¿Es viable replicar en Colombia el modelo de seguridad de Bukele?
¿Es viable replicar en Colombia el modelo de seguridad de Bukele?

En medio de cuestionamientos, El Salvador, gobernado por Nayib Bukele, presenta resultados en seguridad y justicia que llaman la atención de toda Latinoamérica. El colombiano Andrés Guzmán Caballero, excomisionado presidencial de Derechos Humanos en ese país y autor de “El método Bukele”, comparte en esta entrevista las lecciones que Colombia y la región podrían extraer de la experiencia salvadoreña. Desde la gestión de cárceles hasta la depuración de la justicia, Guzmán analiza los pasos que llevaron al éxito y los errores que se corrigieron.

¿Cómo llegó a El Salvador?

Soy abogado colombiano con 20 años de experiencia como profesor universitario, especializado en tecnología aplicada al derecho. Fundé una compañía dedicada a informática forense, análisis de datos y seguridad de la información, que quebró durante la pandemia. Tras eso, me enfoqué en derechos humanos y trabajé en la Defensoría del Pueblo como delegado para derechos en ambientes virtuales y libertad de expresión. Llegué a El Salvador a través de una conferencia sobre inteligencia y análisis de datos dirigida a altos funcionarios. Allí conocí al presidente Bukele y comencé a asesorar al gobierno en temas de seguridad. Con el tiempo, gracias a mi experiencia, se consolidó una relación de confianza con el presidente.

¿Cómo llegó a ocupar un cargo oficial en ese país?

Durante la implementación del Plan Control Territorial, que incluía la detención masiva de pandilleros, surgieron críticas internacionales sobre derechos humanos. Ante esa coyuntura, el presidente me ofreció el cargo de comisionado presidencial de Derechos Humanos, para coordinar internamente con las entidades del gobierno y actuar frente a organismos internacionales. Ocupé el puesto hasta abril del año pasado.

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¿Por qué decidió renunciar?

Renuncié por dos motivos: primero, razones familiares; segundo, cambios políticos internacionales, como la llegada del presidente Donald Trump en Estados Unidos, que redujeron la relevancia del cargo en la agenda internacional.

¿Qué lo motivó a escribir “El método Bukele”?

Quise explicar cómo El Salvador pasó de ser uno de los países más violentos y corruptos de Latinoamérica a convertirse en el más seguro de la región, con niveles de corrupción históricamente bajos y una caída significativa de homicidios y delitos. Más de 90.000 pandilleros están actualmente presos, y el libro analiza cómo se alcanzaron estos resultados desde el liderazgo, la estrategia y el análisis de datos.

¿En qué consiste el 'método Bukele'?

No se trata solo de encarcelar delincuentes. El Plan Control Territorial tiene siete fases: diagnóstico, acción sobre la justicia y las cárceles, recuperación de territorios y soluciones sociales para las comunidades afectadas. La clave fue un enfoque integral: identificar los problemas, analizar los datos, depurar la justicia y transformar un sistema penitenciario previamente corrupto. Cada paso se ejecutó con base en información precisa y estrategia territorial, combinada con liderazgo ético y transparente del presidente.

¿Cuáles fueron los pasos principales del Plan Control Territorial?

Primero, se realizó un diagnóstico completo de las pandillas: quiénes eran, cómo operaban y cómo se organizaban. Luego se implementaron soluciones sociales en los barrios afectados, se recuperó el control territorial y se depuró la justicia, eliminando jueces corruptos y cargos innecesarios. Finalmente, se transformó el sistema penitenciario, cambiando incentivos para que los guardias y funcionarios fueran íntegros.

¿Qué resultados concretos se lograron?

Se logró que la justicia revisara más de 14.000 casos, liberando a 8.000 personas sin vinculación directa con pandillas, y se depuró la rama judicial para garantizar eficiencia y transparencia. La seguridad mejoró sustancialmente, y la población percibe mayor tranquilidad y confianza en las instituciones.

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¿En ese proceso hubo tensiones con otras ramas del poder?

Sí, en la rama judicial hubo recelo interno y denuncias sobre persecuciones laborales porque muchas personas fueron destituidas y se suprimieron cargos. Se hizo una depuración gigante en la justicia que hizo que todo funcionara y que fuera ágil. Evidentemente, y el libro también lo acepta, se cometieron errores y el mismo presidente lo ha aceptado, más de 8.000 personas fueron detenidas pero las pruebas no los vinculaban directamente con las pandillas. Pero una justicia que analiza más de 14.000 casos para lograr soltar a 8.000 personas en menos de dos años, pues es una justicia ágil. Para llegar a eso se tuvieron que tomar decisiones muy difíciles y muchísimas impopulares, pero necesarias. Creo que los resultados las justifican.

¿Y la relación con el Congreso?

Desde 2021 el Congreso tiene mayoría del partido del presidente, alrededor del 80% o más, entonces las normas salen alineadas con las políticas del gobierno.

¿Cómo se financió este plan? ¿Y cuáles han sido los beneficios para la economía?

Hubo préstamos, apoyo internacional, sobre todo en tecnología. El Salvador es un país pobre y el esfuerzo fue gigantesco. También hubo inversión social que no siempre se visibiliza para la retoma de los territorios.

¿Hubo errores o desafíos en el proceso?

Sí. Más de 8.000 personas fueron detenidas y luego sobreseídas, y las cárceles enfrentaron problemas iniciales por la cantidad de internos. Sin embargo, se realizaron ajustes para corregir los errores y garantizar la sostenibilidad del modelo.

¿Es replicable este modelo en Colombia?

No de manera idéntica, porque cada país tiene contextos distintos. Pero sí se pueden aplicar principios: análisis técnico de los sistemas, depuración de corrupción y estrategias adaptadas a la realidad local. En Colombia, por ejemplo, sería clave un enfoque estructural sobre el sistema carcelario y la justicia para reducir hacinamiento, agilizar procesos y restaurar la confianza ciudadana.

¿Cómo funciona la justicia y el sistema carcelario en El Salvador?

Las cárceles no son privadas; se mantuvieron los mismos guardias, pero se cambiaron incentivos para que actuaran con integridad. La justicia aplica la ley sin excepciones, incluso para funcionarios públicos y para delincuentes de cuello blanco. Se depuró la rama judicial, eliminando jueces corruptos y agilizando los procesos para garantizar eficacia.

¿El modelo es sostenible?

Sí. Se construyó sobre bases estructurales sólidas y la sociedad valora la seguridad y la transparencia logradas. Los ciudadanos defienden los cambios porque les permiten vivir sin el yugo de la corrupción y de las pandillas.

¿Qué responde a las críticas sobre autoritarismo o dictadura?

Se han presentado denuncias internacionales y críticas mediáticas, pero todo se maneja dentro de los parámetros legales. Además, la popularidad del presidente —cerca del 95%— refleja la aceptación social de las políticas implementadas.

¿Dónde se consigue el libro?

“El método Bukele” está disponible en Amazon y próximamente en librerías. Los fondos se destinan a hogares para niños en El Salvador, hijos de pandilleros que quedaron sin papás.

¿A qué se dedica actualmente?

Volví a la docencia universitaria y trabajo como consultor internacional en derechos humanos.