El Instituto Santa Teresita, ubicado en el municipio de Floridablanca, Santander, celebra cuatro décadas de vida institucional, un legado de amor y sabiduría que germinó bajo el amparo de su inmarcesible Flor. Esta semilla de luz, regada por el carisma de la Anunciación, comenzó a gestarse un cuatro de diciembre de 1960, cuando llegó desde Medellín la Madre María Berenice al frente de una comitiva de almas consagradas: las Hermanas Caridad María, Gloria de la Inmaculada y Martha Susana. En un solo latir, fundieron sus voluntades en el sagrario de una ardua misión: erigir una Escuela Hogar que fuera refugio y baluarte para la mujer santandereana.
Los inicios de una obra educativa
Sin previo anuncio, las religiosas arribaron a la comarca florideña y enseguida se encaminaron al sagrario de la Parroquia San Juan Nepomuceno, en busca del tan preciado hálito divino. En el silencio del templo depositaron sus temores para afrontar las asperezas que la naciente fundación ya dejaba entrever. Una vez rendido el tributo al Altísimo, pasaron al recinto contiguo, un lugar amplio, pero sediento de manos que lo redimieran de su abandono; allí, en medio del polvo de los arreglos y la premura por cimentar un oratorio digno, la Madre María Berenice salió al encuentro de uno que otro bienaventurado corazón.
La providencia halló respuesta en la generosidad de Monseñor Álvaro Arenas Trillos, la familia Gutiérrez Gómez y las comunidades religiosas de la región. Ese aliento compartido nació un nueve de diciembre de 1960, cuando el Padre Marco A. Jerez consagró los cimientos de la obra con la Eucaristía de inauguración: un preámbulo de incienso y fe que preparó el camino para que el veinte de enero de 1961, tras vencer las sombras de los desafíos administrativos, la escuela abriera sus puertas de par en par a la formación de la mujer, guiada por el espíritu de las Hermanas Rafaela Elena de las Nieves y Elena de la Pasión.
Transformación y crecimiento institucional
Poco a poco, entre gestiones y designios divinos, el pequeño brote se fue haciendo árbol, hasta que el veintisiete de noviembre de 1973, la voz del Ministerio de Educación Nacional (MEN), en manos del Doctor Fernando Montoya Duque, convirtió el Politécnico La Anunciación -nombrado así en el año de 1961- en el Colegio Cooperativo la Anunciación, transformándose en apertura para bachillerato diurno y nocturno. Sin embargo, el carisma de las Hermanitas anhelaba su propio vuelo; un sueño que se cristalizó en un renacer de gracia el cinco de mayo de 1986 bajo el nombre oficial de Instituto Santa Teresita.
Designios de una Artesana Divina en el Jardín de Dios
Decía el poeta francés Gérard de Nerval que quien vive apasionadamente logra el prodigio de fundir los tiempos en un solo estertor —pasado, presente y futuro—. Esta cita descifra el misterio de la Hermanita Nancy Beleño Gutiérrez, quien desde el 20 de enero de 1996 tomó el timón que la Hermana Consuelo del Corazón de María había preparado con denodado amor. Tres décadas de labranzas y cosechas bastaron para esculpir el rostro de una artesana divina que, con las manos hundidas en el barro y la mirada prendida del cielo, han moldeado cada aurora de este hermoso Jardín de Dios; esa vida, la vida y obra de un ser humano que va dejando entre páginas y páginas jirones de un alma atormentada de amor.
Ante la mirada vigilante de su Beata, el Instituto emprendió en 1996 una transformación sin precedentes, marcada por un análisis exhaustivo que permitió, a partir de 1997, la materialización del Bloque Nuevo: un complejo arquitectónico que dotó al centro educativo de salas especializadas, restaurante escolar, teatro y espacios sagrados, expandiendo los límites físicos de aquel sueño nacido en 1960.
Excelencia académica y proyección
Paralelamente, la excelencia académica se convirtió en el norte de esta gestión, tejiendo convenios estratégicos con el SENA desde 1998 y alcanzando su momento más sublime el seis de diciembre de 2003. En esa fecha memorable cuarenta jóvenes -fieles custodios a la promesa empeñada por la Hermanita Nancy ante la comunidad- se proclamaron como la Primera Promoción de Bachilleres. Este hito, ofrecido con devoción en la Casa Madre de Medellín como tributo a la Madre Fundadora, selló el inicio de una era de éxitos donde el Instituto se posicionó entre los mejores del país.
Hoy, esa misma visión se multiplica en un tríptico de esperanza, abrazando la geografía santandereana a través de sus tres sedes: dos enraizadas en el corazón de Floridablanca y una que extiende hasta los confines del municipio de Los Santos, consolidando así el alcance universal de la familia Insante.



