El fenómeno De la Espriella: un outsider que despertó fervor popular
Sin ser político de oficio ni comportarse como los políticos tradicionales, Abelardo de la Espriella logró despertar un fervor que, en Colombia, no se veía desde el primer triunfo en las urnas de Álvaro Uribe Vélez. Hoy, el abogado penalista —desde siempre un hombre mediático— se convierte en el presidente número 48 de un país que no ha encontrado el camino para reconciliarse. Su figura, en medio de una apretada votación, genera resistencia. Sin embargo, hay que recordar que una cosa es el candidato y otra muy distinta el jefe de Estado. Más para mal que para bien, los últimos gobiernos así lo han demostrado. Esperemos que la desafortunada tendencia se revierta en esta ocasión y el desempeño del ejecutor supere con creces al del competidor.
Clase magistral de marketing político
De la Espriella, con su campaña, dio una clase magistral de marketing político. Demostró cuáles son las nuevas formas de conectar con la gente, apostó por lo disruptivo —a veces, en exceso— y creó su propio lenguaje. Un lenguaje más allá de las palabras, cargado de simbolismos, que movilizó emociones hasta despertar un patriotismo poco usual en una idiosincrasia que suele ser tan desprendida como la nuestra. Es claro que el electorado cambió y el triunfo se quedó con quien así supo leerlo. Al igual que ocurre en buena parte del mundo, la gente descree cada vez más de los partidos tradicionales, se siente atraída por las nuevas formas, aunque en ocasiones resulten odiosas, y pondera las emociones por sobre las propuestas. Se identifica con aquellos que no se comportan “como los de siempre” hasta premiar, incluso, la irreverencia.
Los retos del nuevo presidente en sus primeros cien días
Ahora bien, como el júbilo no es eterno, en un par de meses, una vez posesionado, tendrá que enfrentar el reto de mantener la efervescencia y, en medio de las cientos de afugias con las que recibirá el mando, en sus primeros cien días, responder con coherencia y rápidos resultados al voto de confianza que le fue entregado. Quizá, la ventaja del outsider, entendido como “un personaje que incursiona en política partiendo de un prestigio acumulado fuera de ella”, según la definición textual del politólogo Carlos Meléndez o, en términos algo más escuetos, un novato ajeno al “establishment”, es que, por su formación, tiende a ser un perfil que funciona con una mente de corte gerencial y menos paquidérmica que la de un político convencional. Entiende el outsider que rodearse de verdaderos expertos es clave, y que delegar radica en buena parte del éxito de una gestión que no da espera. Poco aguante tendrán los colombianos frente a las promesas.
Colombia y la tendencia latinoamericana del outsider
Presa de la crisis de representatividad, la fragmentación y ahogada en el desgaste ciudadano, se decantó Colombia por el que todo indica dejó de ser un fenómeno para convertirse en una marcada tendencia que América Latina lidera. Hace cuatro años, Gustavo Petro capturó la rebeldía. Cuatro años después, seduce a una rebeldía distinta, pero al fin y al cabo rebeldía, el candidato que una mañana cualquiera dijo que se lanzaba a la Presidencia movido por la preocupación de ver el rumbo que estaba tomando el país. Al poco tiempo dejó de ser Abelardo para convertirse en el Tigre y en el último tramo de la contienda logró hacer de su eslogan una identidad ideológica. ¿Encarna el próximo jefe de Estado la renovación de la política? El tiempo lo dirá. ¡Que el ego no nuble al joven líder!



