Analistas intentan comprender el caos que se instaló en Estados Unidos desde la segunda asunción de Donald Trump. Las periodistas Naomi Klein y Astra Taylor sostienen que, en un contexto de cambio climático acelerado, nos enfrentamos a un fascismo del fin de los tiempos. Una de sus características es la concentración de poder y riqueza en pocas manos. Ha emergido una clase oligárquica que opera bajo la premisa de que si usted es lo suficientemente rico, no hay reglas. Esta premisa se ofrece al votante como mentalidad y promesa de un mundo dividido entre ganadores y perdedores. El desprecio por el débil se convierte en identidad política, y ahí radica su atractivo electoral: aunque la mayoría nunca compartirá la fortuna de los oligarcas, sí puede compartir el placer de patear hacia abajo (contra los pobres que reciben subsidios y los inmigrantes, culpables de que el país no despegue).
Características del fascismo del fin de los tiempos
Otra característica es la convicción de los líderes de la derecha y sus aliados millonarios de que pueden abandonar sus países y sus responsabilidades para vivir donde mejor les convenga. Klein y Taylor describen ese credo: quienes tienen modo tienen derecho a desentenderse de las obligaciones de la ciudadanía, empezando por los impuestos y las regulaciones engorrosas. Algunos sueñan con retirarse a paraísos privados protegidos por mercenarios; otros aplican la misma lógica a escala nacional y quieren convertir sus países en fortalezas armadas, sin inmigrantes ni solidaridad, donde la ciudadanía sea privilegio de unos cuantos y los demás sean expulsables y encarcelables. La premisa de fondo es que el planeta se dirige a un cataclismo y llegó la hora de decidir qué partes de la humanidad merecen salvarse.
Este fascismo del fin de los tiempos se caracteriza también por su misoginia. Si usted es lo suficientemente rico, está seguro de que las reglas no aplican para usted, incluidas las que protegen los cuerpos de las mujeres y las niñas. Por eso el escándalo que persigue a esta élite son los archivos de las redes de explotación sexual de Epstein, que durante años puso adolescentes a disposición de hombres poderosos con total impunidad.
Paralelos en Colombia
No es de extrañar que, si el fascismo del fin de los tiempos hace fiestas en Estados Unidos, tenga su contraparte entre nosotros. A fin de cuentas, nuestros destinos han estado siempre ligados (casi siempre para mal de Colombia). Solo tres cosas para mostrar el paralelo con la campaña de la derecha.
Acumulación grosera
La primera, la acumulación grosera. Según perfiles publicados por El Colombiano, Pulzo e Infobae, De la Espriella creció como “un riquito de pueblo” y hoy es dueño de un penthouse en Bogotá que podría costar unos dos millones de dólares, un apartamento en Cartagena, una casa en Córdoba, otra en Coral Gables de unos cinco millones de dólares, un avión privado y una villa en Italia. El candidato presume: “Cuando hacía una consulta... cobraba cerca de ocho o nueve millones de pesos por escuchar a una persona durante 40 minutos”, y sus honorarios como abogado “oscilaban entre 500, 600, 700 mil dólares, incluso hasta 1, 2 o 3 millones de dólares, dependiendo de la complejidad y la importancia del caso... Saquen cuentas”. Su firma de abogados declara activos superiores a 39.000 millones. En 2006 reportó utilidades por más de 1.000 millones y para 2017 ya superaba los 22.000 millones. Se toma fotos en jet privado, en Rolls-Royce Phantom y en sus casas de Miami, Bogotá y la campiña italiana. Explica su credo de ganar siempre, sin importar el precio ni la ética. En entrevistas con Eva Rey y con Juanpis lo expone: “Yo tengo una visión de la vida bien interesante, y es que lo importante no es participar sino ganar”. Ganar fue, durante dos décadas, su negocio: defendió ante la justicia al jefe paramilitar Salvatore Mancuso, al estafador David Murcia, a alias Boliche, Macaco, Mono Abello, Papá Pitufo y Tuso Sierra, además de asesorar a miembros del clan Nule (grandes ladrones de la contratación pública).
Desarraigo nacional
La segunda, que, como los grandes millonarios de Estados Unidos, De la Espriella no está amarrado por nación ni por raíz alguna: tiene ciudadanía estadounidense desde 2023 y ciudadanía italiana desde 2024. Su esposa, Ana Pineda, lo ha resumido (“si perdemos no pasa nada porque ya tenemos una vida resuelta, vivimos maravilloso… estamos en otro país. Si queremos vamos a Colombia, si no, no”). El propio Papucho lo había dicho antes: “No voy a sacrificar a mi familia por este país de desagradecidos, desleales y cafres”.
Desdén por las mujeres
La tercera, su desdén por las mujeres en cualquier rol que no sea atenderlo. Su campaña tiene poquísimas mujeres y el patrón de desprecio viene de lejos. De la Espriella defendió al pastor Álvaro Gámez, quien tenía medida de aseguramiento carcelario por los delitos de acceso carnal a persona en condición de discapacidad y acceso carnal abusivo con menor de 14 años (entre otros). El abogado descalificó a las denunciantes y anunció acciones judiciales contra ellas. Les dejó claro que podían denunciar, pero les iba a salir caro. Hace algunas semanas le pidió a Laura Rodríguez, la única mujer que lo entrevistaba junto a otros tres hombres, que hiciera zoom a una fotografía suya en la entrepierna: “Esa foto la podemos publicar, porque con esa foto me gané unos votos bien bacanos del electorado femenino (...) ¿Qué ves aquí, cariño? Acércala, hazle zoom (...). No, mi amor, ¿pero qué más ves? No seas tímida”.
Por Tatiana Acevedo Guerrero



