La humanidad enfrenta otro punto de inflexión civilizatorio. Si la Revolución Industrial transformó el trabajo y la Revolución de la Información conectó al mundo, la inteligencia artificial (IA) está sacudiendo paradigmas en todos los sectores: producción, consumo, educación, sanidad, administración y defensa. La IA ya no es una tecnología de vanguardia selectiva; es la infraestructura nacional más crítica para la supervivencia y competitividad futura de una nación.
El desafío común para países desarrollados y en desarrollo
Este cambio es un desafío compartido. La diferencia no está en la dirección del cambio, sino en la rapidez y sistematicidad con que los países se preparan. Al observar las políticas de transformación industrial que el gobierno coreano impulsa con determinación, surgen preguntas recurrentes en la diplomacia latinoamericana de los últimos 30 años: ¿Cómo logró Corea la industrialización en tan poco tiempo? ¿Cuál es el secreto de su capacidad para recuperar el liderazgo mundial en cada nueva civilización tecnológica?
La respuesta más clara reside en la estrategia industrial nacional que Corea implementa actualmente. Este artículo no ensalza el éxito coreano, sino que comparte un ejemplo práctico para países latinoamericanos, incluido Colombia, en su preparación para la era de la IA.
La esencia de la competitividad coreana: un ecosistema industrial
Corea reestructura su economía nacional designando semiconductores, IA, robótica, movilidad del futuro, biotecnología e industria aeroespacial como ejes clave de crecimiento. El plan para megaproyectos industriales del futuro, anunciado por el gobierno, no es un proyecto de papel. Mediante reuniones presididas por el presidente, se instruyó a ministerios y gobiernos locales para eliminar factores que retrasan inversiones y agilizar trámites administrativos, garantizando infraestructuras básicas como electricidad, agua industrial y redes logísticas. La Asamblea Nacional apoya con un comité especial para innovación regulatoria y presupuesto, gracias a un consenso bipartidista de que los motores de crecimiento no deben ser objeto de disputa política.
Esta transformación no es un estímulo a corto plazo. Es una reestructuración masiva con una inversión de 4.700 billones de wones (aproximadamente 3,5 billones de dólares) del sector público y privado. Es una estrategia a largo plazo para rediseñar el mapa industrial del país y responder a la megatendencia de la IA.
Muchos buscan la competitividad coreana solo en los semiconductores, pero la verdadera esencia no reside en un solo producto. Corea invierte en I+D de primer nivel mundial y posee una base de fabricación global en semiconductores, automoción, construcción naval, defensa y químicos. Sobre esta base, se establece un círculo virtuoso donde la tecnología del laboratorio se conecta con la planta de producción, generando competitividad global. La IA no existe de forma aislada; la competitividad nacional se manifiesta cuando se integra orgánicamente con industrias existentes. Por eso Corea aborda las industrias del futuro como un ecosistema masivo.
Preguntas gubernamentales que atraen inversión: un cambio de paradigma
Lo más impresionante de la estrategia coreana no es la magnitud de la inversión, sino el cambio de paradigma en las preguntas del gobierno a las empresas. El gobierno coreano no pregunta primero: “¿Cuánto invertirán y cuántos empleos crearán?”, sino: “¿Qué debe preparar el Estado para que las empresas puedan realizar inversiones audaces a largo plazo con confianza?”
Esta pregunta es el punto de partida de la política industrial. El gobierno sienta las bases para redes de electricidad, agua, carreteras y logística; simplifica trámites; y considera el desarrollo de talento con universidades. El Estado no controla ni interviene en el sector privado; crea un entorno fiable y predecible para que el sector privado invierta con audacia. El capital no tiene nacionalidad; se mueve en busca de rentabilidad, estabilidad y previsibilidad. Si las regulaciones son complejas, los procedimientos opacos y las políticas vacilan, el capital no se moverá. Lo que impulsa la inversión es la coherencia y confianza que el gobierno demuestra con acciones.
Completando la visión nacional: el papel proactivo de los gobiernos regionales
Otro eje clave es que esta estrategia no es propiedad exclusiva del gobierno central. Corea no concentra las industrias del futuro solo en la capital; se expande hacia un ecosistema industrial nacional, aprovechando las características únicas de cada región: complejos de semiconductores en áreas con abundante agua y electricidad, y centros energéticos en regiones con potencial renovable.
El papel de los gobiernos locales es decisivo. No esperan pasivamente directrices del gobierno central; revisan proactivamente emplazamientos industriales, elaboran planes para suministro de electricidad y agua, forman personal cualificado con universidades locales, y diseñan condiciones de vida (educación, vivienda, cultura) para facilitar el asentamiento de emprendedores y trabajadores. En varios países latinoamericanos, algunos gobiernos locales atribuyen todos los problemas a la falta de apoyo del gobierno central. Sin embargo, hay áreas donde pueden tomar la iniciativa: mejora de licencias, fomento del talento e infraestructura básica. La competitividad regional comienza cuando la propia región crea un entorno atractivo que impulse la inversión. Los gobiernos locales coreanos compiten ferozmente entre sí para crear un entorno que las empresas busquen.
Sugerencias para el futuro de Colombia y Latinoamérica
No sugiero aplicar el modelo coreano como copia directa. Cada país tiene historia, sistemas políticos y estructuras económicas diferentes. Imitar un modelo no es realista ni deseable. Sin embargo, no existen fronteras en los principios y actitudes que una nación debe adoptar para prepararse para el futuro. La revolución de la IA avanza más rápido que cualquier revolución anterior. La brecha entre países que se preparan ahora y los que no se ampliará incontrolablemente. La infraestructura en la era de la IA va más allá de carreteras y puertos: incluye leyes e instituciones estables, servicios administrativos ágiles y transparentes, y confianza social.
Tras más de 30 años como diplomático, he sido testigo del inmenso potencial de Colombia y Latinoamérica. Colombia cuenta con ventajas: fuerza laboral joven, creciente industria de servicios digitales y ubicación geopolítica única con acceso al Pacífico y Caribe, posicionándose como puente hacia Norteamérica y Sudamérica. Si la IA, la tecnología digital, las energías renovables y la manufactura de alta tecnología se integran orgánicamente con estas ventajas, Latinoamérica podrá dar un salto cualitativo y convertirse en un nuevo actor en la economía global.
El punto de partida no está en seleccionar industrias específicas, sino en crear un entorno donde empresas e inversionistas confíen en el futuro e inviertan su capital. Es fundamental un engranaje de confianza: el gobierno crea un entorno propicio, las empresas invierten, el parlamento brinda apoyo institucional y los gobiernos locales fortalecen la competitividad regional. El futuro pertenece a una nación preparada que anticipa el cambio, innova y genera confianza. Espero que el desafío de Corea sirva como guía para Colombia y los países latinoamericanos.



