Un viaje visual por la calle 45 de Bucaramanga: El pasado que persiste
Dos fotografías capturadas desde el mismo punto, separadas por casi un siglo de distancia, nos invitan a un recorrido visual extraordinario por la calle 45 de Bucaramanga. Aunque una imagen fue tomada en las primeras décadas del siglo XX y la otra corresponde a nuestros días, el asombroso parecido entre ambas revela cómo ciertos espacios urbanos conservan su esencia a través del tiempo.
La sorprendente permanencia de un paisaje urbano
La comparación paciente entre ambas fotografías muestra que, a pesar de los cambios inevitables que trae la modernidad -nuevos colores en las fachadas, señalización vial actualizada, alumbrado contemporáneo-, la estructura fundamental de esta cuadra entre carreras 10 y 12 se mantiene notablemente similar. El tránsito, los sonidos y los ritmos de la ciudad han evolucionado, pero el pulso antiguo sigue latiendo en estas calles.
El reportero gráfico Jaime Moreno capturó recientemente la escena actual, mientras que archivos históricos preservan la visión del pasado. Al observarlas lado a lado, parecen imágenes calcadas, como si la ciudad hubiera decidido conservar ciertos gestos arquitectónicos y urbanísticos como testimonio de su identidad.
Testigos silenciosos de la historia bumanguesa
Al costado de la calle 45 se erige, firme y majestuosa, la edificación que albergó al antiguo Hospital San Juan de Dios de Bucaramanga. Reconocido como Bien de Interés Cultural y parte del patrimonio arquitectónico municipal, este inmueble guarda entre sus muros una historia que atraviesa generaciones completas.
La construcción del primer edificio comenzó el 1 de mayo de 1845, aunque no fue sino hasta el 8 de marzo de 1853 cuando abrió sus puertas al público como la primera -y durante mucho tiempo única- institución pública de salud al servicio de los bumangueses. Su creación fue posible gracias al liderazgo del sacerdote José Ignacio Martínez, quien reunía a los notables del poblado en su casa, organizaba bazares y cualquier actividad que permitiera recaudar fondos para la obra.
El compromiso colectivo incluyó incluso al boticario Guillermo Müller, quien suministraba medicamentos de manera gratuita. Hoy, en el mismo edificio histórico, funcionan sedes administrativas de dependencias de salud, manteniendo así su vocación de servicio a la comunidad.
Espacios de memoria y simbolismo
En el costado derecho de la calle, entre lo que fue y lo que aún perdura, se encuentran los vestigios del Parque Romero. Este espacio cargado de simbolismo histórico y espiritual se construyó donde alguna vez estuvieron los cementerios del municipio. En 1907 se inició su construcción en honor al sacerdote Francisco Romero, y el 20 de julio de 1910, al cumplirse un siglo de la Independencia de Colombia, se inauguró junto con un obelisco que rinde homenaje a los mártires santandereanos.
A pesar de momentos difíciles como la Guerra de los Mil Días, que detuvo temporalmente el desarrollo urbano, Bucaramanga retomó su camino y el Parque Romero se consolidó como un referente histórico donde convergen valores estéticos, simbólicos y culturales. Es, en múltiples sentidos, un guardián de la memoria colectiva de la ciudad.
La continuidad de la vida urbana
Más arriba en la misma zona se levanta el cementerio católico central, construido en las primeras décadas del siglo XIX y que ha mantenido su uso original a través del tiempo. Su diseño fue innovador para su época, reflejando una nueva concepción del ordenamiento urbano. La introducción de las bóvedas a mediados del siglo XIX transformó no solo su estructura física, sino también su significado simbólico, convirtiéndolo en un espacio cargado de memoria y presencia histórica.
En medio de estos testigos históricos, la vida cotidiana continúa su curso. Un vendedor en el Parque de las Flores, mientras quita las espinas a unas rosas, sonríe cuando alguien menciona historias de miedo asociadas al camposanto cercano. Su risa parece reconciliar el pasado con el presente, recordándonos que la historia no es algo estático, sino que convive con nosotros en cada momento.
La calle 45 sigue atravesando Bucaramanga con una persistencia que desafía el paso del tiempo. En pleno corazón de la ciudad, sus edificaciones -algunas con casi un siglo de antigüedad- continúan narrando historias a quienes se detienen a observar con atención. Al comparar la fotografía antigua con la escena actual, comprendemos que no todo se pierde en el proceso de transformación urbana.
Existen lugares que, a pesar de los cambios inevitables, conservan su alma esencial. Espacios donde el ayer no desaparece, sino que aprende a convivir con el hoy. La calle 45 representa precisamente eso: un fragmento de ciudad donde la memoria histórica sigue respirando, donde el pasado dialoga constantemente con el presente, y donde la identidad bumanguesa se manifiesta en cada piedra, en cada fachada, en cada rincón que ha resistido el paso de casi cien años.



