Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol concentra la atención del planeta alrededor de este deporte. Pero más allá de las figuras que hoy protagonizan el torneo, existen historias poco conocidas de artistas, actores y presentadores cuyo pasado también estuvo ligado al balompié.
Antes de alcanzar la fama en la música, la televisión o la actuación, varios de ellos dedicaron años de su vida al deporte. Algunos llegaron a jugar profesionalmente, otros se formaron en las divisiones inferiores de clubes tradicionales y unos más estuvieron cerca de convertir el fútbol en su proyecto de vida antes de tomar un rumbo distinto.
Julio Iglesias, Maluma, Marcelo Cezán, Óscar Borda, Ricardo ‘El Gato’ Pérez y Juan Manuel Pinto son apenas algunos ejemplos de personalidades que, en algún momento, imaginaron su futuro dentro de una cancha. Con el inicio de una nueva cita mundialista, repasamos las historias de estas figuras del entretenimiento que encontraron la fama lejos del fútbol, aunque sin desprenderse por completo de su huella.
Julio Iglesias, el cantante que fue portero del Real Madrid
Mucho antes de convertirse en una de las voces más reconocidas de la música en español, Julio Iglesias soñaba con hacer carrera en el fútbol. Durante su juventud fue portero de las categorías inferiores del Real Madrid, donde era considerado una de las promesas de la institución. En aquella etapa compartía su tiempo entre el deporte y los estudios de Derecho, mientras intentaba abrirse camino en uno de los clubes más importantes del mundo.
Su futuro cambió de forma drástica en septiembre de 1963, cuando sufrió un grave accidente de tránsito que le provocó severas lesiones en la columna vertebral. Los médicos llegaron a dudar de que pudiera volver a caminar con normalidad y pasó cerca de dos años en recuperación. La lesión puso fin a sus aspiraciones deportivas cuando apenas tenía 20 años y lo obligó a replantear completamente su proyecto de vida.
Durante el proceso de rehabilitación ocurrió el hecho que marcaría el resto de su historia. Mientras permanecía hospitalizado recibió una guitarra que le ayudó a ejercitar la movilidad de sus manos. Fue entonces cuando comenzó a descubrir habilidades musicales que hasta ese momento habían permanecido ocultas. Lo que inicialmente surgió como parte de una terapia, terminó convirtiéndose en el punto de partida de una carrera artística sin precedentes.
La transición hacia la música fue rápida. En 1968 ganó el Festival Internacional de la Canción de Benidorm con el tema “La vida sigue igual”, una composición inspirada en las dificultades que enfrentó tras el accidente. El triunfo le abrió las puertas de la industria discográfica y durante las décadas siguientes se consolidó como una de las figuras más exitosas de la música romántica, con una carrera internacional que trascendió idiomas y generaciones.
A lo largo de más de cinco décadas de trayectoria, Julio Iglesias construyó un catálogo de éxitos que incluye canciones como “Hey”, “Me olvidé de vivir”, “De niña a mujer”, “Soy un truhán, soy un señor”, “Abrázame” y “La carretera”. Su legado, que supera los 300 millones de discos vendidos en distintos idiomas, lo convirtió en uno de los artistas hispanohablantes más exitosos de todos los tiempos. Paradójicamente, la carrera que lo llevó a la fama mundial nació cuando el fútbol, el sueño que perseguía desde adolescente, se vio interrumpido de manera inesperada.
Pinto, la estrella del Barcelona que ahora canta reguetón
Mucho antes de adoptar el nombre artístico de Pinto Wahin, José Manuel Pinto construyó una destacada carrera como arquero profesional en España. Debutó con el Real Betis, pero fue en el Celta de Vigo donde alcanzó reconocimiento nacional. Allí permaneció una década, se convirtió en capitán del equipo y en la temporada 2005-2006 ganó el Trofeo Zamora, premio que distingue al portero menos goleado de LaLiga.
Su buen rendimiento lo llevó al FC Barcelona en 2008. Aunque llegó para desempeñarse como suplente de Víctor Valdés, formó parte de una de las etapas más exitosas en la historia del club catalán. Durante seis temporadas integró el equipo dirigido por Pep Guardiola y posteriormente por Tito Vilanova, conquistando dos Ligas de Campeones, cuatro títulos de liga española, dos Copas del Rey y varios torneos internacionales, incluido el histórico sextete conseguido en 2009.
