La estrecha diferencia registrada en la segunda vuelta presidencial dejó una conclusión compartida entre analistas económicos, tributarios y jurídicos: el próximo gobierno enfrentará el reto de gobernar para un país dividido prácticamente por mitades. El resultado preliminar favorece a Abelardo de la Espriella, pero expertos consultados por Portafolio coinciden en que la gobernabilidad, la construcción de consensos y la capacidad de diálogo serán factores determinantes para garantizar estabilidad política y económica durante los próximos cuatro años.
La magnitud del desafío en cifras
Con el preconteo finalizado y los escrutinios a punto de terminar, Abelardo de la Espriella obtuvo 12,9 millones de votos frente a los 12,7 millones de Iván Cepeda. La diferencia fue de 250.830 sufragios, equivalente al 0,96%, una de las más estrechas registradas en una segunda vuelta presidencial. Para Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, el dato político de fondo es que Colombia eligió a su próximo mandatario con un margen reducido en un contexto de alta participación ciudadana. Acudieron a las urnas 26,3 millones de personas, equivalentes al 63,6% del censo electoral, la participación más alta de la historia reciente bajo un sistema de voto voluntario.
Ese elemento fortalece la legitimidad democrática del resultado, pero no elimina la necesidad de construir acuerdos con una ciudadanía que expresó visiones políticas profundamente distintas sobre el rumbo del país. Otro dato que ayuda a dimensionar el escenario es el comportamiento del voto en blanco: los 426.848 sufragios obtenidos superaron la diferencia entre los dos candidatos. “El próximo presidente llega con menos margen del que representó el rechazo a ambas opciones”, señala Gutiérrez.
Construir consensos en un país dividido
La coincidencia entre los expertos es que el principal examen del nuevo gobierno comenzará incluso antes de la posesión presidencial. Más allá de la victoria electoral, la tarea inmediata será construir confianza en sectores políticos, económicos y sociales que no respaldaron al ganador. Natalia García, socia de la firma Pérez-Llorca Gómez-Pinzón, considera que el principal reto será transformar la confrontación electoral en una capacidad efectiva de concertación. “Estamos en un país dividido en el que la diferencia en votos fue de menos del 1% entre ambos candidatos presidenciales. El principal reto del Presidente electo será transformar la confrontación actual en un gobierno que permita construir consensos”, afirma.
La abogada advierte que esa necesidad se reflejará directamente en la agenda legislativa, donde las reformas más importantes dependerán de alianzas políticas y acuerdos con distintas fuerzas representadas en el Congreso. En un escenario de fragmentación política, la construcción de mayorías será una condición indispensable para avanzar en cualquier iniciativa estructural.
David López Castaño, socio director de Impuestos de Russell Bedford Medellín, coincide con esa visión. A su juicio, la principal lectura que deja la elección es que Colombia no otorgó un cheque en blanco. “Su principal reto será gobernar para un país que quedó dividido prácticamente en dos visiones”, sostiene. El experto agrega que la estabilidad institucional dependerá de la capacidad del nuevo mandatario para escuchar a quienes no votaron por él, ofrecer garantías a la oposición y mantener coherencia con los principios que marcaron su campaña.
El Congreso: primera prueba de gobernabilidad
Si existe un escenario donde se medirá rápidamente la capacidad política del nuevo gobierno, ese será el Congreso de la República. Los analistas coinciden en que las expectativas económicas deberán enfrentarse a una realidad legislativa mucho más compleja. Lorena Gutiérrez señala que el movimiento Defensores de la Patria no cuenta con mayorías propias, mientras que el Pacto Histórico seguirá siendo la principal fuerza legislativa. Esto implica que la gobernabilidad dependerá de la capacidad para construir puentes con sectores independientes y con partidos de oposición.
“La gobernabilidad no se resuelve con un acuerdo nacional, sino construyendo interlocución con las bancadas independientes y con la derecha”, explica. En ese contexto, anticipa que la elección del Contralor será una de las primeras señales sobre el verdadero músculo político del gobierno entrante. La académica considera que de ese pulso institucional dependerá buena parte de la lectura que harán los mercados y los distintos actores económicos sobre la viabilidad de la agenda gubernamental.
La economía exige acuerdos además de liderazgo
La necesidad de consensos adquiere una relevancia especial por el contexto económico que enfrentará el próximo gobierno. Los expertos coinciden en que el país mantiene desafíos estructurales que no desaparecen con el resultado electoral. Gutiérrez recuerda que el nuevo presidente recibe unas finanzas públicas tensionadas por un déficit fiscal cercano al 6,4% del PIB. Según su análisis, la elección define el rumbo político, pero no modifica las restricciones económicas que condicionarán las decisiones de política pública durante los próximos años.
David López identifica tres prioridades inmediatas: finanzas públicas, confianza para invertir y estabilidad regulatoria. A su juicio, las empresas necesitan señales claras para invertir, contratar y sostener sus operaciones, mientras que los hogares requieren certidumbre para tomar decisiones relacionadas con consumo, ahorro y crédito. La discusión sobre gobernabilidad también aparece ligada a las expectativas de los mercados. Aunque algunos activos reaccionaron positivamente tras la elección, los expertos advierten que muchas de esas respuestas están asociadas a expectativas futuras y no a transformaciones concretas ya materializadas.
Para Natalia García, la gobernabilidad también pasa por un componente social. “El Presidente electo prometió garantías para la oposición, y hay que reconocer que está conformada por la mitad de nuestro país”, señala. En esa misma línea, considera que la polarización solo podrá reducirse mediante mayor empatía hacia quienes respaldaron otras opciones políticas. “Con mayor empatía por quienes no votaron por el Presidente electo, fortaleciendo los espacios de diálogo para tender puentes y construir desde las diferencias”, afirma.
Las tres voces coinciden en un punto central: la estabilidad dependerá de la capacidad para construir consensos. En un país que acudió masivamente a las urnas y que terminó dividido por un margen inferior al 1%, el verdadero desafío será demostrar que puede gobernar para quienes celebran la victoria y también para quienes hoy observan el nuevo ciclo político desde la oposición.



