Elecciones 2026: La batalla entre la razón y el espectáculo en Colombia
Elecciones 2026: razón vs espectáculo en Colombia

El 31 de mayo, durante la transmisión de los resultados preliminares de la primera vuelta, en el momento en que Iván Cepeda hacía su alocución en Bogotá, la mitad de la pantalla empezó a mostrar la imagen del planchón en el que Abelardo de la Espriella se aprestaba a iniciar el show de su victoria en Barranquilla. La parafernalia de luces, humo y fuegos pirotécnicos eclipsó las palabras de Cepeda y demostró que en la tele contienda presidencial estamos ante una pelea de tigre con búho amarrado.

La política concebida como un ejercicio argumentativo obtuvo el 40,90 % de los votos; la política fabricada como un montaje publicitario alcanzó el 43,74 %, con 673.138 votos de ventaja. Días después, entrevistado por María Jimena Duzán, el estratega Ángel Becassino dijo que aunque Cepeda podría ser un buen presidente es un pésimo candidato, lento para reaccionar en el vértigo de la campaña, incapaz de atraer nuevos sectores del electorado.

El estilo De la Espriella: un émulo de Trump

De la Espriella, en cambio, ha demostrado ser un digno émulo de Donald Trump, un eficaz producto virtual que baila y vocifera, un mercachifle experto en venderse como la fórmula mágica que Colombia necesita para solucionar sus problemas. Lo aterrador, como en el caso de Trump, es que el autodenominado candidato de la extrema coherencia es en realidad un caso sistemático de incoherencia: un costeño que nació en Bogotá, un jurista sin ética, un felino exterminador de gatos, un soldadito de trapo que esquivó el servicio militar, un ex ateo vendedor de milagros, un independiente rodeado de politiquería, un patriota con tres nacionalidades, un demócrata que persigue a la prensa y jura destripar a sus opositores, un maniquí que detesta el fútbol y usurpa la camiseta de la sele, el dizque antichavista defensor de Alex Saab.

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El logro de la izquierda y la amenaza populista

Que la campaña en blanco y negro de Cepeda y Quilcué, sin recurrir a Benedetti, haya conseguido 9.688.361 votantes es un logro enorme, el mayor guarismo alcanzado por la izquierda. El lío son los 673.138 votos de ventaja que sacó el tecnicolor Tigre de la falacia. Ante tan alarmante panorama, el hecho de que la multitudinaria comunidad digital de K-popers haya acudido al rescate es un rayo de esperanza que se añade al entusiasmo promovido por las bases del Pacto.

En los días que restan antes del 21 de junio, cada cual tendría que sopesar qué tipo de país quiere construir. ¿Un país diverso o un país converso? ¿Un país honesto o un país perverso? ¿Un país digno o un país genuflexo? ¿Escogeremos a un defensor de los victimarios o a un defensor de las víctimas? ¿A un libre pensador o a un promesero? ¿A un dirigente serio o a un culebrero? ¿A un pacifista o a un guerrerista? ¿A un progresista o a un negacionista?

“¿Qué ha pasado para que una parte de la sociedad confunda el dinero con la razón, la intimidación con el carácter, la vulgaridad con la autenticidad?”, se pregunta José Alejandro Castaño en una nota editorial de CasaMacondo. A estas alturas, lo que más le inquieta son los millones de compatriotas “que oyen el rugido de un tigre en el cacareo de una gallina”.

La lección del Mundial y la urgencia del debate

Hace cuatro años escribí en este espacio que si el Mundial de Catar se hubiera realizado a mitad de año, tal vez Gustavo Petro no habría sido electo presidente. Lo dije porque como la hipnosis mundialista hace que perdamos contacto con la realidad, seguramente habríamos estado más pendientes de celebrar las gambetas de Messi que de evitar el golazo que casi nos propina Rodolfo Hernández.

La semana que viene es crucial. Ojalá haya por lo menos un debate, todo el país tiene derecho de ver a sus candidatos debatiendo. Cepeda está en mora de concertar la adhesión de Claudia López y Sergio Fajardo, y de sumar gente valiosa dispuesta a que la contacten, como la congresista Jennifer Pedraza.

Ahora que el tigre de opereta se adueñó de la tricolor, y que recién empiezan los cotejos mundialistas, exhorto a la juventud solidaria, a las mujeres que no quieran vivir cosificadas, a las personas indecisas, votantes en blanco y abstencionistas a que consideren con sensatez y responsabilidad la opción de impedir que quedemos en manos de un fantoche autoritario títere de Trump.

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Soy poeta, y esta vez me la juego por la realidad y la vida, no por el espectáculo y la muerte.

Por John Galán Casanova. Poeta y ensayista bogotano. Premio nacional de poesía joven Colcultura, 1993. Premio internacional de poesía "Villa de Cox", 2009.