Defensora del Pueblo denuncia que el silencio sobre acoso sexual se rompe, pero las respuestas son insuficientes
Defensora del Pueblo: silencio sobre acoso se rompe, respuestas insuficientes

El silencio protector del acoso se quiebra, pero las instituciones responden con lentitud

En el contexto del movimiento #MeToo en Colombia, que ha destapado numerosas denuncias por acoso sexual en medios de comunicación y espacios de poder, la primera mujer defensora del Pueblo, Iris Marín, se ha pronunciado firmemente en apoyo a las víctimas. "Estamos presenciando cómo el silencio que protegió el abuso de poder y el acoso se está desplomando", declaró la funcionaria, destacando que este fenómeno no es marginal sino profundamente estructural.

Casos emblemáticos que evidencian un problema sistémico

Marín enumeró varios hechos recientes que demuestran la magnitud del problema:

  • El pronunciamiento de Caracol Televisión tras denuncias contra dos de sus periodistas, a quienes dio por finalizado su contrato.
  • La carta firmada por 40 mujeres periodistas respaldando a una colega que acusó a Hollman Morris por acoso sexual en 2019.
  • El testimonio de la abogada Ana Bejarano sobre prácticas de acoso en la Corte Constitucional, que incluso tenían nombre propio: "judicantear".

"Esto no es marginal. Es estructural", insistió la defensora, señalando que el acoso sexual atraviesa instituciones, empresas, universidades y hasta espacios cotidianos como el transporte público o los colegios. El problema se agrava exponencialmente cuando quien ejerce el acoso tiene poder político, económico, institucional o simbólico.

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Cifras alarmantes en el periodismo colombiano

Las estadísticas respaldan completamente esta lectura. En Colombia, seis de cada diez mujeres periodistas han vivido violencia de género en sus espacios laborales y casi ocho de cada diez conocen casos de colegas que han pasado por lo mismo. En la mayoría de estos casos, los agresores son personas con poder dentro de los mismos entornos profesionales.

La Defensoría del Pueblo advierte que el problema no solo se sostiene por quienes acosan, sino por múltiples factores:

  1. El silencio cómplice que rodea a los agresores.
  2. La impunidad generalizada que disfrutan los victimarios.
  3. La normalización social de estas conductas.
  4. La respuesta institucional deficiente.

"Hay responsabilidades de las entidades que no investigan, de las organizaciones que encubren o minimizan, y de una sociedad que ha aprendido a mirar para otro lado", señaló Marín con contundencia.

Cuestionando el "¿por qué no denunciaron antes?"

La defensora cuestionó una de las frases más repetidas —y más problemáticas— que enfrentan las víctimas: "¿por qué no denunciaron antes?". Para la Defensoría, la respuesta es clara: "las mujeres no denuncian cuando los hechos ocurren, denuncian cuando pueden".

Denunciar implica riesgos considerables: perder el empleo, enfrentar represalias profesionales, no ser creídas por las autoridades. Implica, incluso, atravesar procesos judiciales que pueden resultar revictimizantes. Por esta razón, en muchas ocasiones, el silencio no representa consentimiento, sino una estrategia de supervivencia en entornos hostiles.

Avances reconocidos pero insuficientes

La entidad reconoce algunos progresos recientes:

  • El pronunciamiento de la Fiscalía sobre la necesidad de investigar estos hechos.
  • Los protocolos adoptados por la Corte Constitucional para prevenir el acoso.
  • La activación de mecanismos internos en medios de comunicación.

Sin embargo, la Defensoría advierte que estas medidas no son suficientes. El verdadero reto, según Marín, es pasar del discurso a las acciones concretas: investigaciones oportunas y rigurosas, procesos que eviten la revictimización, y decisiones institucionales que garanticen verdad, justicia y reparación integral para las afectadas.

Hacia una cultura de cero tolerancia

Mientras tanto, la defensora señala que el silencio dejó de ser refugio para los agresores. Y romperlo no puede seguir teniendo un costo más alto que callar. "Necesitamos una posición de cero tolerancia. En todos los espacios. Sin excepciones", concluyó la Defensoría del Pueblo, haciendo un llamado a la sociedad colombiana para transformar radicalmente su respuesta ante el acoso sexual.

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El mensaje es claro: aunque el silencio protector se está rompiendo gracias a la valentía de las víctimas, las respuestas institucionales y sociales siguen siendo cortas, lentas e insuficientes para enfrentar un problema que afecta a miles de mujeres en todos los ámbitos de la vida nacional.