La teoría del 'voto fusil' y su cuestionamiento
Tras la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026, resurgió con fuerza la tesis del 'voto fusil', que sostiene que la presencia de grupos armados ilegales determina el comportamiento electoral en las regiones más afectadas por el conflicto. Esta idea se popularizó especialmente luego de que Iván Cepeda obtuviera resultados destacados en varios municipios del Pacífico y del sur del país.
Sin embargo, una revisión detallada de los resultados electorales en los 167 municipios donde operan los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) —las zonas más golpeadas por la guerra— revela un panorama mucho más complejo que contradice esa simplificación.
Municipios PDET: un mosaico político diverso
Los municipios PDET no constituyen un bloque político homogéneo. Aunque comparten altos niveles de afectación por el conflicto, en ellos convergen realidades muy distintas: desde el Pacífico y el Catatumbo hasta el Bajo Cauca antioqueño, el sur de Córdoba, los Montes de María, Arauca, Putumayo y la Amazonía. Cada uno de estos territorios posee historias electorales, composiciones sociales y dinámicas de conflicto profundamente diferentes.
Además, las preferencias políticas en estas zonas no surgieron de manera repentina en esta elección. En muchos municipios del Pacífico y del sur, el apoyo a sectores alternativos, de izquierda o cercanos a las agendas de paz se viene registrando desde varios procesos electorales anteriores, incluso antes de la firma del Acuerdo de Paz de 2016.
Resultados electorales que desafían la teoría
Los resultados de la segunda vuelta muestran que la presencia de grupos armados no generó un comportamiento electoral uniforme. Mientras Cepeda obtuvo algunos de sus mayores porcentajes en municipios de Nariño, Cauca, Putumayo y Chocó, Abelardo de la Espriella también logró victorias contundentes en zonas con presencia histórica del ELN, las disidencias de las FARC o el Clan del Golfo.
En el Catatumbo, por ejemplo, aunque Cepeda tuvo resultados destacados en varios municipios, De la Espriella se impuso en Tibú y Sardinata, dos de los territorios más emblemáticos del conflicto armado contemporáneo. En Antioquia, el candidato conservador también ganó en buena parte del nordeste y del Bajo Cauca, regiones donde hoy se concentran algunas de las disputas más intensas entre organizaciones ilegales.
Investigadores advierten contra la simplificación
Para distintos investigadores, el debate en torno al 'voto fusil' corre el riesgo de simplificar fenómenos mucho más amplios relacionados con la exclusión histórica, la relación entre las comunidades y el Estado, las agendas locales de desarrollo, la implementación del Acuerdo de Paz y las distintas visiones sobre seguridad presentes en cada territorio.
Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), explicó que no se puede hablar de votaciones atípicas o extraordinarias sin una comparación temporal. "Para que algo sea atípico se tiene que comparar consigo mismo y en el tiempo. Solo un 0,56% de las mesas del 2026 tuvieron 100% de votos. No todas estas ocurren en zonas de control; de hecho, muchas son zonas de disputa donde es difícil lograr ese control", señaló.
Bonilla agregó que "lo más importante es que ya ha ocurrido en el pasado y corresponde a zonas rurales donde efectivamente un grupo de población tiene tendencias históricas muy definidas: las zonas indígenas votan mayoritariamente a la izquierda, y en el caso de De la Espriella esas zonas han votado tradicionalmente a la derecha".
Estudios respaldan la complejidad del voto
Michael Weintraub, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) de la Universidad de los Andes, encontró que los municipios con presencia de grupos armados registraron un crecimiento mayor de la participación electoral que aquellos donde no operan estas organizaciones. Sin embargo, ese fenómeno no se tradujo en una mayor polarización ni en ventajas sistemáticas para ninguno de los candidatos.
El investigador Jorge Mantilla también ha cuestionado la teoría del 'voto fusil', señalando que esta explicación desconoce la complejidad política y social de regiones que durante décadas han convivido con distintos actores armados, reduciendo las decisiones electorales de millones de ciudadanos a una explicación basada exclusivamente en la coerción.
La controversia tras las declaraciones de un concejal
El 25 de junio, la Agencia de Renovación del Territorio (ART) pidió no estigmatizar a las comunidades de las zonas PDET ante las declaraciones de Andrés Gury Rodríguez, concejal de Medellín, quien señaló que "los próximos ataques y bombardeos tienen que ser dirigidos a esas zonas (donde ganó Cepeda) porque en esas zonas están los bandidos".
La entidad calificó estas declaraciones de irresponsables y recordó que "en los territorios PDET habitan más de cinco millones de compatriotas, que en su mayoría hacen parte de comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas que a través del tiempo han padecido el rigor del conflicto armado y el abandono estatal".
Injerencia armada: un riesgo real pero no determinante
No obstante, no se puede desconocer la influencia de los grupos armados en las elecciones. La Misión de Observación Electoral (MOE) advirtió en su informe de febrero de 2026 que el 96,4 % de los municipios donde se votaban las curules de paz —que coinciden con los PDET— presentaba algún nivel de riesgo por injerencia de grupos armados ilegales, frente al 76 % registrado en 2022, lo que confirma una tendencia de deterioro sostenido de las condiciones para el ejercicio democrático en estas zonas.
Además, el 27,4 % de todos los municipios del país con riesgo por injerencia armada pertenece a alguna Citrep, lo que refuerza su papel como epicentro del riesgo electoral asociado al conflicto armado.
La controversia, en definitiva, no gira únicamente en torno a quién ganó en determinados municipios, sino sobre la capacidad de reconocer a las poblaciones de las regiones más afectadas por la guerra como actores políticos con preferencias propias, en una elección definida por apenas unos 250.000 votos de diferencia en todo el país.



