Desobediencia civil: una medida legítima para defender derechos humanos
Desobediencia civil: medida legítima para derechos humanos

El martes, el excandidato presidencial y senador Iván Cepeda convocó a la “desobediencia civil pacífica” si Abelardo de la Espriella no renuncia a su ciudadanía estadounidense, aclara si trabaja con el gobierno de EE.UU., desiste de extraditar a Gustavo Petro, y aclara su relación con Alex Saab, testaferro de Nicolás Maduro, entre otras exigencias. Aunque Cepeda ha hablado reiteradamente de resistencia pacífica, muchos en el país se escandalizan con el llamado a la desobediencia, equiparándolo casi con un llamado a la lucha armada.

¿Qué es la desobediencia civil?

La desobediencia civil es una estrategia de larga data en los movimientos de derechos humanos. Consiste en una acción consciente y pública de incumplimiento de la ley en protesta por la injusticia. Henry David Thoreau afirmó que las personas tienen el deber moral de oponerse a leyes injustas. John Rawls enfatizó su carácter público para que la protesta tuviera impacto social, y llamó a que los manifestantes aceptaran las consecuencias de la infracción para fortalecer el gesto. Para Jürgen Habermas, la desobediencia civil es un síntoma de una democracia madura, donde la ciudadanía adopta una postura crítica frente a las leyes y el gobierno, y el manejo estatal (laxo o restrictivo) es un termómetro de la cultura política.

Ejemplos históricos y fundamentos legales

Entre los ejemplos famosos están las sufragistas británicas de la Women’s Social and Political Union, que organizaron protestas desde tomarse el Parlamento hasta incendiar edificios públicos; Rosa Parks, líder antirracista que se negó a ceder su asiento en el bus durante el segregacionismo Jim Crow; y las recientes protestas de Pussy Riot en Rusia. La desobediencia civil está en la base de la protesta social actual: puede ser “ilegal” detener el tráfico o vandalizar un cajero, pero estas reglas se rompen estratégicamente para comunicar valores y generar incomodidad para que actores con más poder, como el gobierno, decidan escuchar.

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La desobediencia civil también está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Su preámbulo señala que es esencial que los derechos humanos “sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”, ya que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. Es decir, la rebelión siempre debe ser una opción frente a la tiranía, y el compromiso con los derechos humanos está por encima de las leyes y los gobiernos.

Reflexión sobre el llamado de Cepeda

Uno puede estar o no de acuerdo con las razones de Cepeda para llamar a la desobediencia (sin duda es preocupante tener un presidente que ha jurado fidelidad a otra nación que no sea Colombia, según Cepeda), pero no se puede decir que la desobediencia civil es ilegítima ni acusarlo de violencia cuando llama a una resistencia pacífica. La desobediencia civil pacífica ha sido y puede llegar a ser una medida necesaria y legítima para defender los derechos humanos, y el manejo de la protesta en el próximo gobierno será la medida de sus garantías democráticas, concluye Catalina Ruiz-Navarro.

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