En Cuba, apagones y desesperación: la lucha por la electricidad
Apagones en Cuba: la lucha por la electricidad

Adrián Silva Guerra vio que la farola de la calle se encendió con un parpadeo. Eran las 2:08 a. m. de un jueves. Silva Guerra, electricista, rápidamente se levantó del portal, entró a la casa y dejó la puerta entreabierta para que el aire de la madrugada llegara a su hijo de 7 años, quien dormía en un colchón de espuma.

La rutina de un electricista en medio de la crisis

Entró en su taller, se sentó junto a una pila de televisores descompuestos que desmontaba para sacarles piezas de repuesto y empezó a soldar. Una voluta de humo salía de una placa de circuitos verde y cobriza en la que estaba trabajando. Para Silva Guerra, estos apagones no solo afectan su hogar, sino también su negocio. "He tenido que reparar equipos a la luz de una vela", comenta.

Impacto en las familias cubanas

Analeidis Arias Marín prepara a sus hijos para ir a la escuela en Santiago de Cuba, en mayo. La falta de electricidad constante complica tareas básicas como cocinar o estudiar. "Los niños no pueden hacer la tarea cuando no hay luz", dice. Los cortes programados pueden durar hasta 12 horas, dejando a las familias sin refrigeración, ventilación y comunicación.

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La economía local se resiente

Los apagones también golpean a pequeños negocios. Silva Guerra explica que muchos clientes no pueden pagar reparaciones porque sus ingresos dependen de la electricidad. "La gente no tiene dinero porque no puede trabajar", afirma. La crisis eléctrica se suma a la escasez de combustible y alimentos, agravando la situación en la isla.

Una crisis que se profundiza

Según datos oficiales, Cuba enfrenta un déficit de generación eléctrica de hasta 1.000 megavatios. El gobierno ha implementado cortes rotativos, pero la población denuncia que son impredecibles y desiguales. "No sabemos cuándo nos toca. A veces es de día, a veces de noche", señala Arias Marín. La falta de mantenimiento en las plantas termoeléctricas y la escasez de combustible son las causas principales.

La vida sin horarios

Para Silva Guerra, la electricidad se ha convertido en un lujo. "Antes sabíamos que a las 6 de la tarde llegaba la luz. Ahora es una sorpresa", dice. Su hijo duerme en el colchón de espuma para mitigar el calor, mientras él trabaja hasta altas horas de la madrugada. "No hay otra opción. Hay que sobrevivir", concluye.

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