El debate sobre la salud macroeconómica de Colombia cobró un nuevo impulso ante la situación que atraviesa el país en materia de inflación y desaceleración del aparato productivo. En mayo de 2026, la inflación anual llegó a 5,84%, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) creció apenas 2,2% en el primer trimestre del año.
Qué es la estanflación y por qué Colombia no la cumple
La docente Sofía Rodríguez, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá, y el analista Mauricio Serna, de Russell Bedford, coincidieron en que, a pesar del alza persistente en el costo de vida y el débil crecimiento, el diagnóstico técnico estructural de estanflación no se sostiene.
La estanflación se define formalmente como el cruce de dos grandes males: estancamiento de la actividad productiva con inflación alta y persistente, acompañado por un desempleo en ascenso continuo. Su rasgo más temido es que arrincona a las autoridades monetarias, ya que subir las tasas para domar los precios profundiza la parálisis productiva, mientras que bajarlas para estimular el crecimiento aviva las alzas. Este fenómeno irrumpió en la década de 1970 por los choques petroleros mundiales.
Inflación y crecimiento: los datos actuales
Por el lado de los precios minoristas, la inflación anualizada se ubicó en 5,84% durante mayo, consolidando su nivel más alto desde agosto de 2024 y situándose casi al doble del rango meta del 3% determinado por el Banco de la República. Esta senda de incrementos viene mostrando un comportamiento ascendente desde el 5,78% reportado en abril, lo que evidencia la existencia de precios internos resistentes.
En cuanto a la actividad real, el PIB creció apenas 2,2% en el primer trimestre de 2026, una cifra por debajo del 2,7% registrado en igual periodo de 2025 y del 2,6% con que cerró la vigencia anterior. Si bien este coctel de inflación pegajosa con crecimiento que se enfría genera alarmas, los analistas descartan la estanflación en su sentido estricto porque la economía no está estancada, sino que avanza a menor ritmo.
Desempleo en mínimos históricos
Adicionalmente, el desempleo nacional no se dispara: la tasa de desocupación se ubicó en 8,8% en abril de 2026, un mínimo histórico similar al de hace un año. Esto refuerza la tesis de que no se cumplen los criterios de estanflación.
“Lo que enfrenta el país, entonces, no es estanflación sino una combinación de inflación alta con crecimiento que pierde tracción. El riesgo a vigilar es otro: que la tasa de interés en 11,25% —elevada desde 9,25% a comienzos de año para contener los precios— encarezca el crédito, desincentive el consumo y frene la inversión, mientras la incertidumbre fiscal y el pulso entre el Gobierno y el banco central enrarecen las expectativas”, dijo Sofía Rodríguez.
Exceso de demanda interna: el argumento clave
Para Mauricio Serna, socio de Finanzas Corporativas de Russell Bedford, el argumento técnico más contundente radica en que el propio Emisor advierte que el gasto total de la economía sigue superando su capacidad productiva, lo que significa que el país registra un exceso de demanda interna.
“Una economía recalentada por su propio gasto es el reverso de la estanflación clásica. Mientras el consumo siga vigoroso —apuntalado por las remesas, el buen momento del turismo extranjero y los precios aún altos del café—, el riesgo de un estancamiento abrupto es bajo”, aseveró Serna.
Proyecciones económicas para 2026
Las proyecciones de expansión para el cierre de 2026 han convergido a la baja en una franja que va desde el 2,3% estimado por el Fondo Monetario Internacional hasta el 2,8% calculado por el consenso de analistas. El Banco de la República recortó su propio pronóstico desde el 2,9% previo hasta un rango entre 2,4% y 2,6%.
El balance del PIB del primer trimestre reportado por el DANE decepcionó profundamente tanto al Gobierno nacional, que esperaba una expansión de 2,6%, como a los analistas, que proyectaban cerca de 2,5%.
Calidad del crecimiento: dependencia del gasto público
Lo que preocupa es la calidad del crecimiento, pues el 46% de la expansión trimestral se explicó por el gasto público, que creció a una tasa anual del 7,8%. Este impulso estatal provino de factores transitorios como el mayor pie de fuerza de la Registraduría por las elecciones, el gasto en Defensa y el ICBF.
La contracara de esta dinámica estatal es una inversión privada fuertemente rezagada y unos sectores productivos tradicionales que se encuentran operando en terreno rojo. El sector de la construcción registró una fuerte caída del 5,4%, mientras que el renglón del agro y la ganadería retrocedió 1,4%, anotando su peor desempeño trimestral en casi tres años. Este desplome rural se explica por una histórica caída del 31% en el cultivo de café, cuya producción actual es la más baja desde 2013. La minería también bajó 0,1%, lo que confirma que los sectores más intensivos en empleo y arrastre regional pierden fuerza de forma acelerada.
Colombia avanza perdiendo velocidad sobre una base de gasto del Estado y dineros prestados mediante mayor endeudamiento público, en un escenario donde el propio Emisor proyecta que la inflación cerrará el año actual cerca del 6,4%.
El verdadero examen del país
El verdadero examen del país será demostrar que puede crecer con sus propios motores privados cuando los impulsos fiscales transitorios se diluyan por completo debido a la estrechez macroeconómica.