Sin embargo, la música no apareció después del retiro. Pinto llevaba años cultivando esa faceta mientras aún era futbolista. En 2000 fundó su propio sello discográfico, Wahin Makinaciones, desde el que comenzó a trabajar como productor y compositor de música urbana. Su interés por el hip hop, el rap y los ritmos latinos creció paralelamente a su carrera deportiva, hasta convertirse en una segunda profesión.
Luego de dejar la cancha en 2014, concentró todos sus esfuerzos en la industria musical bajo el nombre de Pinto Wahin. Como productor ha trabajado con artistas y agrupaciones internacionales, mientras que sus composiciones han llegado a proyectos cinematográficos y audiovisuales. En 2016 obtuvo un Latin Grammy como parte del equipo de producción del álbum “Ámame como soy”, de Niña Pastori, uno de los mayores reconocimientos de su nueva carrera.
Ya como cantante, lanzó sencillos como “24 Horas”, junto al grupo CNCO, además de otras producciones orientadas al reguetón, el rap y los sonidos urbanos. Su transformación resulta poco habitual incluso entre los deportistas retirados: pasó de custodiar el arco de un Barcelona que hizo historia junto a Lionel Messi a construir una carrera artística propia, convirtiéndose en uno de los ejemplos más exitosos de futbolistas que encontraron una segunda vida profesional en la música.
Óscar Borda, de Independiente Santa Fe a ser el primer protagonista afro de la televisión colombiana
Antes de convertirse en uno de los rostros más reconocidos de la televisión colombiana, Óscar Borda tenía una certeza absoluta sobre su futuro: quería ser futbolista profesional. El actor chocoano llegó a Bogotá persiguiendo ese sueño y logró vincularse a los procesos formativos de Independiente Santa Fe. “Para mí lo era todo. De hecho, sin pragmatismos, creo que lo mío era el fútbol. Todavía siento que lo mío era el fútbol. No pensé en ningún momento en el tema de la actuación. Yo llegué a Bogotá a jugar fútbol con Santa Fe”, recordó durante una conversación con Vea de El Espectador.
La búsqueda de una oportunidad en el fútbol estuvo marcada por las dificultades económicas. Borda vivió en distintos sectores del sur de Bogotá mientras intentaba abrirse camino en las divisiones aficionadas y semiprofesionales. Jugó para equipos amateur, disputó torneos de microfútbol y encontró en el deporte una forma de subsistir. “Primero, teníamos hambre. Teníamos hambre porque nos estábamos comiendo un cable. Yo jugaba microfútbol y de eso vivía. Es chistoso lo que voy a decir, pero es muy cierto: jugaba para una carnicería y me pagaban con libras de carne. Los fines de semana llevaba dos o tres libras a la casa. La proteína la llevaba yo”, contó. Aquella experiencia le permitió entender, desde muy joven, el nivel de competencia que enfrentaban cientos de jóvenes que soñaban con llegar al profesionalismo.
En la cancha se desempeñaba como centrodelantero. Su velocidad, la capacidad para definir con ambas piernas y una gran resistencia física eran algunas de sus principales fortalezas. Sin embargo, el camino empezó a complicarse por cuenta de las lesiones y de una serie de decisiones que terminaron alejándolo de los procesos en los que participaba. “Yo hacía mucho gol, pero tuve dos lesiones que me dejaron muy dolido. El tema de la rodilla fue complicado. Además, llegó un entrenador argentino que dijo que no quería jugadores amateurs a prueba y nos sacó a todos. Entre las lesiones y esa decisión es lo que me aparta del fútbol”, explicó. Por ese entonces también jugaba con la selección de la Universidad Pedagógica Nacional, donde estudiaba Licenciatura en Educación Física, gracias al apoyo que había recibido por su condición de deportista.
Fue precisamente en la universidad donde apareció la actuación. Agotado por los entrenamientos, las largas jornadas de transporte y las dificultades para sostenerse económicamente, escogió teatro como una materia electiva para descansar. Paralelamente trabajaba en un bar de Bogotá recogiendo botellas, barriendo y trapeando para poder mantenerse. Allí ocurrió el giro que cambiaría su vida. “Un profesor me entregó un libro de Otelo y me dijo que íbamos a montar una obra. Yo lo leí porque me tocaba, no porque quisiera. Pero poco a poco me fui encariñando con el libro. Después hice un festival universitario y la gente aplaudía a rabiar. El profesor me decía: ‘Vos sos un diamante en bruto’. Yo seguía pensando en cómo desayunar, almorzar y comer, pero algo empezó a cambiar”, recordó.
