Exeditora de género denuncia fallas en protocolo contra acoso en El Espectador
Denuncia fallas en protocolo contra acoso en El Espectador

Exeditora de género denuncia graves fallas en protocolo contra acoso en El Espectador

El movimiento Me Too Colombia, que inició con las graves acusaciones contra los periodistas Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas de Caracol Televisión, continúa generando repercusiones y destapando presuntos casos de violencia de género en diversos medios de comunicación del país. En este contexto, Pilar Cuartas Rodríguez, quien fuera la primera editora de género y diversidades de El Espectador, ha hecho públicas en redes sociales sus experiencias dentro del tradicional periódico.

Una respuesta al director del medio

La revelación de Cuartas se produce como respuesta directa al video publicado por Fidel Cano, director del diario, en el cual afirmó que no existen casos de acoso en la redacción y que cuentan con un protocolo riguroso para atender denuncias. "En El Espectador también acosan y tienen un protocolo poco riguroso, con falencias y que no saben aplicar", declaró la periodista de manera contundente.

Cuartas detalló que trabajó durante diez años en el medio y ocupó el pionero cargo de editora de género. "Fui acosada en ese periódico, me quejé, no me creyeron, me revictimizaron y, por eso, renuncié el 24 de septiembre de 2024", explicó. Señaló específicamente a un editor como responsable del acoso laboral que sufrió.

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Múltiples víctimas y fallas estructurales

Según su testimonio, durante su proceso conoció que este mismo editor habría acosado laboral y sexualmente a por lo menos diez personas de la redacción, en su mayoría mujeres, llevando a muchas a renunciar. Las violencias que experimentó incluyeron componentes de género, aunque la periodista optó por no revelar el nombre de su acosador, pidiendo respeto sobre ese aspecto.

Lo que sí enfatizó fueron las graves deficiencias del protocolo interno. El 7 de junio de 2024, a través de sus abogadas de la firma Silva & Morales, radicó una queja formal por la situación de acoso. "Ya no podía más, tenía ansiedad y depresión, e ir a la oficina e interactuar con mi acosador se volvió insostenible. Me quería morir", relató sobre el impacto en su salud.

Un protocolo que "NO FUNCIONA"

Cuartas expuso irregularidades críticas en el procedimiento:

  • Correo inexistente: La dirección de email proporcionada por el medio para recibir denuncias de violencias de género simplemente no existía, haciendo que los mensajes rebotaran. "¿Cuántas periodistas quisieron denunciar durante tres años a través de ese correo?", cuestionó.
  • Comité especializado ficticio: El protocolo establecía que las quejas serían tramitadas por un comité especializado en género que, según Cuartas, tampoco existía. Su caso terminó en el comité de convivencia laboral, que "no sabía cómo recolectar los testimonios".
  • Violación de confidencialidad: La persona que lideraba el comité habló del caso en la redacción, generando divisiones y un ambiente laboral insoportable para la denunciante.
  • Demoras y falta de apoyo: La activación de la ruta se demoró más de un mes, durante el cual tuvo que seguir compartiendo espacios con su agresor. No recibió asesoría psicológica oportuna, a pesar de que el protocolo la contemplaba.

Respuesta institucional y consecuencias legales

El caso solo se activó cuando Cuartas se comunicó directamente con Fidel Cano. Finalmente, El Espectador dictaminó que su situación "no constituía acoso laboral", pero sin motivar la decisión ni permitir el acceso al expediente hasta que un juez lo ordenó.

Posteriormente, un grupo de periodistas que también habían sido acosadas por el mismo individuo presentó una comunicación al medio. El editor en cuestión renunció antes de que se radicara la carta, y el periódico respondió que, como ya había renunciado, no se podía hacer nada contra él. Así, cinco denuncias no resultaron en sanciones.

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Cuartas interpuso una tutela contra el medio. Aunque las instancias judiciales reconocieron parcialmente la violación de su derecho de petición y la falta de rutas claras, negaron sus pretensiones de fondo. El juego ordenó a la empresa realizar campañas, pero la periodista considera que la justicia le falló, especialmente cuando la Corte Constitucional no seleccionó su caso para revisión.

Cambios superficiales y denuncia extendida

Tras su renuncia, El Espectador inició el envío de correos masivos sobre violencias de género, modificó el protocolo y eliminó las referencias al correo inexistente y al comité especializado. Para Cuartas, esto es "una prueba clara de que el protocolo sí tenía fallas".

Además, la exeditora reveló un caso aún más grave: una periodista denunció haber sido violada por un colega que luego pasó a trabajar en El Colombiano. El medio respondió que no era asunto suyo porque ocurrió en una fiesta, no en la oficina. La víctima intentó quitarse la vida y finalmente renunció, mientras que la Fiscalía archivó su denuncia.

Un llamado a la solidaridad y la verdad

Pilar Cuartas destacó la importancia de la ola de denuncias bajo las etiquetas #MeTooColombia y #YoTeCreoColega. "Dudé contar lo que pasó por miedo a quedar tachada, pero hoy lo hago porque no quiero que mi silencio impida que otras reconozcan las violencias", afirmó.

Finalmente, dirigió un reclamo contundente a Fidel Cano: "Si realmente El Espectador se hubiese estremecido con las denuncias de Caracol Televisión, si de verdad hubiese solidaridad, EE pediría perdón públicamente a quienes sufrimos violencias en esa redacción". Subrayó el daño irreparable a proyectos de vida y profesionales, concluyendo que "no hay reparación que restaure ese daño".