El fenómeno gastronómico que atrae a turistas asiáticos a un rincón escondido de Lisboa
En una callejuela sin pretensiones del barrio de Alcântara, en Lisboa, se desarrolla un fenómeno turístico extraordinario. Decenas de viajeros procedentes de China están realizando vuelos transcontinentales de más de 10.000 kilómetros con un objetivo singular: probar el pollo asado de una diminuta churrasquería que ha conquistado paladares asiáticos.
El secreto mejor guardado que se volvió viral
En la Travessa da Tapada número 5A, tras una puerta verde sin letrero visible, António Silva, un portugués de 66 años, lleva décadas asando pollos sobre brasas de carbón con métodos tradicionales. Lo que durante años fue un secreto conocido solo por vecinos y clientes habituales del barrio, se transformó en destino internacional cuando comenzó a aparecer en listas de recomendaciones gastronómicas de la red social china Xiaohongshu.
"Para muchos lisboetas era solo un lugar de comida sencilla, pero para influencers y viajeros chinos se convirtió en experiencia imprescindible", explica el periodista Brayan Silva Hernández, quien documentó este fenómeno culinario.
La fórmula del éxito: tradición y sabor auténtico
El atractivo principal, según quienes han tenido la oportunidad de probar el plato, radica en el equilibrio perfecto entre piel crujiente, carne jugosa y el característico picante que acompaña al pollo. A pesar de no utilizar métodos modernos de promoción —sin redes sociales oficiales ni pedidos en línea—, la tradición y calidad han convertido esta pequeña churrasquería en referencia internacional.
Cada mañana, turistas cargados con maletas forman fila frente al local, algunos directamente desde el aeropuerto, otros acompañados por guías especializados. Muchos llegan con efectivo, frecuentemente en billetes de alta denominación, listos para disfrutar de lo que consideran una experiencia culinaria única.
Un futuro incierto para el destino gastronómico
Sin embargo, este fenómeno turístico podría estar cerca de su fin. António Silva ha anunciado que planea jubilarse en mayo próximo, y ninguno de sus hijos —uno dedicado a la música en el extranjero y otro con su propio negocio— desea continuar con la tradición familiar.
Cuando esto ocurra, el aroma característico del pollo asado sobre brasas de carbón podría quedar relegado a los recuerdos de quienes lo hicieron famoso a través de las redes sociales, marcando el fin de un capítulo singular en el turismo gastronómico internacional.
La historia de esta pequeña churrasquería demuestra cómo las redes sociales pueden transformar negocios locales en destinos internacionales, creando puentes culturales inesperados entre continentes distantes.



