El cordón sanitario contra la ultraderecha: un llamado a la unidad progresista
Cordón sanitario contra la ultraderecha: unidad progresista

Nadie como los franceses para sortear el dilema de enfrentar a la ultraderecha. De hecho, tienen un nombre al respecto: el cordón sanitario. Se presentó en el gobierno de Chirac una primera vez y se ha venido repitiendo con los presidentes que le sucedieron. El último cordón sanitario fue en el segundo periodo del presidente Macron, que está por terminar. Este fenómeno consiste básicamente en agrupar a todos los partidos democráticos que creen en los valores republicanos y en los derechos humanos. Cuando Jean Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta en el año 2002, tanto centristas como socialistas no lo dudaron. Había que votar por un presidente que si bien como Jacques Chirac no era de izquierda, de todas maneras sabíamos que protegería los derechos fundamentales. Lo mismo pasó con Macron cuando enfrentó a Marine Le Pen en 2022.

La necesidad de un cordón sanitario en Colombia

Pienso que algo parecido deberíamos hacer en esta ocasión puesto que está claro que uno de los dos campos declara mantener una política progresista –cierto, no perfecta– y el otro proclama el desmantelamiento de las conquistas de las mujeres, entre muchos otros exabruptos. No lo estoy inventando. En sus discursos, el candidato de la ultraderecha ha establecido unos parámetros muy conservadores sobre los asuntos sociales y su idea de familia es premoderna. La derecha, lo sabemos, agita el discurso identitario para atraer votantes y esto les ha funcionado bastante bien en todo el mundo.

Las llamadas bases sociales ya están convencidas. ¿Pero quiénes son los votantes que nunca votarían por la derecha, pero que no se sumaron a la campaña del progresismo? Es a ellos y ellas a quienes hay que hablarles.

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Las conquistas en riesgo

No estamos hablando de temas menores. Colombia logró situarse en el continente latinoamericano como una de las naciones faro en cuestiones de salud sexual y reproductiva, políticas públicas para las mujeres y atención a la población LGBTIQ+ en todas sus dimensiones. Desmantelar esto sería un retroceso abismal. Incluso, gobiernos de centroderecha como el de Duque no se atrevieron a hacerlo. ¿El espectro político progresista será capaz de entender la importancia de hacerles un cordón sanitario a las ideas ultras? Hablo de los ‘verdes’, por supuesto. Hablo de Fajardo (puesto que Claudia ya mencionó los peligros de la ultraderecha en materia de derechos) y hablo del Partido Liberal, que por una vez debería hacer honor a su nombre y a sus fundamentos. Estos actores políticos deben pronunciarse de manera inequívoca.

Lecciones para la campaña progresista

Ahora bien, también desde la campaña del progresismo hay que tomar nota de lo que pasó. Hay que tomarse un par de días para entender con más detalle las motivaciones y la composición sociológica del votante de la derecha. En esos diez millones de personas hay un poco de todo: miedos instalados, arribismos, fundamentalismos religiosos, élites locales que se mueven siempre en los límites de la legalidad, machismos y homofobias arraigados, poblaciones confinadas de nuevo por el conflicto, entre otras. Y la verdad, etiquetar a todos en la categoría del fascismo es por lo menos una mirada reduccionista que no nos deja repensar hacia dónde dirigir la atención y el foco de estas tres semanas que nos faltan. Las llamadas bases sociales ya están convencidas y ya votaron. ¿Pero quiénes son los votantes que nunca votarían por la derecha, pero que no se sumaron a la campaña del progresismo? Es a ellos y ellas a quienes hay que hablarles. Y es urgente.

Ustedes saben que no fui una fan de Petro. Su narcicismo patriarcal me irritó más de una vez, pero aquí debo deponer mis animadversiones personales y pedir con urgencia el cordón sanitario, lo que quiere decir que no dudaré en votar por Cepeda.

Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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