Sensibilidad narcocultural en campañas: análisis de Catalina Uribe
Sensibilidad narcocultural en campañas: análisis de Uribe

Catalina Uribe, en un análisis publicado recientemente, reflexiona sobre la presencia de una sensibilidad narcocultural en la campaña de Abelardo de la Espriella, sin necesidad de calificarlo directamente como “narco”. La autora establece un paralelismo con la campaña “Narcostore”, creada por Ogilvy Colombia y la Fundación Colombia con Memoria, que buscaba contrarrestar el auge de los tours y mercancía de Pablo Escobar.

La campaña Narcostore: una estrategia fallida

Narcostore simulaba una tienda en línea con productos inspirados en Pablo Escobar, como camisetas con sus fotos icónicas y llaveros de hipopótamos. La página web empleaba un tono de fascinación por el capo y su mundo sin ley, lleno de lujos. Sin embargo, cuando el usuario intentaba comprar, era redirigido a un video con testimonios de familias víctimas del narcotráfico. En el video, con música triste y fondo negro, aparecía Magdalena Gómez, viuda de Nacho Vargas, quien falleció en un atentado de Escobar. Ella lloraba y pedía no invertir dinero en artículos del asesino. A pesar de tener más de 200 productos como anzuelo y buscar apoyar a más de 10,000 familias afectadas, el proyecto no logró calar en la audiencia.

Uribe comenta que al discutir esta pieza con estudiantes, la mayoría admite que detiene el video al llegar al momento de las víctimas. No por falta de empatía, sino porque la narrativa los había seducido previamente con otra lógica: primero ofreció una tienda, luego invitó al duelo. Activó el consumo antes que la memoria, y la memoria presentada como culpa, fondo negro y música melancólica suele perder contra la espectacularidad de la mercancía.

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La campaña de De la Espriella: estética narcocultural

La autora aplica esta reflexión a la segunda vuelta electoral entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. Señala que De la Espriella no necesita ser llamado “narco” para que se reconozca en su campaña una sensibilidad narcocultural: una estética de fuerza, lujo, virilidad, castigo, patria como emblema y política como marca. Desde el inicio, se ofrece al votante comprar una identidad emocional basada en el rugido, la defensa, la guerra y la fuerza.

En contraste, Iván Cepeda no encarna esa sensibilidad. No hay en él la estética de la hacienda, el exceso o la amenaza. Representa el reverso: la memoria de las víctimas, los cuerpos dolientes, la insistencia en lo que no debe olvidarse. Su imagen se asocia al dolor, a un duelo que no se cierra, que persiste y se expresa en irritabilidad y vacío. Cepeda se presenta como una memoria sin forma que se repite sin elaboración, atrapado y operando sin resolución en el presente.

La tentación de competir en el mismo registro emocional

Uribe advierte que, en lugar de abrir un horizonte de esperanza y futuro, como lo hizo Francia Márquez en su momento, aparece la tentación de responder dentro del mismo registro emocional: el de la espectacularidad, la confrontación y la transgresión. Algunos sectores de la izquierda han sugerido que la única forma de competir con ese lenguaje es intensificarlo, con más Petro, más mentiras, más discordia. Sin embargo, esa lógica es similar a que Narcostore hubiera optado por cambiar el tipo de víctima: ya no la que interpela desde el dolor, sino la que lo hace desde la rabia o la venganza.

En ambos casos, la política queda atrapada en una economía emocional que sustituye la deliberación por el impacto. El problema no es solo la campaña de Narcostore, sino su lección involuntaria: no basta con denunciar la fascinación por lo narco si al mismo tiempo se sigue compitiendo dentro de sus términos. Lo que está en juego no es solo quién gana la elección, sino qué tipo de sensibilidad política se consolida.

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