El futuro del presidente Gustavo Petro está intrínsecamente ligado al fracaso de la izquierda en Colombia y América Latina, así como a su permisividad con el narcotráfico. Nunca entendieron que una cosa era posar de revolucionarios y otra muy distinta gobernar. Creyeron que su militancia en las guerrillas, las amnistías y los múltiples procesos de paz de los últimos 40 años les otorgaban patente de corso para gobernar en contubernio con el crimen organizado.
Petro ante la justicia colombiana
Su conducta como presidente lo ha expuesto ante la justicia colombiana por corrupción y traición a la patria, entre otros delitos. Su decisión de beneficiar a los carteles del narcotráfico a través de la Paz Total lo tiene hoy a dos pasos de un 'indictment' y a una posible extradición a los Estados Unidos.
A pesar de las advertencias que Donald Trump le hizo durante su visita a Washington en febrero pasado, sus acciones recientes no favorecen su causa. Intervino abiertamente en política a favor de Iván Cepeda, utilizando el aparato y el presupuesto estatal para beneficiar al candidato de su preferencia.
El 'voto fusil' y el desconocimiento electoral
Orquestó el llamado 'voto fusil' para garantizar una victoria de su candidato en zonas rurales permeadas por el narcotráfico. Y, aunque la trampa no le alcanzó, hoy insiste en desconocer el resultado de las elecciones, alegando un supuesto fraude que nunca existió.
Cada día que pasa, Petro se hunde más en el lodo. Su reciente decisión de reconocer a Iván Cepeda como presidente electo, en contravía de la decisión del pueblo colombiano, y alegar que Abelardo De La Espriella no ganó limpiamente, como lo ha certificado la autoridad electoral con el pleno respaldo de la operación de observación electoral internacional más robusta de la historia, es la prueba fehaciente de que Petro nunca ha sido un demócrata.
Crisis institucional y amenaza a la democracia
Sus trinos -por poco serios que parezcan- empiezan a generar una crisis institucional sin precedentes que es necesario responder con todo el peso de la ley. El presidente electo, Abelardo De La Espriella, está en la obligación de recibir las declaraciones de Petro y sus secuaces como una abierta amenaza a la democracia y empezar a tomar las acciones legales necesarias para asegurarse de que el próximo 7 de agosto pueda tomar posesión del cargo para el cual fue elegido por más de 13 millones de colombianos.
Entiendo su decisión de suspender las labores de empalme, pero, si yo fuera parte del equipo de Abelardo, me plantaba a las afueras de cada ministerio o entidad estatal, con megáfono en mano, exigiendo la documentación necesaria y haciendo ejercicio de rendición de cuentas de manera pública y abierta frente a todos los colombianos, exponiendo la incompetencia y la corrupción del gobierno saliente.
El posible destino de Petro
A esta altura del partido, Petro no ha entendido que el menor de sus problemas es estar incluido en la lista Ofac del Departamento del Tesoro y haber perdido su visa a Estados Unidos. Al paso que va, terminará en una celda en Estados Unidos, vestido de naranja, al lado de sus amigos Nicolás Maduro, Alex Saab y Simón Trinidad. Sus activos congelados en Europa, Suiza o Dubái, y su familia -incluyendo a su exesposa, Vero Alcocer- brincando por el mundo como los hijos de Pablo Escobar, buscando asilo en algún país como consecuencia de la irresponsabilidad de un padre que no los crio y los sacrificó en el altar de su ego mesiánico.



