El exceso de confianza: un riesgo que debilita relaciones y equipos
Exceso de confianza: riesgo que debilita relaciones

En diversas columnas he mencionado la importancia de la confianza para trabajar en equipo. Es, sin duda, el pegamento clave para las relaciones y para tener equipos de alto rendimiento. Sin embargo, como todo en la vida, los extremos suelen ser nocivos. El exceso de confianza debilita las relaciones y puede convertirse en abuso de poder, según advierte Claudia Dulce Romero, directora de la sede principal del Politécnico Internacional.

La confianza en el ámbito familiar

A nivel familiar, solemos ser más duros con nuestra pareja, hermanos, papá o mamá. En el hogar nos desahogamos o tomamos represalias por un mal día porque estamos en un lugar de confianza. Somos más directos, a veces más injustos o crueles, en la forma de comunicarnos y de actuar porque creemos, erróneamente, que siempre habrá una reconciliación.

Este comportamiento, aunque común, refleja una falta de límites que puede erosionar los lazos afectivos. La confianza no debe ser una excusa para la falta de respeto o la crueldad, sino un espacio de cuidado mutuo.

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El exceso de confianza en el entorno laboral

En lo profesional, cargamos a nuestros mejores empleados. Nos gusta tanto su forma de trabajar que les delegamos lo más importante, los empoderamos para hacer realidad los proyectos clave y los invitamos a todas las reuniones porque queremos que estén al tanto de toda la información. Con discursos como “queremos que crezcas” y “en un futuro asumirás mi cargo”, podemos llevarlos a niveles exagerados de trabajo.

Lo mismo sucede con los integrantes del equipo con quienes existe una larga historia y una cercanía entrañable. Llegamos tarde a las reuniones porque “ya saben cómo somos”, lo que se traduce en una falta de respeto constante. Pedimos favores que sabemos que solo esa persona hará porque siente que debe algo a cambio. Les hablamos con un tono que no usamos con nadie más porque pensamos, de nuevo erróneamente, que no se van a ir.

Las consecuencias del exceso de confianza

Por eso tanta confianza da asco. Porque nos hace olvidar los límites que debemos tener con quienes más queremos, nos vuelve ciegos ante el daño que les causamos a quienes más valoramos y nos hace creer que el afecto justifica el exceso cuando, en realidad, solo lo disfraza.

En el liderazgo se aconseja no caer en la trampa de disfrazar el abuso de confianza con reconocimiento. Y si existen dudas, vale la pena identificar a esa persona del equipo en quien más se confía y hacerse las preguntas incómodas: ¿cómo se siente realmente?, ¿qué estoy normalizando que no debería?, ¿tiene una carga laboral adecuada para su cargo? Con el paso del tiempo, la confianza se fortalece, pero si no se cuida, se agota.

Cómo cuidar la confianza sin caer en excesos

Debería ser una prioridad cuidar a quienes más nos importan. El exceso de confianza no es un halago; al contrario, es motivo de vergüenza cuando nos damos cuenta de que la persona que más nos aguanta no lo hace porque esté bien, sino porque nos quiere demasiado como para decirnos que no. Esa lealtad no merece ser cobrada; merece ser correspondida.

Romero concluye que la confianza debe ser un espacio de respeto y reciprocidad, no una licencia para el abuso. Los líderes deben estar atentos a las señales de agotamiento en sus equipos y evitar normalizar conductas que, a la larga, destruyen la confianza que tanto valoran.

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