Los precios internacionales del petróleo apenas se movieron después de que la OPEP+ aprobara un nuevo aumento de su producción. El Brent cerró alrededor de 72 dólares por barril y el West Texas Intermediate (WTI) se mantuvo cerca de 68,5 dólares, una reacción que confirmó que la decisión ya estaba descontada por el mercado. La noticia inmediata fue la estabilidad de las cotizaciones, pero la de fondo es otra: el grupo de países productores parece tener cada vez menos capacidad para mover el mercado como lo hacía hace apenas unos años.
Pérdida de influencia de la OPEP+
Esa es la principal conclusión del centro de pensamiento ANIF, que advierte que la OPEP+ atraviesa una pérdida progresiva de poder de mercado. El bloque nació a finales de 2016 con la incorporación de productores como Rusia a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con el objetivo de recuperar influencia sobre los precios internacionales. Casi una década después, el panorama luce distinto.
Cuando comenzó esa alianza, la OPEP+ representaba el 48,2 % de la producción mundial de crudo. Para diciembre de 2025, esa participación ya había descendido al 42 %. Apenas unos meses más tarde, en mayo de 2026, cayó hasta el 36,8 %, el nivel más bajo desde la creación del bloque.
Factores detrás del retroceso
Detrás de ese retroceso aparecen dos fenómenos que se alimentan mutuamente. El primero es el crecimiento sostenido de productores que no hacen parte del acuerdo, especialmente Estados Unidos, Brasil, Guyana y Canadá. El segundo son los recortes voluntarios que la propia OPEP+ decidió aplicar desde 2022 para sostener los precios internacionales del petróleo.
En su punto máximo, esos recortes alcanzaron cerca de 5,85 millones de barriles diarios. La estrategia ayudó a evitar una caída más fuerte de las cotizaciones, pero también abrió espacio para que otros países incrementaran su producción y ganaran participación en el mercado internacional.
Para ANIF, la consecuencia está a la vista: mientras los países por fuera de la OPEP+ retomaron un crecimiento constante tras la pandemia, el bloque mantuvo restringida su oferta durante varios años. La distancia entre ambos grupos se amplió progresivamente.
Impacto de la crisis en Oriente Medio
A ese escenario se sumó la crisis en Oriente Medio. Las tensiones en la región y las dificultades para el tránsito por el estrecho de Ormuz afectaron la producción de varios países del Golfo durante 2026. Como resultado, la producción conjunta de la OPEP+ descendió hasta 25,4 millones de barriles diarios en mayo, una pérdida de peso del cartel frente al resto del mercado, y que Estados Unidos tuvo que compensar sacando sus reservas.
Paradójicamente, mientras la influencia estructural del bloque disminuye, sus decisiones siguen ocupando los titulares. El domingo, Arabia Saudita, Rusia y otros cinco integrantes aprobaron incrementar su producción en 188.000 barriles diarios a partir de agosto. Sin embargo, el anuncio apenas alteró las cotizaciones internacionales.
Reacción del mercado
Para los analistas, la explicación es sencilla: el mercado esperaba esa decisión. Andy Lipow, presidente de Lipow Oil Associates, afirmó que el aumento ya estaba incorporado en las expectativas de los inversionistas. A ello se suma que el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz continúa recuperándose tras los acuerdos entre Estados Unidos e Irán, reduciendo parte de la presión que semanas atrás impulsó el precio del crudo.
La firma Kpler registró entre 30 y 60 tránsitos diarios de buques durante la última semana, mientras que PVM Energy señaló que los volúmenes de petróleo que cruzan el estrecho siguen aumentando prácticamente todos los días. Ese retorno gradual de la normalidad también ayuda a explicar por qué los precios han vuelto a niveles similares a los registrados antes del conflicto.
Perspectivas de demanda
El contraste con hace un año resulta llamativo. En agosto de 2025, la propia OPEP mantenía una visión relativamente optimista sobre el mercado. Esperaba que la demanda mundial creciera 1,3 millones de barriles diarios en 2025 y 1,4 millones en 2026, impulsada principalmente por economías emergentes como China e India. Incluso había revisado ligeramente al alza sus perspectivas económicas para respaldar ese escenario.
La realidad cambió pocos meses después. En abril de este año, la organización redujo en 500.000 barriles diarios su previsión de crecimiento de la demanda para el segundo trimestre, argumentando que la guerra en Oriente Medio estaba debilitando temporalmente el consumo mundial de petróleo. Fue la primera señal de que el equilibrio entre oferta y demanda comenzaba a modificarse.
El dilema de la OPEP+
Hoy el desafío parece distinto. Según ANIF, la discusión ya no gira únicamente alrededor del precio del barril. También pasa por la capacidad de la OPEP+ para conservar relevancia en un mercado donde cada vez hay más productores capaces de aumentar su oferta cuando el cartel restringe la suya.
Ese dilema obliga al bloque a escoger entre dos objetivos difíciles de conciliar. Si mantiene los recortes, puede sostener los precios internacionales durante algún tiempo, pero seguirá perdiendo participación frente a competidores externos. Si abre completamente los grifos para recuperar cuota de mercado, corre el riesgo de inundar la oferta y presionar las cotizaciones a la baja.
Por ahora, la decisión de aumentar nuevamente la producción apenas movió la aguja del precio del petróleo. La OPEP+ continúa en el centro de influencia, pero el margen para dirigir el mercado global ya no es el mismo que cuando nació la alianza en 2016.



