El cantante canadiense Justin Bieber cerró el escenario principal de Coachella el pasado sábado con una presentación que rompió los esquemas tradicionales de un gran festival. A diferencia de las producciones cargadas de coreografías de otros artistas, Bieber optó por una estética minimalista, vistiendo una sudadera roja y una camiseta básica, y sin banda en vivo durante gran parte del concierto.
El espectáculo se dividió en tres bloques: el primero con sus trabajos más recientes de R&B y gospel; el segundo, un set acústico con la participación de The Kid LAROI para interpretar 'STAY'; y el tercero, una sección de sus grandes clásicos. El momento más llamativo ocurrió cuando Bieber, frente a una computadora portátil, reprodujo fragmentos de sus éxitos desde YouTube, cantando sobre pistas que incluían videos de su adolescencia, lo que algunos interpretaron como un gesto de reconciliación con su pasado.
Según informes del sector, Bieber habría percibido aproximadamente 10 millones de dólares por esta presentación, convirtiéndose en uno de los artistas mejor pagados en la historia del evento. Aunque circularon teorías sobre una posible limitación por la venta de su catálogo musical en 2023, expertos aclaran que dichos acuerdos no impiden interpretar temas en vivo, por lo que el estilo minimalista fue una elección artística deliberada.
La respuesta del público fue dividida: mientras algunos valoraron su vulnerabilidad y talento vocal, otros calificaron la propuesta como insuficiente para un acto de cierre, criticando la falta de músicos y la interpretación parcial de varias canciones. Este estilo ya se había visto en su presentación de 'YUKON' en los Premios Grammy.



