Santander.
El cacao como eje central
En medio de esta diversidad de talentos, Andrea Zárate representa el vínculo más profundo con el cacao, cultivo que define la identidad de San Vicente de Chucurí. "Tuve el tiempo para conocer realmente el cacao que cultivábamos en la finca", relata sobre su acercamiento durante la pandemia. "Es un proceso que implica aprender a reconocer sabores, a entender qué hacer con cada parte del fruto".
En la finca La Esperanza, trabaja junto a su familia transformando el cacao en barras, coberturas y otros productos, incluyendo el aprovechamiento del mucílago para la elaboración de vino artesanal. Este conocimiento profundo del producto estrella de la región se ha convertido en uno de los principales atractivos de la aldea.
Turismo y desarrollo local
El crecimiento turístico alrededor del embalse Topocoro ha abierto nuevas oportunidades para este proyecto. La presencia de hoteles, restaurantes, proyectos culturales y diversas actividades en la zona convierte a la aldea en un punto de encuentro estratégico entre visitantes y las auténticas raíces santandereanas.
Lo que comenzó como trabajo individual de seis mujeres se ha transformado en un espacio colectivo que no solo comercializa productos, sino que cuenta historias, preserva tradiciones y ofrece experiencias genuinas. Cada producto que sale de la aldea lleva consigo un trozo de San Vicente de Chucurí, invitando a quienes los adquieren a conocer y valorar la riqueza cultural y agrícola de esta región de Santander.



