Hay ausencias que no desaparecen con el tiempo. Se transforman, cambian de forma y habitan en las decisiones, los recuerdos y hasta los proyectos que quedan pendientes. Para Lucas Arnau, una de esas ausencias tiene el nombre de su padre: Michel Arnau, el hombre que le enseñó a soñar en grande, a disfrutar el presente y a querer un país que ni siquiera era el suyo de nacimiento.
La muerte de Michel Arnau, el 22 de marzo de 2023, dejó también un sueño pendiente. Hoy, su hijo y su esposa, María Teresa Fernández, decidieron retomarlo para convertirlo en realidad. Más que un proyecto familiar, se trata de una forma de mantener vivo el legado de quien dedicó buena parte de su vida a promover mensajes de esperanza y sentido de pertenencia.
El origen de 'Quiero a mi país'
Lucas Arnau habló con la revista Vea de El Espectador, en medio del lanzamiento de “Quiero a mi país”, una iniciativa inspirada en la histórica campaña “Quiero a Medellín”, impulsada por Michel Arnau en la década de los ochenta. Sin embargo, detrás del proyecto hay una historia mucho más íntima: la de un hijo que todavía encuentra en la memoria de su padre una guía para seguir adelante.
“Mi padre, antes de morir, hace tres años, me expresó que quería continuar con esta campaña y la quería rehacer para el país. Lastimosamente murió en el intento y murió con ese sueño. Hace más o menos cinco meses, mi madre se levantó un día y me dijo: ‘¿Por qué no hacemos la campaña que quería hacer el papá? Hagámosla tú y yo’. Y yo le dije: ‘De una’”, recordó.
La propuesta llegó desde el lugar donde también permanece viva la memoria de Michel Arnau: su familia. Fue María Teresa quien decidió retomar la idea y convertirla en una realidad compartida. Para Lucas, aceptar significó asumir una responsabilidad emocional mucho más profunda que la artística.
“Lo primero que sentí fue una responsabilidad enorme de continuar el legado de mi padre, que fue una persona a la que la gente quiso muchísimo. Mi padre no era colombiano, mi padre era francés, y era un francés que quería más a Colombia que cualquier colombiano. Ese man adoraba este país. Además, para mí fue mi mejor superhéroe. Yo con él tuve una amistad demasiado profunda. Era el fan número uno de mi música”, aseguró.
Un padre que enseñó a soñar
Aunque muchos colombianos recuerdan a Michel Arnau por sus campañas ciudadanas y por iniciativas que promovieron el sentido de pertenencia, Lucas conserva una imagen mucho más personal. Habla de él como un padre cercano, un amigo y un maestro permanente. Al recordarlo, no enumera logros empresariales ni reconocimientos públicos. Habla de enseñanzas y momentos compartidos.
“Mi papá nos enseñó a soñar, a soñar en grande y a hacer esos sueños realidad. Y este es uno de esos sueños que él tenía y hoy lo estoy haciendo realidad yo junto con mi madre. Eso siempre lo voy a llevar en el corazón”, explicó.
Esa enseñanza se convirtió en una filosofía de vida que sigue acompañándolo cada día. “Mi padre siempre me decía: ‘Todo lo que tengas hay que disfrutarlo inmediatamente, no sabes cuándo te vas a ir de aquí’. Entonces esa es mi filosofía de vida. Yo disfruto cada segundo y lo disfruto gracias a que él me enseñó a hacerlo así. Nunca se me olvidará él diciéndome: ‘No te guardes nada para mañana. Todo hazlo aquí, ahora, hoy. Disfrútalo hoy porque quizás mañana no lo tengas’”, agregó.
Tres años después de la partida de su padre, Lucas Arnau reconoce que el duelo no ha significado olvidar. Por el contrario, ha sido una etapa para comprender con mayor profundidad el alcance de sus enseñanzas y la huella que dejó en su manera de ver el mundo. “Para mí ha sido un honor, un orgullo y una alegría enorme poder celebrar esto a través de él, que ya no está aquí con nosotros, pero ahí está toda su energía y todo su amor por Colombia”, comentó en su charla con Vea.
Las conversaciones que más extraña
Hay algo que Lucas Arnau echa de menos por encima de todo: las largas conversaciones con su padre. No los viajes. No las celebraciones. No los momentos extraordinarios. Las conversaciones. “Extraño mucho las conversaciones con mi padre, porque mi padre era una persona extraordinaria, un sabio impresionante. Yo me sentaba a conversar con él y cada conversación me arrojaba un montón de información importantísima que hoy en día ya no tengo. Él me dejó, digamos, preparado de alguna manera para este momento de mi vida sin él”, menciona.
Esa preparación, dice, es la que le permite hoy enfrentar la ausencia desde otro lugar. No desde el vacío, sino desde la herencia emocional que recibió. Por eso, cuando se le pregunta qué le diría si pudiera tener una conversación más, la respuesta llega sin titubeos. “Lo que le quisiera decir, y lo que le digo todos los días, es gracias. Gracias porque, gracias a su visión, gracias a sus enseñanzas, gracias a su valentía y a su energía, hoy yo soy lo que soy, tengo lo que tengo, hago lo que hago y vibro como vibro”, añadió en su conversación con Vea.
Y concluye con una frase sencilla que resume tres años de memoria, duelo y admiración: “Lo que le diría todos los días, y lo que le quisiera decir ahora, es: gracias, papá. Gracias, de verdad”.
Por Daniel Guerrero Aldana. Periodista y comunicador social egresado de la Universidad Central con máster en Innovación Social. Escribe sobre entretenimiento, con enfoque crítico y sensibilidad por las historias que conectan con la gente.



