Mujeres en el liderazgo: un camino espinoso hacia la igualdad en Colombia
Mujeres en liderazgo: camino espinoso hacia igualdad

La persistencia del machismo en las instituciones colombianas

Siempre me he cuestionado el machismo que rodea a las instituciones. Desde la iglesia para abajo, la historia ha forzado normalizar al hombre como la gran cabeza que dirige y ordena, sin que a la mujer se le permita romper la barrera del rol secundario. En la mayoría de los casos sigue siendo la coequipera, la que complementa la estrategia, la subgerente, la vicepresidenta.

Escasos espacios de liderazgo pleno

Son tan escasos los espacios de liderazgo pleno que, en Colombia, por ejemplo, en pleno siglo XXI, registramos con extrañeza que una mujer comande la Fiscalía General de la Nación o que, por primera vez, tengamos, en lugar de un Defensor del Pueblo, una Defensora. Estos hitos, que deberían ser normales, todavía se perciben como excepciones en nuestro país.

Ellos deciden, ellas secundan. A ellos les celebran los excesos, a ellas las juzga la sociedad sin misericordia. Ellos abandonan, ellas verán de qué forma se las arreglan. Estos son los patrones que aún dominan en nuestra cultura organizacional y social.

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Las luchas ganadas y el camino por recorrer

Varias luchas ganadas, sin duda, pero un camino espinoso todavía por recorrer que merece una discusión de alto nivel alrededor de la participación real que se concede a la mujer, sobre todo, en los entornos laborales tanto públicos como privados. La igualdad formal no se ha traducido en igualdad sustantiva en los espacios de toma de decisiones.

Las denuncias de acoso sexual como síntoma

Las denuncias de acoso sexual que sacuden por estos días a la opinión pública son en buena parte resultado de dichas dinámicas sexistas. Una errada percepción de inferioridad femenina que no es otra cosa que discriminación camuflada y que termina, como en los casos materia de investigación, por cosificar a la mujer.

Aunque suene a frase trillada, hay que repetirlo: nada supera la valentía de las denunciantes en un mundo que encuentra en el desprestigio una poderosa herramienta descalificatoria. Para la muestra, los cientos de comentarios que, sin contexto alguno, gradúan a las víctimas de provocadoras.

Un punto de quiebre histórico

Si bien la sororidad que han despertado estos hechos ha emergido con tal fuerza que tiene paralizado al género opuesto, la polémica del momento está obligada a trascender el morbo e instaurarse como un punto de quiebre. Sin marcha atrás.

  • Nunca más la estigmatización de "vieja loca" a la mujer que hace sentir su voz.
  • Nunca más la etiqueta de "ofrecida" a una mujer que se muestra cómoda con su físico.
  • Nunca más una mujer tratada como adorno y ser carente de inteligencia.
  • Nunca más mujeres intimidadas por quienes se aprovechan de la superioridad -efímera, por cierto- que otorga un cargo.

La percepción distorsionada del liderazgo femenino

Decepciona, lo confieso, revisar la literatura alrededor de la conducción femenina en las organizaciones y encontrar conceptos que señalan que las cualidades para liderar suelen ser percibidas como masculinas, mientras una mujer cálida es calificada de incompetente o débil.

Regocija, entre tanto, aquella que reconoce, a modo de condiciones propias de las mujeres, la capacidad de escuchar, la empatía, la preferencia por el trabajo en equipo y su contribución positiva a los entornos laborales.

Las cualidades femeninas en el liderazgo organizacional

Entusiasman, por otro lado, textos de autores como Kulkarni y Mishra que describen, dentro de los aspectos femeninos a destacar, a nivel organizacional:

  1. El estilo de liderazgo democrático -por estos días en vía de extinción-
  2. Una mayor capacidad para decidir en contextos de crisis
  3. Habilidades de mediación y resolución de conflictos
  4. Una visión más integral de los problemas organizacionales

Hacia un cambio cultural verdadero

No se trata de tokenismo (estrategia superficial de inclusión con el objetivo de aparentar diversidad). Se trata de un cambio de chip verdadero y definitivo en el que los hombres tienen mucho por aportar. Es la hora -no el cuarto de hora- de las mujeres.

Este cambio requiere transformaciones profundas en:

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  • Los procesos de selección y promoción en las organizaciones
  • La cultura corporativa que todavía premia comportamientos masculinizados
  • Los sistemas de evaluación del desempeño
  • La distribución del poder en los espacios de toma de decisiones

Colombia necesita avanzar hacia una sociedad donde el liderazgo femenino no sea la excepción sino la norma, donde las mujeres puedan ejercer plenamente sus capacidades sin los lastres del machismo institucional que todavía persiste en nuestras estructuras sociales y organizacionales.