América Latina debilita logros democráticos ante retroceso de EE.UU. y amenazas digitales
Democracia latinoamericana se debilita ante retroceso de EE.UU.

El retroceso democrático en América Latina ante el espejo estadounidense

Encandilados por el retroceso de Estados Unidos en materia de libertades fundamentales, los países de América Latina hemos ido debilitando paulatinamente los logros democráticos conquistados durante décadas. Si bien las elecciones continúan celebrándose en la mayoría de naciones, cada vez con mayor frecuencia se convierten en meros ejercicios teatrales carentes de auténtica contienda ideológica.

La degradación del debate público en la era digital

La deliberación pública genuina entre posiciones distintas ha sido sistemáticamente reemplazada por trinos de lunáticos y extremistas que cooptan la opinión mayoritaria mediante estrategias de manipulación digital. Las empresas tecnológicas, movidas por el ánimo de lucro, fallan consistentemente en filtrar bots o bodegas a sueldo, situación que se ha agravado con el frenético ritmo de desarrollo de la inteligencia artificial.

Este ecosistema digital contaminado genera debates falsos que son replicados acríticamente por medios de prensa, produciendo como resultado reacciones políticas xenófobas o retrógradas de gobernantes obsesionados con mantener índices de popularidad. Se trata de un peligroso juego de espejos que arrastra a nuestros ciudadanos hacia las peores decisiones posibles.

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El caso emblemático de Estados Unidos y su influencia regional

De este caldo de cultivo han surgido políticas de odio y persecución contra inmigrantes, así como otras medidas de corte trumpista que ahora enfrentan la resistencia de millones de estadounidenses auténticamente comprometidos con los valores democráticos. Tan solo entre abril y mayo del año pasado, se registraron en Estados Unidos 4.770 marchas pacíficas en contra del entonces presidente de ese país.

El valor mismo de los derechos humanos fundamentales –incluyendo la libertad de expresión, el debido proceso, la integridad física y el derecho a la vida– se deprecia aceleradamente en nuestro continente. Quizás por temor a represalias diplomáticas o económicas, los líderes latinoamericanos guardan silencio ante la violación sistemática del derecho a la vida y a la justicia de 163 personas (y la cifra continúa aumentando) que fueron literalmente voladas en mil pedazos por armas estadounidenses en medio del mar.

Ejemplos preocupantes en la región

En El Salvador, amplios sectores de la población aplauden los 85 mil presos hacinados en cárceles que funcionan como auténticos antros de corrupción, donde las visitas familiares se comercializan, se practica la tortura sistemática y ocurren desapariciones forzadas. Lo más alarmante es que otros gobiernos de la región buscan imitar este modelo, poniendo como valor máximo el pisoteo sistemático de los derechos humanos fundamentales.

Según el reporte anual publicado este mes por Varieties of Democracy (V-Dem), un proyecto global dedicado a medir y analizar la evolución democrática, la libertad de expresión ha empeorado significativamente en 44 países alrededor del mundo. En Argentina, un streamer y tres periodistas fueron demandados penalmente por el presidente por realizar comentarios incómodos al poder, mientras que en Ecuador, el gobierno intenta ensuciar marchas pacíficas asociándolas con terrorismo y congela cuentas de organizaciones de la sociedad civil sin orden judicial alguna.

En Perú y Paraguay, se imita descaradamente a regímenes como los de Maduro y Ortega mediante la implantación de leyes de "agente extranjero" cuyo objetivo explícito es doblegar a organizaciones y medios de comunicación críticos con el establishment político.

La resiliencia democrática colombiana

En Colombia, donde la violencia criminal azota partes significativas del territorio nacional y la corrupción abunda en múltiples niveles institucionales, la democracia ciertamente cojea, pero todavía mantiene un pulso vital. Los tantos años dedicados a construir procesos de paz han forjado una sociedad civil notablemente resiliente que, aunque ha sido perseguida sistemáticamente, mantiene un índice de participación política que se sitúa por encima del promedio mundial según los datos de V-Dem.

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A esos líderes sociales y comunitarios les debemos, en gran medida, la preservación de las libertades de todos los colombianos. Otro síntoma democrático alentador en nuestro país es que no está cantado de antemano quién ganará las próximas elecciones presidenciales, existiendo una genuina incertidumbre sobre los resultados.

Instituciones que resisten y espacios que persisten

Adicionalmente, Colombia cuenta con entidades serias como la Defensoría del Pueblo que intentan hacer valer los derechos fundamentales de la ciudadanía, sin importar si estas personas apoyan o no al gobierno de turno. Otro aspecto positivo radica en que todavía conservamos espacios de deliberación real y un periodismo diverso que exige rendición de cuentas tanto a opositores como a gobiernistas por igual.

Quienes conciben la democracia como un estadio perfecto al que se llega algún día dirán que en Colombia no estamos ni cerca de ese ideal. Pero la democracia es, esencialmente, una lucha constante que requiere vigilancia permanente. El caso de Estados Unidos nos demuestra con creces que las conquistas democráticas siempre están en riesgo de erosionarse.

Los desafíos de la campaña electoral actual

En el contexto de la actual campaña electoral colombiana, con opciones políticas tan diametralmente opuestas, se elevan las pasiones y corremos el riesgo de perdernos en los agujeros negros digitales que nos jalan hacia la intolerancia y las teorías conspirativas. Protegemos con ahínco el derecho de expresión de nuestros copartidarios, pero nos resulta extraordinariamente difícil defender la libertad de expresión de quienes piensan de manera opuesta a nosotros.

Por eso es fundamental mantenernos alerta. En esos ánimos exacerbados y polarizados se cocina lentamente el populismo autoritario. Es precisamente en esos espacios de intolerancia donde comienza a deshilacharse el tejido democrático que tanto esfuerzo nos ha costado construir a lo largo de décadas.