La guerra en Ucrania ha alcanzado un hito sombrío: con 1.569 días de duración, ha superado ya a la Primera Guerra Mundial, un conflicto que los soldados franceses esperaban que fuera "la última de las últimas". Lo que comenzó como una invasión relámpago rusa en febrero de 2022 se ha convertido en una guerra de desgaste que no muestra señales de terminar pronto.
Una guerra que se alarga más de lo esperado
Cuando el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó la invasión, confiaba en que Ucrania caería en días. Sin embargo, la resistencia ucraniana frustró esos planes y el conflicto se transformó en una guerra de trincheras. "Pensé que duraría dos o tres años, y que luego los políticos llegarían a un consenso", comenta un soldado ucraniano que usa el nombre clave France. Pero las conversaciones de paz están estancadas y las encuestas indican que casi la mitad de los ucranianos cree que la guerra no terminará antes del próximo año, acercándose a la duración de la Segunda Guerra Mundial, que duró seis años. Algunos argumentan que el conflicto realmente comenzó en 2014, con la anexión rusa de Crimea.
Paralelismos y diferencias con la Primera Guerra Mundial
Los historiadores advierten que las comparaciones con las guerras mundiales tienen límites. La escala global de aquellos conflictos, con múltiples frentes y ejércitos, dificulta las comparaciones directas. Sin embargo, Yaroslav Hrytsak, historiador ucraniano, señala que ambas guerras transformaron la geopolítica europea, redefiniendo alianzas militares e impulsando un aumento del gasto en defensa sin precedentes.
Los analistas militares también destacan que ambos conflictos introdujeron nuevas tecnologías que redefinieron la guerra: aviones y tanques hace un siglo; drones en el aire, mar y tierra hoy. En ambos casos, la tecnología hizo la guerra más brutal.
"En muchos aspectos, esta guerra en Ucrania es la que más se parece a la Primera Guerra Mundial", afirma Michel Goya, excoronel francés e historiador militar. La comparación comienza con las fases iniciales: en 1914, los alemanes lanzaron una ofensiva hacia París; en 2022, las fuerzas rusas intentaron tomar Kiev. En ambos casos, los atacantes fueron rechazados.
Guerra de trincheras y tecnología moderna
Al congelarse el frente, los soldados ucranianos y rusos se atrincheraron, reviviendo la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial. Las escenas en el este de Ucrania recuerdan a las del norte de Francia hace un siglo: soldados separados por cientos de metros, asaltos de infantería tras bombardeos de artillería.
Pero la introducción de drones cambió el cálculo. Las redes de trincheras abiertas se volvieron inseguras bajo la vigilancia constante de drones que atacan con precisión. Ahora, la supervivencia depende de refugios subterráneos pequeños y profundos, difíciles de detectar desde el aire.
"En este entorno, los que cavan sobreviven más tiempo y están más a salvo", dice France. Los asaltos masivos han sido reemplazados por ataques de uno o dos soldados. Los tanques, otrora temidos, ahora son blancos fáciles para los drones, aunque algunos se han equipado con jaulas metálicas protectoras.
Destrucción y bajas
Las imágenes de drones muestran paisajes devastados: árboles destrozados, casas en ruinas y campos llenos de cráteres, similares a los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Las bajas son difíciles de comparar por la diferencia de escala. En la Primera Guerra Mundial murieron entre 9 y 11 millones de soldados; en Ucrania, alrededor de medio millón.
Sin embargo, la letalidad del campo de batalla ucraniano es comparable. El almirante Pierre Vandier, de la OTAN, calificó el escenario como similar al de la Primera Guerra Mundial tras visitar Ucrania. Los avances rusos han sido extremadamente lentos: la ofensiva sobre Pokrovsk avanzó a unos 70 metros por día, más lento que en la batalla del Somme.
Estrategias para romper el punto muerto
En la Primera Guerra Mundial, los Aliados combinaron presión económica (bloqueo naval) y militar (ofensivas implacables) para vencer. Ucrania emplea tácticas similares: ataques con drones contra instalaciones petroleras rusas para debilitar su economía, y el uso masivo de drones de ataque para infligir pérdidas insostenibles al ejército ruso, compensando su falta de mano de obra.
"Esto es la Primera Guerra Mundial, pero con drones", resume Hrytsak. La guerra continúa, y su final parece aún lejano.



