Tras el fallecimiento de María Kodama en 2023, la custodia del legado de Jorge Luis Borges quedó en manos de cinco sobrinos de quien fuera su última compañera, esposa y heredera universal. Ninguno de ellos provenía del mundo literario, pero asumieron la tarea de continuar la labor de la Fundación Borges, creada en 1988 para preservar y difundir la obra del autor de Ficciones y El Aleph.
La nueva dirección de la Fundación Borges
María Victoria Kodama, actual presidenta de la fundación, explicó que el objetivo es mantener las actividades impulsadas durante décadas y, al mismo tiempo, acercar la obra de Borges a las nuevas generaciones. La institución recibe solicitudes para adaptaciones teatrales, guiones cinematográficos, proyectos vinculados con inteligencia artificial e incluso propuestas del ballet del Teatro Colón de Buenos Aires.
El desafío de mantener vivo a un clásico universal
Borges se convirtió en una figura fundamental de la literatura universal gracias a una obra que trascendió fronteras geográficas y lingüísticas. Cuentista, poeta y ensayista, fue autor de textos canónicos como El Sur, La muerte y la brújula, El jardín de los senderos que se bifurcan y El Aleph. Precoz desde la infancia, aprendió a leer y escribir a los cuatro años y creció en un hogar bilingüe marcado por la tradición literaria. Fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina entre 1955 y 1973.
El académico Lucas Adur define a Borges como un “lector-bibliotecario”, alguien que compartía constantemente con sus lectores las obras que admiraba y que invitaba a descubrir autores y tradiciones literarias de distintas épocas y países. Para Adur, Borges es un escritor al que inevitablemente llegan quienes se interesan por la literatura, porque convirtió el placer de leer en uno de los temas centrales de su obra.
Influencia global y reconocimiento
Esa condición de lector universal explica la influencia que ejerció sobre escritores e intelectuales de todo el mundo. Novelistas como Orhan Pamuk y Salman Rushdie han reconocido su importancia, mientras que Umberto Eco se inspiró en él para crear el personaje Jorge de Burgos en El nombre de la rosa. El filósofo Michel Foucault encontró inspiración en un ensayo borgiano para escribir Las palabras y las cosas.
La crítica literaria Beatriz Sarlo resumió esa singularidad al señalar que, mientras otros grandes autores suelen asociarse a una tradición nacional específica, Borges navega en la corriente universal de la literatura occidental.
La ceguera y el papel de María Kodama
Su figura adquirió una dimensión casi legendaria por la progresiva pérdida de visión que sufrió desde la década de 1950. A medida que avanzó la ceguera, trabajó mediante el dictado de textos a asistentes y, posteriormente, a María Kodama, quien se convirtió en una colaboradora fundamental durante los últimos años de su vida.
La relación entre Borges y Kodama también estuvo rodeada de controversias. Diversos críticos señalaron que el escritor se distanció de amistades históricas, como Adolfo Bioy Casares. Tras la muerte de Borges, Kodama fue cuestionada por haber quedado como única heredera de un patrimonio intelectual de enorme relevancia.
Expansión internacional y proyectos actuales
Bajo la administración de Kodama, la obra borgiana continuó expandiéndose internacionalmente. En alianza con la agencia literaria Wylie, sus libros mantuvieron una fuerte presencia editorial y siguieron llegando a nuevos lectores. En Argentina, Borges forma parte de las lecturas obligatorias en la educación secundaria.
Hoy, uno de los principales proyectos de la fundación es la digitalización de la biblioteca personal del escritor. Se trata de una colección de enorme valor académico, con ejemplares raros y antiguos en cuyos márgenes Borges dejó anotaciones manuscritas. Los volúmenes se conservan bajo estrictos controles de temperatura, humedad y luz. Algunos de los libros más valiosos ya fueron cedidos para su preservación a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.
El lugar de descanso: Ginebra
El 40 aniversario de su muerte también reabre la discusión sobre dónde reposan sus restos. Borges eligió Ginebra como destino final y allí permanece enterrado desde 1986. Las actuales responsables de la fundación descartan cualquier posibilidad de repatriación y sostienen que debe respetarse la voluntad del escritor.
Cuatro décadas después, la persistencia de Borges parece confirmar una de las razones de su universalidad: más que un autor asociado a una época o país, sigue siendo una puerta de entrada a la literatura misma. Mientras nuevas generaciones descubren sus cuentos, ensayos y poemas, sus herederos enfrentan el reto de conservar una obra que continúa creciendo mucho después de la desaparición de su creador.



