La exviceministra de Ambiente, Sandra Vilardy, advierte que fenómenos como la escasez de agua, los incendios forestales y las pérdidas agrícolas no distinguen ideologías políticas. En una columna de opinión, la también científica afirma que la evidencia científica es indispensable pero insuficiente para transformar las decisiones ambientales, y llama a superar la polarización para construir acuerdos colectivos.
La complejidad entre la ciencia y la política
Vilardy relata que recibió un crítico comentario de una joven científica de doctorado, quien la acusaba de ser una liberal que desinforma con argumentos sobre estabilidad fiscal para mantener la explotación de petróleo y gas. Lejos de sentirse atacada, Vilardy se vio reflejada en esa investigadora, pues ella misma creyó que la evidencia científica bastaría para cambiar las decisiones sobre humedales y biodiversidad.
Con los años, la academia, el trabajo comunitario, el paso por el gobierno y el diálogo con múltiples sectores le enseñaron que entre un artículo científico y una política pública hay un territorio complejo, habitado por personas con historias, prioridades, miedos y responsabilidades distintas. Allí conviven la urgencia del hambre con la conservación de ecosistemas, la necesidad de empleo con la protección del agua, y la violencia que limita la presencia estatal con los desafíos de gobernar territorios biodiversos.
Polarización y el riesgo de clasificar en buenos y malos
Vilardy señala que después de unas elecciones tan polarizadas y con violencia verbal, se corre el riesgo de seguir clasificando entre quienes entienden y quienes no, entre defensores de la naturaleza y quienes la ven solo como fuente de recursos. Pero difícilmente se construirán los cambios necesarios si se reduce al otro a un enemigo.
Muchas personas que hoy toman decisiones crecieron bajo un paradigma donde el desarrollo consistía en extraer, transformar y producir cada vez más. La ciencia propone prosperar conservando la naturaleza de la que depende la economía y el bienestar. Ese tránsito no ocurre solo con nuevos estudios o indicadores; requiere transformar sistemas de valores, narrativas y formas de entender la relación con la naturaleza.
El reto de los científicos: escuchar y construir confianza
Los científicos también tienen desafíos: necesitan seguir produciendo conocimiento riguroso, pero también aprender a escuchar mejor, comprender las prioridades de otros y construir puentes de confianza. Explicar un problema no siempre moviliza una decisión; las transformaciones profundas ocurren cuando la evidencia dialoga con las realidades de las personas.
Durante los próximos meses, el fenómeno de El Niño recordará que la naturaleza no reconoce fronteras ideológicas. La disponibilidad de agua, los incendios forestales, las pérdidas agrícolas o los impactos sobre la salud no preguntarán por quién votamos. Exigirán cooperar, priorizar y tomar decisiones difíciles.
Defender la ciencia es hacer posibles mejores conversaciones
Vilardy concluye que uno de los aprendizajes más importantes de estos años es que defender la ciencia no consiste solo en producir mejores datos, sino en hacer posible mejores conversaciones. El futuro no dependerá solo de cuánto conocimiento se genere, sino de la capacidad para convertirlo en confianza, acuerdos entre diferentes y acción colectiva.



