Un llamado urgente: Colombia necesita un Congreso sin transaccionalidad para su desarrollo
El recién elegido Congreso de la República, que llevará las leyes del país hasta el año 2030, asume sus funciones en un contexto de baja favorabilidad institucional y tiene ante sí la monumental tarea de transformar radicalmente la manera de legislar en Colombia. Esta nueva corporación legislativa representa una oportunidad única para cambiar el rumbo de la nación.
La oportunidad histórica de transformación
Todas las democracias del mundo están expuestas a grandes revoluciones que transforman los países y marcan sus destinos de manera definitiva. En Colombia puede gestarse precisamente una de esas revoluciones que lleve al país a un nivel superior de desarrollo, pero esto solo será posible si el Congreso elegido así lo decide. Se trata de una revolución que debe liquidar la transaccionalidad habitual que ha estado presente durante siglos en la Cámara de Representantes y el Senado, permitiendo así la construcción de una coalición fuerte con el nuevo Ejecutivo que comprenda los complejos retos de la Colombia del siglo XXI.
La realidad del nuevo Congreso
Las últimas elecciones legislativas no produjeron una renovación masiva en la Cámara y el Senado, pero sí introdujeron una nueva piel política que puede asumir el reto de realizar las tareas pendientes y abordar todos los asuntos inconclusos de un país que aún lucha contra el subdesarrollo y está carcomido por múltiples precariedades. El Congreso de la República no es precisamente una institución que goce de gran reputación entre la ciudadanía; la burocracia excesiva, los contratos opacos y el lobby de intereses particulares se han convertido en un pecado pendiente de resolver. Esta debe ser la oportunidad definitiva para alejarse de esas viejas prácticas que mantienen al Legislativo en una zona de muy mala imagen pública.
El tridente necesario para el progreso
Colombia es un país tripartito donde las cortes, el Ejecutivo y los congresistas deben funcionar como un tridente coordinado para sacar adelante a la sociedad. Sin embargo, si el dinero del presupuesto general (que asciende a $560 billones) continúa siendo utilizado como aceite para que el Legislativo opere, se consolida el sistema perverso del cual el país no ha podido liberarse. Los senadores y representantes recién elegidos son ahora los principales responsables de romper ese círculo vicioso que hasta ahora ha mantenido una corrupción enquistada y creciente.
Este es el ciclo que se debe romper urgentemente:
- Que los nuevos congresistas -y aquellos veteranos que repiten período- no se dejen comprar por puestos públicos, embajadas, ministerios o contratos
- Que desarrollen ideas claras sobre el desarrollo regional
- Que potencien sectores económicos que contribuyan a un sistema tributario más racional
- Que trabajen para derrotar la informalidad laboral y comercial
- Que comprendan que la Colombia de hoy se ha consolidado como un país de regiones que necesita urgentemente autonomías tributarias y mucha más autodeterminación en asuntos cruciales como la educación, la salud y todas las infraestructuras
El Congreso como piedra angular del desarrollo
El nuevo Congreso de la República representa esa piedra angular ideal para impulsar al país en términos de Producto Interno Bruto y de ingreso per cápita. La economía colombiana necesita desesperadamente que quienes llevarán las riendas del país hacia la cuarta década del siglo XXI no sean inferiores al reto de comprender que:
- La corrupción no tiene espacio en el país moderno
- La vieja manera de hacer política con maquinarias electorales está mandada a recoger
- Si aspiran a ser congresistas profesionales, deben leer e interpretar genuinamente los intereses de sus electores
La representación que Colombia merece
Es fundamental que Colombia cuente con un Congreso que represente no solo las regiones en la Cámara de Representantes, sino que tenga a los mejores ciudadanos en el Senado, con una entereza nacional inquebrantable. Se necesita un Congreso que no sea monolítico con las mismas iniciativas de siempre, sino plural en los planes y proyectos de trascendencia como:
- Las reformas estructurales al sistema de salud
- La transformación del sistema educativo
- La modernización del sistema de pensiones
- Planes a largo plazo de crecimiento económico sostenido
Al Congreso que se instalará en julio de este año le corresponderá tejer esos propósitos nacionales que hoy brillan por su ausencia y que son absolutamente necesarios para las nuevas generaciones. La Colombia contemporánea requiere un Legislativo mucho más trabajador, innovador y disruptivo que el de décadas pasadas. El momento de actuar es ahora.



