La ausencia de Mockus y el riesgo de quiebra democrática en Colombia
Ausencia de Mockus y riesgo de quiebra democrática

Justo cuando este país se acerca a una quiebra democrática, no está él ni hay otro actor político con su fuerza para evocar la moral pública, afirma Lariza Pizano, politóloga y académica de la Universidad de los Andes.

La voz de Mockus en silencio

Esta elección es la primera en este siglo en la que la voz de Antanas Mockus no se escucha. Mockus siempre actuó como una conciencia moral para rechazar los autoritarismos y recordar la necesidad de amar lo público, lo colectivo, como un proceso racional. “Si pensamos en los demás, nos va a ir bien a todos”, solía decir.

Hoy, en un momento crítico, no está él ni existe otro actor político con su fuerza para evocar la moral pública. Colombia se caracterizó por la coexistencia absurda de dos carriles: el de la violencia y el de la democracia formal. Aquí no prosperaron las dictaduras y se consideraba la democracia más antigua del continente, mientras la violencia armada se prolongaba. Un país narco, traqueto, injusto, clasista y racista funcionaba en paralelo a una Registraduría eficiente, con alternancia cada cuatro años e instituciones que resistían. Ahora esa coexistencia podría romperse, no por el fin de la violencia, sino por el riesgo que enfrenta la democracia. La plata se muestra, la prensa es perseguida, la soberanía se entrega y el desprecio por las instituciones se hace evidente.

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Factores del autoritarismo

La vulgaridad y el autoritarismo no tienen una sola causa. La toxicidad discursiva de Petro, el daño de parte de la derecha a la arquitectura de paz, el triunfo de Westcol sobre los debates y la crisis universal de credibilidad en la democracia ayudan a explicar por qué Colombia parece caer en un populismo autoritario que defiende el statu quo a las patadas.

Que esté a punto de ser elegido un presidente impulsado desde afuera, extremo y seguidor ético y estético de Trump, tiene lógica. Además de una buena campaña, los hallazgos preliminares del Observatorio de la Democracia de Uniandes reflejan una dinámica mundial: menores niveles de satisfacción con la democracia, deterioro de la confianza institucional y crecimiento de actitudes autoritarias.

Datos del Observatorio

Según el Observatorio, en el país el 26,3 % de las personas se declara satisfecha con la democracia, y en Bogotá apenas el 23,8 %. Quienes tienen mayor acceso a la información de medios y redes son también quienes expresan mayores niveles de escepticismo frente a la democracia. La percepción de inseguridad alimenta demandas de mano dura, mientras la expansión de las clases medias genera un afán por preservar lo alcanzado. Entre el miedo a perder y la expectativa de cambio se juega la disputa. Cuando la confianza en la democracia se erosiona, el autoritarismo y la chabacanería comienzan a parecer razonables.

Una perspectiva de largo plazo

Lo que podría suceder el próximo fin de semana en las urnas merece ser visto desde una perspectiva de larga duración y considerando la llegada tardía de Colombia a una ruptura entre democracia e ilegalidad. Dos elementos que coexistieron durante décadas, incluso después de 2016, pero cuyo equilibrio está a punto de romperse. Podría ceder el aguante de la democracia y, preciso, no está Mockus.

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