Denunciar el racismo en Colombia: ¿Una exageración o una necesidad urgente?
Denunciar racismo: ¿exageración o necesidad urgente?

Denunciar el racismo en Colombia: ¿Una exageración o una necesidad urgente?

Es una situación recurrente en Colombia: cuando líderes afrodescendientes u organizaciones defensoras de derechos señalan expresiones racistas en el lenguaje cotidiano, inmediatamente son tildados de 'exagerados'. Esta respuesta minimizadora oculta una realidad mucho más profunda y preocupante que afecta a comunidades enteras.

El lenguaje como reflejo del racismo cotidiano

Los medios de comunicación colombianos, incluyendo este periódico, hemos caído repetidamente en el uso de expresiones que asocian lo negro con lo negativo. Frases como 'noche negra para la Selección' cuando el equipo pierde, 'día negro en la bolsa' o 'trabajo como negro' se han normalizado en nuestro vocabulario.

Muchas veces utilizamos estas expresiones por costumbre, por haberlas escuchado toda la vida, o por simple desconocimiento. Incluso palabras como 'denigrar', cuyo origen significa 'rebajar a negro' o 'manchar de negro', pasan desapercibidas en nuestro lenguaje diario, como si lo negro fuera inherentemente malo.

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Las cifras alarmantes de Cali

Una investigación reciente del Observatorio de Seguridad y Justicia y el Centro Baobab revela datos contundentes sobre la violencia contra la población afrodescendiente en Cali, la ciudad con mayor concentración de población negra en Colombia:

  • La probabilidad de que una persona afrodescendiente sea asesinada duplica la de alguien de otra etnia
  • La tasa de homicidios de la población afrodescendiente es de 85,6 por cada 100.000 habitantes
  • En otras poblaciones, esta tasa es de solo 35,2 por cada 100.000 habitantes
  • Aunque la población afrodescendiente representa el 14% de los habitantes de Cali, concentra el 29% de los homicidios
  • En 2024, el 80% de las muertes de hombres afro entre 15 y 19 años fueron asesinatos

Racismo estructural y exclusión histórica

El informe advierte que la violencia contra la población negra no puede entenderse únicamente como un fenómeno criminal. Por el contrario, 'es el resultado de condiciones históricas y sociales que han configurado territorios racializados donde se concentra la muerte violenta'.

La historia de Cali muestra cómo la ciudad, concebida inicialmente como inclusiva, comenzó a fragmentarse a partir de los años 70 con la migración y el desplazamiento forzado. Comunidades negras, campesinas e indígenas fueron relegadas a las zonas de ladera y periferia, precisamente donde hoy se concentran los homicidios.

'El racismo ha sido determinante en la manera en que la ciudad distribuye el territorio y el acceso a los derechos', señala la investigación, que además menciona el racismo institucional: la desprotección de comunidades vulnerables frente a la violencia y prácticas que reproducen la exclusión.

Consecuencias tangibles de la exclusión

El caso de Llano Verde es emblemático: con más de 4.000 viviendas, nació como un proyecto para reparar a víctimas del conflicto armado. Sin embargo, aún enfrenta vacíos administrativos en su reconocimiento pleno como barrio de Cali, lo que tiene enormes repercusiones en términos de recursos, inversiones y obras públicas.

El racismo no solo mata; también empobrece y limita oportunidades. Como señala el documento, 'la violencia homicida sobre los cuerpos afrodescendientes no es un fenómeno casual ni circunstancial; es el resultado de un modelo de ciudad y de sociedad que ha producido sistemáticamente formas de exclusión'.

Un llamado al cambio

Es hora de desterrar el racismo de Cali y de Colombia, comenzando por el lenguaje que lo reproduce y consolida. Denunciar el racismo, señalarlo y debatirlo no puede verse nunca como una exageración, sino como un paso fundamental para construir una sociedad más justa e inclusiva.

El racismo parte de una idea falsa de superioridad, pero se traduce en un sistema que otorga privilegios a unos mientras excluye a otros. En una ciudad que es, en esencia, negra, reconocer y combatir esta realidad no es solo una cuestión de justicia social, sino incluso una medida para salvar vidas.

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