Restricciones religiosas en Israel afectan celebración central del cristianismo
En medio de las tensiones bélicas con Irán, las autoridades israelíes mantienen severas restricciones que impactan directamente en las prácticas religiosas. Este Domingo de Resurrección, fecha central del calendario cristiano, se desarrolló bajo condiciones excepcionales que reflejan la compleja situación de seguridad en la región.
Celebración limitada en lugar sagrado
El cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió la misa de la vigilia pascual en la Basílica del Santo Sepulcro, uno de los sitios más sagrados para el cristianismo mundial. La ceremonia se realizó a puerta cerrada, con acceso restringido únicamente a un pequeño grupo de aproximadamente veinte religiosos y frailes residentes en el complejo.
Las imágenes de la celebración muestran un escenario inusual: mientras el cardenal oficiaba dentro del recinto, agentes de la Policía israelí impedían el ingreso de fieles que se congregaban en las inmediaciones portando palmas, cruces y velas tradicionales. Este despliegue de seguridad forma parte de las medidas implementadas desde el inicio del conflicto con Irán.
Controversia internacional y cambio de postura
La situación actual representa un cambio parcial en la política israelí respecto a las restricciones religiosas. Originalmente, el gobierno había anunciado la prohibición total de la tradicional misa del Domingo de Ramos, decisión que generó miles de críticas internacionales y presión mediática global.
Frente a esta reacción, el primer ministro Benjamín Netanyahu reconsideró la medida, permitiendo finalmente que el cardenal Pizzaballa oficiara la celebración, aunque con limitaciones significativas. El mandatario israelí aseguró que la decisión inicial no fue tomada con mala intención, sino como parte de las precauciones de seguridad nacional.
Reacciones de la comunidad cristiana
Los fieles que acudieron al lugar expresaron sentimientos encontrados ante las restricciones. Cristina Toderas, residente en Jerusalén originaria de Rumanía, manifestó: "Es realmente muy difícil querer venir a rezar y no encontrar nada. Fuera de la Ciudad Vieja, las iglesias están abiertas. Y para nosotros, ¿por qué está cerrada?".
En la misma línea, Deivis, cristiano residente en Tel Aviv, cuestionó la medida: "Deberían dejar entrar a la gente porque la religión es de todos". Estas declaraciones reflejan la frustración de una comunidad que ve limitado su acceso a espacios de culto en momentos fundamentales de su calendario litúrgico.
Contexto de seguridad en Jerusalén
Desde el inicio de la guerra con Irán, Israel mantiene un fuerte despliegue policial en los accesos a la Ciudad Vieja de Jerusalén. Bares y tiendas permanecen cerrados, y toda actividad económica se encuentra paralizada desde que el conflicto estalló durante el Ramadán, afectando también los rezos en la Explanada de las Mezquitas.
Las medidas de seguridad vigentes, bajo estado de emergencia, restringen las reuniones en espacios públicos a un máximo de 50 personas, siempre que existan refugios cercanos -condición que no se cumple en Jerusalén Este. Sin embargo, estas restricciones han sido aplicadas de manera desigual según denuncian organizaciones civiles.
Homilía en tiempos de conflicto
En su mensaje durante la misa, el cardenal Pizzaballa reflexionó sobre el significado de celebrar la Pascua en medio de estas circunstancias: "Aquí, dentro de este Sepulcro, no nos encontramos ante un símbolo: nos enfrentamos a un vacío real", haciendo referencia al cierre prolongado del lugar sagrado.
El religioso continuó: "La Pascua comienza así: no con una explicación, sino con una ruptura. No con emoción, sino con una pregunta desorientadora". Sus palabras capturan la complejidad de mantener tradiciones religiosas en un contexto marcado por la inestabilidad y las medidas de seguridad extremas.
Celebraciones paralelas y desigualdad en la aplicación
Mientras la comunidad cristiana enfrentaba restricciones, el mismo domingo se celebró la tradicional Bendición Sacerdotal (Birkat Kohanim) de la festividad judía de Pésaj. Aproximadamente cincuenta rabinos participaron en el ritual, que se trasladó a la sección subterránea del Muro de las Lamentaciones en lugar de realizarse en la explanada habitual.
Organizadores de protestas contra la guerra han señalado que las restricciones se aplican de manera desigual. Según sus reportes, durante celebraciones como el Purim en marzo y en reuniones en playas de Tel Aviv, se han superado regularmente los límites de personas permitidas sin intervención policial, mientras manifestaciones pacíficas han sido dispersadas con detenciones.
Esta situación plantea interrogantes sobre la consistencia en la aplicación de las medidas de seguridad y su impacto diferenciado en diversas comunidades religiosas y grupos sociales dentro del territorio israelí.



