Sam Harris y los límites de la razón ante el conflicto palestino-israelí
Sam Harris y los límites de la razón ante Gaza

La paradoja del racionalista: Sam Harris y su ceguera ante Gaza

Bertrand Russell lo señaló con precisión: somos racionales hasta que la evidencia contradice las creencias recibidas en la infancia. Sam Harris, uno de los pensadores públicos más lúcidos de nuestro tiempo, defiende someter las creencias religiosas, morales y políticas al examen de la razón. Sin embargo, cuando se trata de juzgar las políticas de Israel, su inteligencia se vuelve roma. Gaza, bajo su lupa crítica, desaparece tras la explicación del yihadismo, reduciendo el sufrimiento palestino a una patología religiosa.

La disonancia cognitiva de un defensor de la razón

Harris no es un propagandista ni un fanático, sino un gran defensor del pensamiento racional. Pero, formado en la tradición judía y marcado por la memoria del antisemitismo, parece incapaz de mirar de frente la tragedia de las decenas de miles de víctimas civiles inocentes bajo el fuego israelí. Para él, la devastación de Gaza se reduce a una discusión semántica sobre el término «genocidio», ignorando crímenes de guerra, castigo colectivo, desplazamiento forzado y destrucción sistemática de infraestructura civil.

La simplificación del conflicto: islamismo como única causa

La tesis de Harris simplifica la realidad: el problema central no sería la ocupación, los asentamientos, la expulsión o la humillación cotidiana, sino el islamismo y el antisemitismo. Así, un conflicto histórico, político y territorial se reduce a una patología religiosa. Esta explicación evita revisar hechos concretos como bombardeos, hospitales destruidos o familias borradas, envolviéndolo todo en abstracciones sobre moral y civilización.

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La historia política palestina desmiente la tesis de Harris

Una parte decisiva del nacionalismo palestino fue secular, marxista, cristiana o anticolonial. George Habash, fundador del Frente Popular para la Liberación de Palestina, era cristiano ortodoxo. Edward Said, el intelectual palestino más influyente del siglo XX, también era cristiano. Reducir Fatah, la Autoridad Palestina, los movimientos civiles y las organizaciones de derechos humanos al yihadismo no es lucidez, sino arrogancia intelectual.

Israel: ¿sociedad libre y democrática para quién?

Harris sostiene que Israel es una sociedad libre y democrática comprometida con los valores occidentales. Pero la libertad no se mide solo por los derechos de quienes votan. Desde 1967, alrededor de un millón de palestinos han pasado por las cárceles israelíes, según la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Miles permanecen detenidos sin cargos bajo detención administrativa, como documenta B'Tselem. El sistema carcelario israelí, descrito como una red de campos de tortura por B'Tselem en agosto de 2024, incluye humillación, golpes, tortura y violencia sexual.

En Cisjordania, dos poblaciones viven bajo regímenes jurídicos distintos: los colonos israelíes disfrutan de ciudadanía plena, mientras que los palestinos están sometidos a un régimen militar que controla su libertad de movimiento, vivienda y acceso a la tierra. Human Rights Watch señaló en marzo de 2026 que una ley de pena de muerte aprobada por la Knéset es aplicable principalmente a palestinos.

La paz condicionada: el fracaso de Oslo y la Gran Marcha del Retorno

Harris afirma que habría paz si los palestinos depusieran las armas, pero olvida que ya apostaron por la negociación. Los Acuerdos de Oslo no detuvieron la expansión de asentamientos ni la fragmentación del territorio palestino. Shlomo Ben-Ami, exministro de Asuntos Exteriores israelí y negociador de Camp David, reconoció: «Si yo hubiera sido palestino, también habría rechazado Camp David».

Durante la Gran Marcha del Retorno en 2018, miles de civiles palestinos protestaron pacíficamente. Una comisión independiente de la ONU concluyó que las fuerzas israelíes mataron a 183 manifestantes y dispararon contra más de 6.100, dejando miles de heridos con amputaciones y discapacidades permanentes, según Médicos Sin Fronteras.

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El talón de Aquiles de un racionalista

No se trata de negar el islamismo ni los crímenes de Hamás, incluida la masacre del 7 de octubre. Pero convertir a Hamás en la explicación total de Palestina no es análisis, sino ventriloquia moral. Harris comete el error de creer que sus convicciones son tan obvias que no requieren objeción, blindando sus creencias frente a la crítica. El valor moral más alto es mirar el horror de frente, incluso cuando es cometido por los nuestros. En esa prueba, Harris muestra su talón de Aquiles: su razón se vuelve pobre y defensiva cuando el horror surge de sus lealtades más íntimas.