Cartagena transforma su tradición turística: adiós a los caballos cocheros
Durante décadas, el sonido característico de los cascos sobre el adoquín y el movimiento elegante de los carruajes coloniales constituyeron una postal viviente del Centro Histórico de Cartagena. Esta icónica imagen, que enamoró a turistas nacionales e internacionales, escondía sin embargo una realidad menos romántica: el desgaste físico y el maltrato que sufrían los caballos cocheros ante jornadas extenuantes bajo el sol caribeño, la humedad constante y las superficies duras del pavimento.
Un cambio de paradigma hacia el bienestar animal
Frente a esta situación, defensores de los animales y autoridades locales iniciaron un proceso histórico para transformar la tradición sin perjudicar a las familias que dependen económicamente de ella. La solución innovadora consistió en sustituir progresivamente los coches tirados por caballos con vehículos eléctricos modernos, protegiendo así a los equinos mientras se preserva la actividad turística. En Cartagena, esta transición hacia un turismo más ético y sostenible ya está en marcha con resultados concretos.
"Si dejamos de lado las discusiones jurídicas y económicas y pensamos en ellos como seres sintientes, entenderemos que esto es lo mejor que les puede pasar", declaró Dumek Turbay, alcalde de Cartagena, durante una de las ceremonias de entrega. El mandatario enfatizó que esta decisión marca un cambio fundamental en la relación de la ciudad con los animales, avanzando hacia una Cartagena más empática y consciente.
De las calles coloniales a praderas verdes: la gran reubicación
El proceso de jubilación digna comenzó oficialmente el 23 de enero, cuando el Distrito lanzó una convocatoria nacional para que personas interesadas postularan sus predios como hogares definitivos para los caballos retirados. Los requisitos incluían espacio suficiente, condiciones adecuadas de alimentación, atención veterinaria garantizada y el compromiso formal de no someterlos nuevamente a trabajos de tracción.
Desde entonces, el director de la Umata emprendió una exhaustiva gira de verificación por múltiples departamentos colombianos. El recorrido inició en Bogotá y continuó por Cundinamarca, Antioquia, el Eje Cafetero y el Valle del Cauca, con el objetivo primordial de asegurar que cada caballo intercambiara definitivamente el pavimento caliente por pasto fresco y las extenuantes jornadas laborales por un retiro tranquilo y respetuoso.
En Quetame, Cundinamarca, una familia campesina abrió generosamente las puertas de su predio montañoso, donde uno de los caballos cartageneros encontrará compañía entre gallinas, conejos y vacas lecheras, además de potreros amplios para su libre desplazamiento. "Queremos que viva tranquilo, con comida y cuidado permanente", expresaron los adoptantes durante la visita técnica de inspección.
Destinos confirmados en múltiples regiones
La transición ha identificado hogares idóneos en diversas zonas del país:
- En Zipaquirá y Sopó, Cundinamarca, se adecuaron pesebreras y cercados especializados antes de recibir a los animales.
- En El Retiro, Antioquia, un predio con clima templado y vegetación abundante acogerá a uno de los equinos.
- En Santa Rosa de Cabal, Risaralda, varios caballos iniciarán su retiro en un santuario dirigido por una rescatista experta en animales vulnerables.
- En Salento, Armenia y otras localidades del Quindío, seis caballos serán distribuidos en cuatro fincas cafeteras.
- En La Cumbre, Valle del Cauca, otro ejemplar vivirá en una casa finca de tres hectáreas completamente rodeada de naturaleza.
"Cada traslado debe representar una verdadera segunda oportunidad", explicó Pérez, responsable del proceso, destacando que todas las ubicaciones fueron minuciosamente evaluadas mediante medición de terrenos, análisis de calidad del pasto, disponibilidad de agua y condiciones climáticas apropiadas.
Supervisión rigurosa y seguimiento continuo
El Distrito de Cartagena ha implementado un protocolo estricto para garantizar el bienestar de los animales durante todo el proceso. Cada caballo pasa por valoraciones médicas completas antes de ser entregado, y solamente aquellos que presentan condiciones óptimas de salud viajan hacia sus nuevos destinos. Posteriormente, la Umata mantiene un seguimiento constante para verificar que los compromisos adquiridos por los adoptantes se cumplan cabalmente.
Para muchos cartageneros, la imagen de los caballos descansando pacíficamente en la Plaza de Todos (antigua Plaza de Toros), sin arneses ni carruajes, simboliza el cierre digno de un ciclo histórico. "Aquí no hay sacrificio ni maltrato. Este es el inicio de su descanso", reiteró el alcalde Turbay durante una de las entregas públicas.
Impacto social y proyección futura
Las adopciones han despertado un notable interés en familias colombianas que ven en estos animales una oportunidad concreta de contribuir al bienestar animal. "Es un privilegio recibir uno de estos caballos con tanta historia. Aquí tendrá compañía y respeto", manifestó una adoptante en el Eje Cafetero, reflejando el sentimiento compartido por muchos participantes.
La ciudadanía ha seguido cada entrega a través de las redes sociales del Distrito, donde se publican videos documentales de las visitas técnicas y de los nuevos hogares preparados. La expectativa actual es completar en las próximas semanas la reubicación total de los 120 equinos que formaban parte de la tradición cochera cartagenera.
Para los caballos, el cambio representa una transformación radical: de recorrer calles adoquinadas entre multitudes de turistas y flashes de cámaras, pasarán a pastar tranquilamente en silencio, sin jornadas obligatorias ni exposición constante al estrés urbano. Este retiro no constituye simplemente un traslado geográfico, sino la promesa verificada de una vida completamente distinta y digna.
Cartagena, que durante décadas ofreció los paseos en coche como componente esencial de su identidad turística, apuesta ahora por un modelo innovador que combina modernización tecnológica con protección animal consciente. La transición hacia vehículos eléctricos representa una alternativa más sostenible y acorde con los debates contemporáneos sobre bienestar animal y turismo responsable.
Mientras tanto, en distintos rincones de Colombia, ya existen potreros preparados, pesebreras recién construidas y familias entusiastas que esperan con ilusión la llegada de estos animales costeños, marcando así un precedente nacional en la protección y dignificación de los equinos de trabajo.