Activista kurdo iraní relata la brutal represión y su huida a Irak
Farhad Sheikhi, un kurdo iraní de 34 años, contiene las lágrimas al recordar el estruendo de los disparos y cómo sus compañeros caían abatidos durante las protestas antigubernamentales en Irán. "Literalmente, vi el infierno", afirma este activista desde Sulaimaniyah, la segunda ciudad del Kurdistán iraquí, donde ahora reside tras huir de la violenta represión.
La pesadilla de las protestas y la huida
Sheikhi participó activamente en las grandes manifestaciones de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, la joven que falleció bajo custodia policial por infringir el código de vestimenta. Durante esas protestas fue detenido tres veces y sometido a torturas que le causaron pérdida auditiva. Pero su compromiso no decayó: en diciembre de 2022 y enero de 2023 volvió a salir a las calles.
"La represión de la gente, la matanza, fue masiva. Yo mismo lo vi", expresó Sheikhi mientras mostraba fotografías tomadas durante las protestas de enero, donde se observan numerosas personas junto a charcos de sangre. Según organizaciones de derechos humanos, estas protestas se saldaron con miles de muertos en todo Irán.
La angustia por la familia y el apagón cibernético
La mayor preocupación actual de Sheikhi es la seguridad de su familia que permanece en Irán. Con el apagón cibernético que afecta al país, depende completamente de un amigo que ocasionalmente logra conectarse: "Él llama a mi padre y me cuenta cómo están. Es la única forma de tener noticias de ellos".
Regresar a Irán ya no es una opción viable para este activista, cuyo sueño ahora es viajar a Alemania para concluir sus estudios de derecho. Mientras la guerra entra en su tercera semana, Sheikhi observa cómo la gente en Irán se vuelve más cautelosa y enfrenta condiciones de vida cada vez más difíciles.
Otros casos de represión y exilio
La historia de Sheikhi no es única. Aresto Pasbar, otro iraní de 38 años, fue alcanzado por perdigones durante las protestas de 2022 que lo dejaron ciego del ojo izquierdo. "He tenido cinco cirugías", contó desde Sulaimaniyah antes de relatar cómo huyó a Turquía y finalmente obtuvo asilo en Alemania con ayuda humanitaria.
Pero incluso desde la seguridad alemana, Pasbar no pudo permanecer indiferente. Cuando estalló la guerra, dejó atrás la comodidad europea para unirse a los combatientes kurdos iraníes en el Kurdistán iraquí. Vestido con la tradicional fatiga gris de los kurdos y con fusil en mano, asegura ser consciente de que podría no volver a ver a su esposa y sus dos hijas.
"Incluso si muero, por favor, defiendan sus derechos", les dijo a su familia antes de partir. "No podía permanecer en esa comodidad y ver cómo mi gente era oprimida".
Un sentimiento de venganza que perdura
Amina Kadri, una mujer de 61 años, representa otra faceta de esta tragedia. En 2005, su esposo Ikbal huyó de Irán por persecución política, esperando encontrar refugio seguro en el Kurdistán iraquí. Quince años después, Ikbal -entonces de 57 años y miembro de un grupo armado kurdo iraní en el exilio- fue asesinado cerca de la frontera entre Irán e Irak.
Los atacantes le dispararon, dejaron su cuerpo en un río y huyeron en moto hacia Irán, según testigos del hecho. Kadri acusa directamente a las autoridades iraníes de ser responsables. Apenas 53 días después, su hijo mayor -quien había permanecido en Irán- fue ejecutado por asesinato en lo que ella considera un montaje judicial.
"Ya no me importa lo que me ocurra a mí", dice Kadri desde Penjwen, un poblado fronterizo. "Mi vida no es más valiosa que la de mi hijo o la de mi esposo". Ahora solo desea la caída de la República Islámica para poder "vengar la sangre de todos los que han sido ejecutados".
Un futuro incierto pero con esperanza
A pesar de la violencia y el exilio, Sheikhi no pierde completamente la esperanza. "Un día una revolución social me permitirá volver, pero, por ahora, el riesgo es demasiado grande", afirma mientras observa a distancia los ataques estadounidenses e israelíes contra su país de origen.
La situación en la región sigue siendo extremadamente volátil, con combates que entran en su tercera semana y una población civil atrapada entre múltiples frentes de conflicto. Para estos activistas kurdos iraníes, el camino hacia la seguridad y la justicia parece cada vez más largo y peligroso.



