La actriz colombiana Cecilia Navia, conocida por interpretar a Mechas en Oki Doki y a Victoria Eugenia Henao, la esposa de Pablo Escobar en la telenovela “Pablo Escobar, el patrón del mal”, publicó su libro “Suficiente”, en el que aborda su experiencia con un trastorno alimentario. En una entrevista con El Espectador, Navia compartió detalles sobre el proceso de escritura, la aceptación de su herida y el camino hacia la sanación.
La valentía de escribir
Al preguntarle qué descubrió de sí misma al escribir “Suficiente”, Navia respondió: “Más que descubrir si escribo bien o no, descubrí que puedo ser valiente. La valentía aparece cuando uno atraviesa la vergüenza y se permite ser vulnerable. Ese fue el mayor logro: poder mirar mi herida, escribirla y compartirla con la intención de que pueda servirles a otras personas”.
El prólogo escrito por su madre
Navia decidió que el prólogo del libro lo escribiera su madre, explicando: “Porque es mi origen. Fue mamá y papá al mismo tiempo, y ha sido la persona que mejor conoce mi historia, mi dolor, mis alegrías y mi proceso. Sentí que nadie podía presentar este libro mejor que ella. Además, le di total libertad para escribir lo que quisiera. Fue muy bonito leer sus palabras, porque esta también es una historia de dolor compartido”.
La relación con el trastorno alimentario tras el libro
Después de publicar el libro, Navia señaló que su relación con el trastorno alimentario sigue siendo un proceso. “Hoy tengo más herramientas para manejar mi relación con la comida, pero publicar el libro fue como salir del clóset. Llegó una avalancha de emociones, preguntas y sentimientos que sigo transitando con el acompañamiento de mi psicóloga”.
En el libro, compara su herida con un dragón: “Cuando nace, se queda viviendo dentro de uno. No desaparece, pero uno aprende a mantenerlo dormido. Esa es parte de la aceptación: entender que la herida existe y que también es posible aprender a convivir con ella”.
Aceptación versus resignación
Consultada sobre la diferencia entre aceptar la realidad y resignarse, Navia afirmó: “No me gusta decir que soy un trastorno alimentario; prefiero decir que transito por esa experiencia. Aceptarlo ha hecho que todo sea más llevadero. También he entendido que siempre habrá una dosis de incomodidad en la vida. Nos han vendido la idea de una felicidad permanente, pero igual vinimos a sentir dolor, a aprender y a crecer. Siempre habrá una ficha del rompecabezas que no encaja del todo. La resignación, en cambio, nace desde la sensación de pérdida y termina haciéndonos más pesada la vida. La aceptación permite avanzar”.
La revelación entre 'ser' y 'estar'
Navia habla en el libro de una revelación sobre la diferencia entre “ser” y “estar”. Explicó: “Toda la vida crecí siendo ‘la gordita’. Era un adjetivo que parecía definirme. Una doctora me hizo entender que el sobrepeso es un estado, no una identidad. Lo mismo ocurre con muchas cosas en la vida. Nos aferramos a la idea de que somos de una determinada manera para siempre, pero en realidad vamos cambiando. Muchas veces me dije que nunca haría algo y terminé haciéndolo. Entender que vamos siendo, y no simplemente siendo una sola cosa, me alivianó la vida y me permitió aceptar el cambio”.
La carta a la niña que fue
Al final del libro, Navia le escribe una carta a la niña que fue, diciéndole que no debe tenerse miedo. Sobre esto, comentó: “Porque durante muchos años viví con miedo de mí misma. Después de una experiencia en la infancia empecé a desconfiar de mis propios impulsos, y esa sensación terminó afectando profundamente mi relación con la comida, hasta llegar a episodios de bulimia. Con el tiempo entendí que esa parte de mí a la que tanto le temía no era mi enemiga. Reconciliarme con esa herida fue profundamente sanador. Estoy convencida de que muchas personas que atraviesan trastornos alimentarios han perdido la confianza en sí mismas, y recuperarla es un paso fundamental para salir de esas crisis”.
Lecciones sobre la voluntad
En el libro también aborda el tema de la voluntad. Navia explicó: “La neurociencia explica que la voluntad no siempre funciona de manera lineal y que es normal recaer. Por eso creo que el cambio no ocurre de un día para otro. Muchas veces queremos transformar toda la vida en un solo intento, cuando en realidad se trata de pequeños pasos. Es como reducir poco a poco los cigarrillos o cambiar gradualmente cualquier hábito. La transformación nace de la constancia y no de los grandes impulsos. Creo que ahí está la diferencia: avanzar despacio, sin castigarse cuando uno falla”.