A partir de allí comenzó un proceso gradual de formación y aprendizaje que terminaría llevándolo a la televisión. Antes de asumir papeles protagónicos, Borda empezó a abrirse camino en un medio que desconocía por completo, enfrentándose al reto de aprender un oficio para el que no se había preparado originalmente. Con el tiempo, ese recorrido desembocaría en oportunidades cada vez más importantes, entre ellas su participación en ‘Azúcar’, una de las producciones más recordadas de la televisión colombiana y la serie que lo convertiría en el primer actor afro en protagonizar una producción nacional. El reto era enorme, no solo porque llegaba desde el fútbol y sin formación profesional en actuación, sino porque debía compartir escena con intérpretes de amplia trayectoria. “Ahí empezó el problema para mí. Porque el tema no era haber llegado, sino cómo llegaba. Siendo el protagonista, me tocaba estudiar, porque me tocó trabajar con unos caballos muy grandes”, recordó sobre aquel primer proyecto que transformó por completo su destino profesional.
Lo que comenzó como una electiva universitaria para descansar de los entrenamientos terminó convirtiéndose en una carrera de más de tres décadas en televisión, teatro y cine. Después de ‘Azúcar’, Borda participó en producciones como ‘Hombres de Honor’, ‘Perro Amor’, ‘Café con aroma de mujer’, ‘El Capo’ y decenas de proyectos nacionales e internacionales. Sin embargo, nunca ha olvidado las lecciones que aprendió cuando perseguía el sueño de ser futbolista.
“Al fútbol le debo muchas cosas. Entre ellas la disciplina. El deporte me enseñó un camino distinto y evitó que me torciera en la vida. La actuación me dio una segunda oportunidad, pero fue el fútbol el que me enseñó a luchar por ella”, concluyó.
Ricardo ‘El Gato’ Pérez y su único papel en televisión
A diferencia de otros nombres, Ricardo ‘El Gato’ Pérez nunca abandonó el fútbol para dedicarse al entretenimiento. Su historia está profundamente ligada al deporte, primero como delantero profesional y después como dirigente. Sin embargo, su popularidad trascendió las canchas cuando apareció en ‘Vecinos’, producción de Caracol Televisión, donde, como ‘El Gato’ Aguilar, aprovechaba en la pantalla la imagen que había construido durante años en el balompié colombiano.
Antes de llegar a la televisión, Pérez ya había desarrollado una destacada carrera deportiva. El atacante brilló en equipos como Millonarios y América de Cali, convirtiéndose en uno de los futbolistas colombianos más reconocidos de la década de los noventa. Su velocidad, capacidad goleadora y personalidad dentro y fuera de la cancha le permitieron construir una reputación que posteriormente le abriría puertas más allá del fútbol.
Su trayectoria también tuvo un importante componente internacional. En 1998 se convirtió en uno de los primeros futbolistas colombianos en aventurarse en el fútbol asiático al fichar por los clubes chinos Sichuan Guancheng y Qingdao Beer. Un año después llegó a Liga Deportiva Universitaria de Quito por petición del técnico chileno Manuel Pellegrini, etapa en la que consiguió el título de la liga ecuatoriana y participó en la Copa Libertadores. Posteriormente continuó su carrera en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Portugal, consolidando un recorrido poco común para los futbolistas colombianos de aquella época.
Fue precisamente esa condición de figura reconocida del deporte la que lo llevó a la televisión. Su participación en ‘Vecinos’ llamó la atención de los televidentes porque no se trataba de un actor interpretando a un futbolista, sino de un futbolista real llevando parte de su propia identidad a la ficción. Aunque su aparición tuvo una gran recordación entre el público, nunca representó un cambio de profesión ni el inicio de una carrera artística.
De hecho, tras retirarse de las canchas, Pérez continuó vinculado al fútbol desde distintos cargos administrativos y directivos. A lo largo de los años ha desempeñado funciones de liderazgo en instituciones como América de Cali y Millonarios, además de ocupar posiciones relevantes dentro de la estructura del fútbol profesional colombiano. Por eso, más que un exfutbolista que pasó por la televisión, su historia es la de un hombre cuya vida ha estado ligada al fútbol en todas sus facetas: jugador, referente internacional, dirigente y, por un breve momento, personaje de la pantalla colombiana.
Marcelo Cezán, el galán de televisión que jugó en una importante cantera
Antes de convertirse en uno de los rostros más reconocidos de la televisión colombiana, Édgar Gómez, conocido artísticamente como Marcelo Cezán, soñaba con triunfar en una cancha de fútbol. Nacido en Cali, creció en una ciudad donde el balón forma parte de la identidad cultural y llegó a integrar las divisiones menores del Deportivo Cali, uno de los clubes con mayor tradición en la formación de futbolistas en Colombia. Durante varios años combinó los entrenamientos con sus estudios, convencido de que el deporte podía convertirse en su proyecto de vida.
