La conmovedora historia de un perro que cambió las leyes funerarias en Brasil
La extraordinaria lealtad de un perro llamado Bob, quien durante diez años permaneció junto a la tumba de su tutora fallecida en el estado de São Paulo, Brasil, ha inspirado una innovadora legislación que transforma las prácticas funerarias en la región más poblada del país sudamericano.
Una ley nacida del amor incondicional
El gobernador Tarcísio de Freitas sancionó recientemente la Ley 56/2015, conocida popularmente como la "Ley del Sepulturero Bob" o "Ley Bob Coveiro", que autoriza explícitamente que perros, gatos y otros animales domésticos puedan ser sepultados junto a las familias con las que convivieron. Esta normativa representa un reconocimiento formal del vínculo afectivo entre tutores y sus mascotas, estableciendo un precedente significativo en el tratamiento de las relaciones humano-animal.
Según informaciones del diario El País, la nueva ley deja en manos de los servicios funerarios municipales la reglamentación específica para su aplicación práctica, mientras establece principios generales que garantizan este derecho a las familias paulistas.
El impulso legislativo y sus implicaciones
Uno de los principales impulsores del proyecto, el diputado Eduardo Nóbrega, destacó a través de sus redes sociales el doble alcance de la iniciativa: "Quien ya perdió una mascota sabe que no es solo un animal, es familia. Y esta ley reconoce ese vínculo, aportando más respeto en el momento de la despedida", afirmó en un video publicado en su cuenta de Instagram.
Además del componente emocional, Nóbrega subrayó que la legislación contribuye a:
- Evitar la disposición irregular de restos de animales
- Ofrecer una alternativa ambientalmente responsable
- Proporcionar una opción más accesible para las familias
- Reconocer formalmente los vínculos afectivos entre humanos y animales
La historia que conmovió a Brasil
Bob, conocido cariñosamente como "Coveiro" (sepulturero en portugués), era un perro que tras la muerte de su tutora en 2011 en la localidad de Taboão da Serra, se instaló en el cementerio municipal y permaneció allí sin apartarse de su tumba durante una década completa.
Durante esos diez años, el animal vivió en el camposanto, siendo cuidado por trabajadores del lugar que le construyeron una caseta y se encargaron regularmente de su alimentación y bienestar. Su presencia constante en funerales y su comportamiento afable con los visitantes lo convirtieron en un símbolo de fidelidad que se viralizó en redes sociales y medios brasileños.
La trágica muerte de Bob en 2021, atropellado al salir del cementerio por un conductor que se dio a la fuga, generó una ola de conmoción que impulsó homenajes póstumos, incluyendo una estatua instalada en el cementerio en 2022 por organizaciones de protección animal.
Un contexto internacional progresista
Con aproximadamente 46 millones de habitantes, São Paulo se suma así a un grupo reducido de jurisdicciones en el mundo que permiten esta práctica funeraria. De acuerdo con investigaciones periodísticas, ciudades como:
- Nueva York (Estados Unidos), donde se permite desde hace una década
- Hamburgo (Alemania)
- Montreal (Canadá)
- Milán (Italia)
También contemplan el entierro conjunto de humanos y animales de compañía bajo determinadas condiciones específicas, estableciendo un precedente internacional que Brasil ahora sigue con su propia legislación inspirada en una historia local de lealtad canina.
Esta innovadora ley representa no solo un avance en los derechos de las mascotas y sus familias, sino también un reconocimiento cultural de la profundidad de los vínculos emocionales que pueden existir entre especies diferentes, todo inspirado por la inquebrantable devoción de un perro llamado Bob.