Colombia decide su futuro: libertad o sumisión al narcoestado
Colombia elige entre libertad y narcoestado

“Si los caballos pudieran dibujar sus dioses, tendrían forma de caballos”, escribió Jenófanes de Colofón en el 400 a. C. Esta reflexión cobra vigencia hoy: lo que le ocurra a toda Colombia el 21 de junio depende exclusivamente de cada uno de nosotros. Ya no es un problema ajeno, ni está en manos de una clase política caduca que solo ha sido reemplazada por otra más corrupta. No se trata del Tigre, la Paloma ni del “engendro” heredero del falso humanismo.

La soberanía es responsabilidad de todos

Como afirmó Cayetana Álvarez de Toledo en 2026, “la soberanía es responsabilidad de todos”. Que un país sea de todos es la esencia misma de la soberanía. Este país pertenece al pueblo, no a quienes dicen ser el pueblo ni a quienes pretenden representarlo. Ahora, cada voto decide si nos liberamos de la soberanía narcoterrorista que encarna el candidato castrochavista.

“Libertad y Orden” son nuestros valores fundacionales, y están en juego. Elegimos si queremos ser libres y vivir dignamente en democracia, dentro de la legalidad, o si voluntariamente nos someteremos a reemplazar la soberanía ciudadana por la consolidación de un narcoestado controlado por terroristas y criminales, arrojando al país al oscuro pozo sin fondo de la miseria.

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Decir la verdad a los criminales

Es hora de decirle la verdad a quienes deberían estar pagando y pidiendo perdón por todos los crímenes cometidos: las Farc-EP, el Eln y demás organizaciones criminales. Es momento de decir no más impunidad a los abusos de Gustavo Petro, Iván Cepeda, Juan Manuel Santos, la falsa paz y sus corruptos validadores en el parlamento y las cortes. También a los clérigos ideologizados, el narcoindigenismo, las ONG, los gremios y los empresarios entregados que han contemporizado con el narcoterrorismo.

Economías estatizadas: un fracaso

Las economías estatizadas nunca han funcionado; son una destrucción de valor donde no queda qué repartir. Cuando un gobierno pretende controlar los negocios particulares, destruye tanto la economía pública como la privada. En general, el Estado es peor administrador que los particulares porque carece de doliente. La libertad de mercados y la inversión del sector privado generarán valor, riqueza, capitales lícitos, empleo, impuestos y desarrollo socioeconómico.

La gran falacia del comunismo ha sido vender la idea de que todos podemos vivir del Estado. Los gobiernos solo deben administrar el gasto e invertir bien el remanente de ingresos públicos originados en los impuestos de los particulares; defender la soberanía nacional de amenazas externas e internas; proteger a los individuos de los maleantes; regular lo privado y lo público, respetando las libertades y garantías sociales; y proveer mecanismos judiciales para resolver disputas.

La elección del 21 de junio

La elección del 21 es un asunto de defender la libertad soberana en manos de los ciudadanos, cerrando las puertas del Estado a los delincuentes de las Farc-EP, el Eln, a todo el Pacto de la Picota, al nuevo M-19 y a toda la corruptela política que gravita en la falacia de la paz total y el gran pacto nacional, que son la vieja trampa chavista para estrangular al sector productivo. Elijamos ser libres por amor a la patria, a nuestras familias y a nuestra tierra. No permitamos que el socialismo del siglo XXI incendie a Colombia en las elecciones.

No más robo de la nación

Es hora de decir no más a quienes se están robando la nación y ahora quieren robarnos la dignidad y la libertad para esclavizarnos, como ocurrió en Cuba, Venezuela y Nicaragua, donde las calles están llenas de ciegos por inanición, seres famélicos por desnutrición, desesperados porque los días se reducen a mendigar alimento entre los escombros.

No podemos premiar con el poder al heredero de las Farc-EP y de un narcogobernante ilegítimo que ha destruido dolosamente el sistema de salud, el pensional y el sector minero-energético, y ha auspiciado el desfalco más grande de nuestra historia económica, y que nunca debió asumir la presidencia después de los siniestros pactos en las cárceles y de violar los topes de campaña.

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Más de 60 años de violencia

No podemos olvidar más de 60 años de asesinatos de civiles, policías y soldados; de mutilados, secuestros; de niños y personas violados y convertidos en asesinos, esclavos del odio y el vicio. Lo que arriesgamos el 21 de junio con nuestro voto no es un videojuego: es el futuro de nuestra libertad, de la seguridad soberana, ciudadana, física, económica y alimentaria, y la de nuestros hijos. Demostrémosle al mundo que somos una nación responsable que no está dispuesta a perder su soberanía.

Llegó el momento definitivo: somos un país libre y una nación de conciencia, o no somos nada.