OCDE emite alerta sobre acoso escolar en Colombia: Impacto desproporcionado en estudiantes vulnerables
El acoso escolar continúa siendo un problema persistente en Colombia que afecta de manera más intensa a los estudiantes en condiciones de vulnerabilidad, poniendo en riesgo su permanencia dentro del sistema educativo, según el informe más reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Colombia en posición intermedia pero con desafíos estructurales
El análisis, basado en datos comparables del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) entre los años 2015 y 2022, revela que el bullying representa un fenómeno extendido en los sistemas educativos y no constituye un hecho aislado. De acuerdo con la OCDE, "El acoso escolar —ya sea presencial o en línea— es una barrera persistente para una educación inclusiva y de alta calidad", destacando su impacto directo sobre la calidad educativa y la cohesión social en las naciones evaluadas.
En el caso específico de Colombia, la lectura no es de extremos pero sí de alerta, ya que el país se ubica en una zona intermedia dentro de los niveles de intensidad del acoso escolar. Esto implica que Colombia no lidera el problema a nivel internacional, pero tampoco ha logrado contenerlo efectivamente. Este comportamiento refleja la existencia de factores estructurales que siguen facilitando la aparición y persistencia de estas conductas dentro de los entornos escolares nacionales.
Los estudiantes más pobres son los más afectados
El informe también deja en claro que el bullying no afecta a todos los estudiantes por igual, existiendo diferencias significativas según características individuales y contextuales, lo que confirma que algunos grupos están más expuestos que otros. En ese sentido, la OCDE advierte que la experiencia de acoso está mediada por variables como el entorno social, las dinámicas escolares y las condiciones socioeconómicas de los estudiantes.
Más allá de la prevalencia, el punto crítico se encuentra en sus efectos, puesto que el documento identifica una relación directa entre el bullying y el deterioro del vínculo de los estudiantes con la escuela. A nivel agregado, se observa una conexión con mayores niveles de ausentismo y menor participación académica, factores que, en el mediano plazo, elevan sustancialmente el riesgo de abandono del sistema educativo.
Impactos que trascienden el ámbito individual
La OCDE sostiene que los efectos del acoso escolar no se limitan al individuo, sino que se expanden hacia la institución educativa y, posteriormente, hacia la sociedad en su conjunto. En palabras del documento, estos impactos "se extienden a las escuelas y, con el tiempo, generan costos sociales y económicos más amplios", mostrando de esta forma la dimensión económica de un problema que tradicionalmente se ha considerado únicamente educativo.
Evolución reciente y efectos de la pandemia
Otro de los hallazgos relevantes es la evolución reciente del fenómeno, punto en el que la OCDE identifica que la intensidad del bullying aumentó entre 2015 y 2018, pero se redujo entre 2018 y 2022. Sin embargo, esta caída no necesariamente responde a mejoras estructurales, sino a factores asociados a la pandemia de COVID-19, que redujeron drásticamente la interacción presencial entre estudiantes.
De hecho, el propio informe advierte que esta disminución debe interpretarse con cautela, dado que las restricciones derivadas del coronavirus limitaron las oportunidades de interacción en entornos escolares, lo que habría reducido temporalmente la incidencia del acoso. A medida que se normaliza la presencialidad, la evidencia sugiere un posible repunte del fenómeno, lo que vuelve a poner presión sobre los sistemas educativos colombianos.
Doble desafío para Colombia
En este contexto, el caso colombiano enfrenta un doble desafío: por un lado, debe evitar que el rebote postpandemia consolide niveles más altos de bullying, y por el otro, necesita fortalecer sus mecanismos de prevención y respuesta, dado que el fenómeno responde a dinámicas sociales más amplias y no únicamente a comportamientos individuales dentro del aula.
Es por esto que la OCDE insiste en que el enfoque debe ser sistémico y que el bullying es definido como "un proceso social perjudicial caracterizado por un desequilibrio de poder impulsado por normas sociales e institucionales" que debe ser abordado mediante procesos que involucren tanto a las instituciones educativas como a su entorno social.
Recomendaciones de política pública
Al cierre del informe, en términos de política pública, se plantea la necesidad de fortalecer la capacidad de los sistemas educativos para prevenir y responder al acoso escolar, combinando estrategias universales con intervenciones focalizadas. También resalta la importancia de contar con sistemas de medición constantes que permitan monitorear la evolución del fenómeno y evaluar el impacto de las políticas implementadas.
La OCDE enfatiza que, sin una acción coordinada y sostenida, el acoso escolar continuará ampliando las brechas sociales en Colombia y comprometiendo el futuro educativo de miles de estudiantes, particularmente aquellos en condiciones de mayor vulnerabilidad socioeconómica.



