Una reflexión incómoda en medio de la celebración del Día de la Mujer
Durante una reciente conmemoración del Día de la Mujer, tuve la oportunidad de dirigirme a un grupo de padres presentes. Aproveché ese espacio para plantear una pregunta directa: ¿Qué pensaron cuando supieron que su hijo sería mujer? Las respuestas, cargadas de emoción, fueron unánimes: felicidad, la más grande alegría. Incluso, uno de ellos intentó destacar que las hijas mujeres tienen la particularidad de acompañar a sus padres hasta el final de sus días.
La carga del estereotipo y la evitación de verdades incómodas
Obviamente, no era la respuesta que buscaba. Esperaba algo menos emotivo y más racional, pero era previsible que surgieran estas reacciones. Muchas personas todavía perciben el Día de la Mujer como una ocasión para exaltar la "feminidad" o la naturaleza "única" de las mujeres, en lugar de reflexionar críticamente sobre cuánto se ha avanzado en materia de equidad de género. Tendemos a evitar las verdades incómodas, a discutir en voz baja lo que nos atormenta, y a esconder nuestros miedos y preocupaciones detrás de sonrisas forzadas.
La realidad detrás del privilegio paternal
Quiero creer que los hombres que aman a sus hijas se preocupan genuinamente y son conscientes de que requerirá un mayor esfuerzo protegerlas y asegurarles un futuro. Sí, es natural confiar en que serán lo que deseen gracias al apoyo de sus padres, pero es crucial reconocer que esto forma parte de un privilegio creado en una burbuja, no una garantía generalizada que las proteja cuando sus padres "cuidadosos" falten.
La respuesta honesta que anhelaba era la de quien sabe que su hija la tendrá difícil, que habría sido un poco más fácil si nacía varón porque:
- Con menos frecuencia sufriría acoso sexual por parte de compañeros o jefes
- Sería menos propensa a que la molesten en la calle o reciba toques indebidos
- Enfrentaría menos agresiones o violencia sistemática
Los desafíos concretos que enfrentan las mujeres
Con mucho más esfuerzo, su hija obtendrá un buen salario, tendrá que soportar que la miren como un objeto y que sus ideas sean minimizadas. Se sentirá triste cuando quiera hablar y no pueda, o cuando solo la escuchen por ser bonita. Y si no cumple con los estándares de belleza, la exclusión será aún más dura, enfrentando otras condenas y necesitando más del abrigo paterno, si es que este la ama como hija; de lo contrario, dependerá de su madre, a quien no le alcanzarán todas sus fuerzas.
Experiencias personales que ilustran la desigualdad
No creo que los padres no piensen en esto. A mi propio padre, amoroso y protector, le aterraba que tomara taxi. Tal vez por eso mi hermano alguna vez pensó que me querían más, pues mi papá hacía lo imposible por llevarme a donde necesitaba ir. Incluso ahora, siendo una mujer adulta, me cuida, sabiendo que es más factible que me ocurra algo a mí que a mi hermano, quien siempre tuvo más libertades.
Muchas veces, cuando mi padre no podía llevarme, simplemente no podía salir. Planes como ir al cine generaban un miedo inmenso en mis padres si iba sola con mis amigas. O una pijamada, ¡qué riesgosa les parecía!
Un llamado a la honestidad y la acción
No sé por qué nos hacemos los de la vista gorda ante verdades tan latentes, por qué permitimos que un positivismo tóxico nos haga siempre romantizar la vida. A los padres amorosos: gracias por su protección, pero no se asombren ni se angustien por nuestro desenfado; es una forma mucho más libre de estar en el mundo. Y cuando somos libres, somos más felices.
La próxima vez que les pregunten en un Día de la Mujer qué sintieron cuando supieron que serían padres de mujeres, no digan simplemente que sus hijas son lindas. Digan que se preocuparon por el mundo que les esperaba. Eso es más amoroso.



