El reloj avanza hacia el 1 de junio y en el sector turístico del Magdalena crece la preocupación. El cierre programado del Parque Nacional Natural Tayrona, en el marco de la estrategia “Respira Tayrona”, coincide con un momento en el que la economía del corredor aún no logra levantarse.
Gremio hotelero pide revisión de fecha
La Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) Magdalena solicitó formalmente a Parques Nacionales Naturales de Colombia evaluar un cambio en la fecha del cierre. No se trata de una oposición al cierre, sino de un llamado a revisar el momento.
“La actividad turística en esta zona no se ha recuperado del todo. Un cierre en este punto podría frenar ese proceso”, advierte Omar García, líder del gremio en el departamento.
La solicitud llega después de meses complejos: el frente frío de febrero, los derrumbes, el colapso del puente de Mendihuaca y el cierre prolongado del parque dejaron un golpe del que el sector apenas empieza a salir.
Una economía que se apagó
Las cifras respaldan la preocupación. Un informe de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena calculó pérdidas superiores a 30.000 millones de pesos en apenas 50 días. El dato más contundente: una sangría diaria cercana a los 600 millones de pesos desde que se interrumpió la movilidad en la Troncal del Caribe.
Más de 1.400 unidades productivas resultaron afectadas. Hoteles con ocupaciones mínimas, restaurantes sin clientes, operadores turísticos paralizados y transportadores trabajando a medias.
“Hubo días en los que no llegaba nadie. El flujo de turistas cayó en seco”, cuenta un administrador hotelero en el sector de Guachaca. “Nos tocó sostener nóminas con reservas, porque cerrar era perderlo todo”.
El informe advierte que la afectación estructural ronda los 18.000 millones de pesos mensuales. En términos prácticos, el corredor turístico todavía sigue operando a pérdida.
El Tayrona, eje de todo
El peso del parque en la economía local es determinante. Para el gremio, el Parque Nacional Natural Tayrona no es solo un atractivo más: es el principal motor de llegada de visitantes.
“Cuando el parque cierra, el flujo baja de inmediato”, explica García. “Eso impacta no solo a los hoteles, sino a toda la cadena: transporte, comercio, alimentación, guías”.
Por eso, el planteamiento de Cotelco Magdalena apunta a una concertación que permita ajustar el calendario sin desconocer la importancia ambiental de los cierres.
La otra mirada: conservación y cultura
Desde Parques Nacionales Naturales de Colombia se indica que los cierres no son improvisados. Son acuerdos construidos durante años con las comunidades indígenas de la Sierra Nevada.
“Las fechas ya están establecidas. El parque es una reserva que debe cuidarse y los cierres son medidas para mitigar el impacto del turismo”, explicó un vocero de la entidad.
Más allá del argumento ambiental, hay un componente cultural que pesa. Durante esos periodos, las comunidades realizan rituales y actividades espirituales en un territorio que consideran sagrado.
Gunareymaku Torres, líder indígena, lo resume así: “Haremos control cada vez con más fuerza en nuestro territorio. Con acuerdos mutuos avanzaremos”.
Ese equilibrio entre conservación, cultura y economía es el centro del debate.
Diálogo en medio de la tensión
El comunicado del gremio hotelero insiste en un punto: la discusión no es entre turismo y naturaleza. Es sobre cómo armonizar ambos.
“La sostenibilidad no solo se construye desde la protección ambiental, sino también desde el bienestar de las comunidades que viven del turismo”, señala Cotelco Magdalena.
La propuesta es abrir espacios de diálogo que incluyan a todos los actores: comunidades indígenas, campesinos, empresarios, autoridades y operadores turísticos.
En el fondo, el mensaje es que la crisis reciente cambió las condiciones del territorio y obliga a repensar decisiones que, aunque estructurales, hoy tienen un impacto distinto.
Mientras se define si habrá o no ajustes en el calendario, la incertidumbre sigue marcando el ritmo del corredor Tayrona. Los hoteles intentan levantar ocupaciones, los restaurantes vuelven a abrir con cautela y los transportadores esperan que el flujo de turistas se estabilice. Pero el margen es estrecho. Un nuevo cierre en medio de la recuperación podría significar volver a empezar.
“Esto apenas se está reactivando. Si paramos otra vez ahora, el golpe va a ser duro”, dice el administrador hotelero.
La decisión final no será solo técnica. Tendrá que balancear tres fuerzas que hoy chocan: la urgencia económica, la protección ambiental y el respeto por las tradiciones ancestrales.



