Turistas chilenos denuncian acoso de vendedores en playas de Bocagrande, Cartagena
Turistas chilenos denuncian acoso en playas de Cartagena (23.04.2026)

Turistas chilenos exponen en video el acoso sistemático en playas de Cartagena

El sol, la brisa y el mar de Cartagena están siendo opacados por un fenómeno que parece escaparse del control de las autoridades: el acoso desmedido de vendedores informales hacia los turistas tanto en el Centro Histórico como en las playas. Una nueva denuncia, capturada en video por una pareja de turistas chilenos en las playas de Bocagrande, ha vuelto a poner el foco sobre la calidad del servicio y la sostenibilidad turística en la Heroica.

"Esta es la playa de Bocagrande, muy bonito todo, con un sol tropical pegando: Caliente, calienta. Lo caliente también es el acoso de los vendedores", relata uno de los turistas mientras graba las imágenes. En el material que se ha viralizado en redes sociales, los extranjeros describen una situación que bordea el hostigamiento y con la cual muchos cibernautas se sienten identificados.

Un panorama agobiante en la arena

"De todas las personas que se ven aquí, un 30% son vendedores. No pasan dos segundos sin que te intenten vender algo", explica uno de los viajeros con una mezcla de asombro y fatiga. La queja no se centra en la oferta en sí, sino en la frecuencia: masajes, ostras, trenzas, cervezas, sombrillas y deportes acuáticos se ofrecen en ráfagas que impiden el descanso básico. Un vendedor tras otro.

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Según los denunciantes chilenos, la frecuencia de las ofertas es de aproximadamente una cada dos segundos, lo que imposibilita cualquier tipo de desconexión o relajación en las zonas de playa más concurridas de la ciudad. "Hay que llegar con el bolsillo lleno de plata y hasta con paciencia", sentenció la turista chilena, resumiendo el sentir de muchos visitantes que ven cómo su presupuesto y tranquilidad se evaporan bajo el sol caribeño.

El problema se extiende al Centro Histórico

El panorama registrado en video por los turistas extranjeros no es exclusivo de la zona de playas. En el Centro Histórico, la joya de la corona del turismo nacional, la situación ha escalado hacia la intimidación. Recientemente, se conoció el caso de una turista que fue rodeada por los denominados ‘raperos’ o artistas callejeros, quienes mediante el asedio la obligaron a entregar varios billetes.

Este tipo de prácticas, que los visitantes califican de "agobiantes", están mutando de una oferta de servicio a una forma de coerción que rechazan tanto turistas nacionales como extranjeros. La administración del alcalde Dumek Turbay ha emprendido una lucha frontal contra los cobros excesivos, estableciendo listas de precios oficiales y cierres preventivos a establecimientos abusivos, pero el control de la informalidad itinerante sigue siendo la gran asignatura pendiente.

Respuesta del Distrito y advertencias del sector

El Distrito anunció que pondrá en cintura a los vendedores que recurran al acoso a los turistas con medidas como la suspensión temporal de permisos de trabajo en las playas, pero también asegura que se establecerán compromisos con los operadores turísticos. A diferencia de los restaurantes o carpas fijas, los vendedores que recorren las playas y las calles del sector amurallado operan frente a una vigilancia policial que resulta insuficiente para contener el flujo constante.

Hoteleros y propietarios de empresas de servicios turísticos advierten que Cartagena corre el riesgo de consolidar un modelo de 'turista de una sola vez'. La competitividad de la ciudad no solo depende de sus murallas o sus islas, sino de la experiencia de seguridad y libertad del visitante. Fuentes del sector consultadas aseguran que urge la implementación de zonas para el descanso real en las playas.

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  • Hoy, la ciudad brilla por la ausencia de perímetros libres de comercio en playas públicas como Bocagrande, Laguito, Marbella y La Boquilla.
  • El Distrito debe capacitar a los operadores turísticos para que erradiquen la agresividad en la oferta.
  • Deben actuar con cortesía y aceptar un no como respuesta.
  • Erradicar las ‘pruebas gratis’ que terminan siendo cobradas a precios de oro.

Cartagena se enfrenta a un espejo incómodo: o regula la informalidad con un enfoque de respeto al turista y oportunidades reales para los locales, o permite que el agobio termine por apagar el brillo de su potencial turístico. Mientras tanto, los turistas chilenos y muchos otros visitantes continúan documentando una experiencia que dista mucho de ser idílica.