Amaranta Hank llega al Congreso para impulsar regulación del trabajo sexual en Colombia
La llegada de Amaranta Hank al Congreso de la República ha generado un intenso debate nacional sobre los derechos de las trabajadoras sexuales en Colombia. La comunicadora, activista y creadora de contenido, cuyo nombre real es Alejandra Omaña, se ha convertido en una de las nuevas figuras del Pacto Histórico y desde este espacio legislativo ha anunciado que impulsará iniciativas para regular y reconocer formalmente el trabajo sexual como una actividad laboral legítima.
De periodista a activista por los derechos sexuales
Amaranta Hank se dio a conocer inicialmente como periodista y columnista, pero su trayectoria pública tomó un rumbo diferente cuando comenzó a trabajar en la industria del entretenimiento para adultos. Esta experiencia, según ha explicado en numerosas ocasiones, fue determinante para comprender de primera mano las condiciones precarias en las que muchas mujeres ejercen el trabajo sexual, tanto en escenarios tradicionales como en plataformas digitales emergentes.
Con el paso del tiempo, su activismo se centró específicamente en la defensa de los derechos sexuales y laborales de quienes trabajan en este sector, así como en la lucha frontal contra el estigma social que rodea persistentemente esta actividad. En redes sociales y en distintos espacios públicos, Hank ha defendido consistentemente la idea de que el trabajo sexual es una realidad económica y social que existe en Colombia y que, por lo tanto, debería contar con marcos legales específicos que garanticen derechos básicos fundamentales.
El camino al Congreso con el Pacto Histórico
La ahora senadora llegó al Congreso tras el proceso interno de definición de candidaturas dentro del Pacto Histórico. En la coalición se realizó una votación democrática entre los movimientos y organizaciones que integran el bloque político para definir quiénes ocuparían las curules dentro de la lista cremallera establecida.
En este proceso político, Amaranta Hank logró consolidar el respaldo suficiente para hacer parte del Congreso, lo que la convirtió en una de las figuras más llamativas y polémicas dentro del nuevo mapa político del movimiento progresista. Su llegada al escenario legislativo ha captado la atención nacional no solo por su pasado en la industria para adultos, sino especialmente por el enfoque innovador de las propuestas que ha planteado desde su aspiración al Senado de la República.
Propuesta regulatoria para el trabajo sexual
Uno de los ejes centrales de la agenda legislativa que ha planteado Hank es la creación de marcos regulatorios específicos para el trabajo sexual en Colombia. Su propuesta apunta directamente a reconocer esta actividad como un trabajo existente en la realidad social del país y establecer garantías jurídicas claras para quienes lo ejercen voluntariamente.
Entre los puntos específicos que ha mencionado públicamente están:
- La posibilidad de acceso real a seguridad social integral
- Mecanismos efectivos de protección frente a violencias laborales
- Condiciones laborales dignas y reguladas
- Reconocimiento de nuevas dinámicas digitales del sector
Además, su planteamiento incluye no solo la prostitución tradicional, sino también las nuevas dinámicas del trabajo sexual en internet, como el modelaje webcam o la creación de contenido exclusivo en plataformas de suscripción especializadas. Según ha explicado detalladamente, su intención principal es abrir una discusión legislativa seria sobre un sector económico que, a su juicio profesional, ha permanecido durante décadas en la informalidad absoluta y sin garantías jurídicas mínimas.
Debates y controversias alrededor de la propuesta
La propuesta de regular formalmente el trabajo sexual no ha estado exenta de polémica intensa. Mientras algunos sectores sociales y políticos consideran que la regulación podría ofrecer mayor protección legal y reconocimiento laboral a miles de trabajadoras, otras voces críticas, especialmente dentro de corrientes específicas del feminismo contemporáneo, han cuestionado profundamente la iniciativa legislativa.
Quienes se oponen argumentan consistentemente que este tipo de medidas regulatorias podrían legitimar peligrosamente dinámicas estructurales de explotación y violencia sistemática contra las mujeres, por lo que plantean enfoques alternativos más cercanos al abolicionismo progresivo. Este debate promete extenderse en los próximos meses mientras Hank avanza con su propuesta en el Congreso colombiano.