Su paso por la cantera azucarera le permitió convivir con algunas de las figuras que marcaron una época en el fútbol colombiano. Aunque nunca alcanzó a debutar profesionalmente, sí vivió de cerca las exigencias de un entorno altamente competitivo y llegó a entrenar bajo las metodologías de una institución reconocida por producir talentos para el fútbol nacional e internacional. Años después, el propio Cezán recordaría anécdotas de aquella etapa, incluida su cercanía con técnicos y jugadores que posteriormente se convertirían en referentes del balompié colombiano.
Sin embargo, mientras el fútbol ocupaba buena parte de su tiempo, comenzaron a aparecer otras oportunidades. Paralelamente cursó Odontología en la Universidad del Valle, carrera de la que se graduó en 1992 por influencia familiar. Para entonces, la música ya empezaba a abrirle puertas y el entretenimiento comenzaba a ganar terreno frente al sueño deportivo. Con el paso de los años, aquella inclinación artística terminaría imponiéndose sobre cualquier posibilidad de continuar persiguiendo una carrera dentro de las canchas.
El salto a la fama llegó precisamente a través de la música. En 1992 lanzó el álbum ‘Nueve semanas y media’, producido bajo el sello Sony Music y con arreglos de Kike Santander, trabajo que le permitió darse a conocer a nivel nacional. Posteriormente amplió su carrera hacia la actuación, participando en producciones como ‘La maldición del paraíso’, ‘Me llaman Lolita’, ‘Juego limpio’, ‘Amor a la plancha’ y numerosas telenovelas y series en Colombia y otros países de América Latina. Con los años también consolidó una exitosa faceta como presentador en programas de televisión y radio.
Aunque su vida profesional terminó alejándose del fútbol, Marcelo Cezán nunca perdió el vínculo con el deporte. Durante años participó en encuentros benéficos con el equipo Artistas Fútbol Club y ha mantenido una relación cercana con el balompié colombiano.
Maluma, el ‘Pretty Boy’ del fútbol
Mucho antes de llenar estadios y encabezar listas de reproducción en todo el mundo, Juan Luis Londoño Arias —más conocido como Maluma— tenía otro proyecto de vida: convertirse en futbolista profesional. Nacido en Medellín en 1994, pasó buena parte de su infancia y adolescencia entre entrenamientos, partidos y torneos juveniles. Su vínculo con el deporte fue mucho más serio de lo que suele pensarse: durante cerca de nueve años hizo parte de procesos formativos en clubes de alto nivel, mientras alternaba esa rutina con sus primeros acercamientos a la música.
El cantante integró las divisiones menores de Atlético Nacional, el club del que sigue siendo hincha y con el que mantiene una estrecha relación hasta la actualidad. Allí compartió generación con varios jóvenes que posteriormente llegarían al fútbol profesional, entre ellos Juan Fernando Quintero, con quien conserva una amistad de años. Su recorrido en el balompié también incluyó un paso por las categorías juveniles de La Equidad, equipo que sería el último en su trayectoria como jugador.
Según ha contado su padre, Luis Londoño, Maluma dedicó casi una década al fútbol y llegó a destacar dentro de los equipos en los que actuó. “Lo acompañé nueve años de entrenamientos, partidos y sufrimientos”, recordó en una entrevista al referirse a aquella etapa. Con el paso del tiempo, sin embargo, la música empezó a ganar terreno. Mientras avanzaba en las categorías juveniles, el joven antioqueño también escribía canciones, participaba en concursos y comenzaba a grabar sus primeros temas.
La apuesta terminó cambiando su destino. En 2010 inició formalmente su carrera musical y poco después comenzó a ganar notoriedad con sencillos como ‘Farandulera’, ‘Obsesión’ y ‘La temperatura’. Con el paso de los años se consolidó como una de las mayores figuras de la música latina gracias a éxitos como ‘Felices los 4′, ‘Hawái’, ‘Sobrio’ y ‘Según quién’. Sin embargo, nunca ha ocultado el lugar que ocupa el fútbol en su historia personal. De hecho, el propio Maluma ha reconocido que los años que pasó en las canchas le dejaron herramientas fundamentales para su vida profesional, especialmente la disciplina, la constancia y la capacidad para afrontar la presión de los grandes escenarios.
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Por Redacción Vea



