El odio en redes sociales: cuando la 'ira de Dios' se convierte en juicio virtual
El odio en redes: juicios virtuales sin compasión

La 'ira de Dios' en la era digital: cuando las redes sociales se convierten en tribunal

En nuestra civilización predominantemente cristiana, pocas cosas generan tanto entusiasmo como la posibilidad de odiar con lo que se percibe como "justa causa". La oportunidad de esgrimir la "ira de Dios" desde el bastión de la moral y el buen gusto que han devenido las redes sociales representa una obligación que solo comprendería el arcángel matador de demonios, aquel que enfrentaba serpientes en mitos hebreos y dragones en versiones sincréticas nórdicas.

La policía estética de las redes

Los feligreses digitales que participan en la conversación cotidiana de internet, ahora más en Instagram que en X (esta última convertida en reconocida alcantarilla), se han transformado con fruición en la policía del cuerpo y las apariencias. Están siempre listos para desenfundar la espada virtual y atacar, para plantar su estandarte estético con gozo místico. Como nunca antes, su propia belleza les guía, su bondad les justifica, su grandeza les ilumina en este peculiar ejercicio de vigilancia digital.

Solo hasta la semana pasada comprendí plenamente la importancia crucial que la virtualidad tiene como ámbito para refugiarse y prevenir juicios apocalípticos. Estos juicios resultan tan absolutamente destructivos y descarnados que, si fuese creyente, solo podría definirlos como carentes de toda caridad y compasión cristiana.

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La experiencia personal: un video que desató la tormenta

En un video donde invitaba a participar de un programa de becas de mi universidad, lo que menos imaginé que suscitaría fueron centenares, si no miles, de mensajes de censura, odio y manifestaciones explícitas de rechazo. Para una parte significativa de la audiencia, mi falta de sindéresis resultaba evidente: ni mi cuerpo, ni mi voz, ni mi atuendo les gustó en absoluto.

Lo expresaron tan violenta y espontáneamente que agradecí tener más de sesenta años, el cuero duro y buenos amores que me sostienen. No pude evitar pensar en todos los jóvenes y todas las jóvenes que no han soportado la presión del juicio de esta corte celestial digital y han desechado la posibilidad de existir plenamente.

Por fortuna, las solicitudes para las oportunidades de estudio se han multiplicado también, gracias a quienes ayudaron a difundir la convocatoria de manera modesta pero genuina. Este contraste entre el odio y la solidaridad resulta particularmente revelador de nuestro momento social.

Visibilidad trans y el derecho a existir creativamente

Curiosamente, se celebraba hacía poco el Día de la Visibilidad Trans, que busca llamar la atención hacia el derecho fundamental que tenemos todas las personas de manifestarnos públicamente y existir creativamente fuera del clóset. Esto ocurre incluso cuando los estándares estéticos prescriben lo adecuado y pretenden definir los límites de lo aceptable, como sucede frecuentemente con el arte mismo.

Los métodos y códigos predefinidos para las transgresiones están tan asociados con las jerarquías sociales y el poder que resultan profundamente hipócritas. Como recalcaban muchos mensajes de mujeres trans agredidas, incluso asesinadas, por hombres incapaces de reconocerlas como sujetos de deseo y de derecho, esta violencia estructural sigue siendo una realidad cotidiana.

La raíz del problema: la mala educación digital

El tema resulta fundamental porque, en la secuela infinita de comentarios destructivos (ninguno de los cuales abordaba el mensaje educativo original), se hacía evidente la razón fundamental de los mismos: la mala educación en el sentido más amplio del término. Claro que algunos dirán que a la rectora le parece mala educación simplemente porque fue el blanco de las saetas digitales y nos quiere convencer de las maléficas intenciones, del mal gusto o del pobre criterio de sus detractores.

Y sí, lo confieso abiertamente: considero que estas expresiones son maléficas y feas hasta el tuétano. Creo firmemente que se debe pensar más antes de actuar y guardar la espada virtual, aunque esto les produzca un arrebato cósmico de frustración. Que la blandan en sus metaversos, que se maten con los zombis digitales si eso les hace sentir mejores personas.

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Y a los creyentes, que imagino son innumerables por sus invocaciones explícitas a principios religiosos, les recuerdo que en esta, su Pascua de Resurrección, lo que dicen celebrar es precisamente el triunfo del amor sobre el odio, de la compasión sobre el juicio implacable.