Retornados a Gaza enfrentan vejaciones y confiscaciones en cruce de Rafah
Palestinos que han comenzado a retornar a Gaza durante los últimos días, tras la reapertura del crucial cruce fronterizo de Rafah con Egipto, están denunciando sistemáticamente vejaciones, interrogatorios prolongados y presiones constantes por parte de las fuerzas israelíes para que abandonen definitivamente sus intenciones de regresar. Además, reportan la requisa completa de todas sus posesiones personales, incluyendo teléfonos móviles, juguetes infantiles y medicamentos esenciales, durante exhaustivas inspecciones que cuentan con el apoyo técnico de la Unión Europea.
Un proceso lento y restrictivo
El pasado 2 de febrero, después de la toma militar israelí del sur de Gaza en mayo de 2024, Israel autorizó nuevamente el tránsito limitado de personas a través de Rafah, que representa la única salida o entrada terrestre al enclave palestino desde otro país que no sea Israel, en este caso específico Egipto. Desde esa fecha, y a pesar de las estimaciones alarmantes de la Organización Mundial de la Salud que indican que más de 18.000 gazatíes requieren urgentemente una evacuación médica, apenas unos 280 individuos, entre pacientes y sus acompañantes, han logrado salir del territorio asediado.
Mientras tanto, según cifras oficiales proporcionadas por la Media Luna Roja y fuentes locales consultadas por EFE, aproximadamente 230 palestinos han conseguido regresar a Gaza, enfrentando un proceso descrito como humillante y exhaustivo. La gazatí Sabah Ismail, quien actualmente reside rodeada de tiendas de campaña para personas desplazadas en Al Mawasi, al sur de Gaza, fue una de las primeras en retornar el 2 de febrero, junto con otros once palestinos, siendo su microbús el único vehículo que logró acceder al territorio ese día.
Testimonios de humillación y presión
La joven relata a EFE un proceso prolongado y degradante que puede extenderse durante un día completo, a pesar de tratarse de una distancia física de apenas 15 kilómetros entre el cruce de Rafah y el Hospital Naser en Jan Yunis. Como todos los retornados, Ismail recibió una notificación de la Embajada palestina en El Cairo para presentarse alrededor de las 3:00 de la madrugada en la ciudad costera egipcia de El Arish. Tras más de tres horas de espera, un autobús los transportó al cruce fronterizo, donde fueron recibidos por delegaciones egipcias y personal de la Cruz Roja.
"El lado egipcio estaba bien organizado y todo se resolvió en menos de dos horas. El problema fue del lado palestino, ya dentro de Gaza. Cuando abrieron la puerta, seguimos allí hasta el atardecer", explica Ismail detalladamente. Después de cruzar la frontera, los retornados llegan a un puesto de control gestionado conjuntamente por la Autoridad Palestina y la Misión de Asistencia Fronteriza de la Unión Europea (EUBAM), donde son sometidos a controles biométricos y obligados a deshacerse de casi todas sus pertenencias.
Interrogatorios y amenazas sistemáticas
Posteriormente, son transportados en autobús a una tercera inspección a cargo de los milicianos de Abu Shabab, un grupo palestino respaldado por Israel que mantiene un punto de control estratégico en Rafah. Tanto los retornados como organismos de la ONU han denunciado reiteradamente interrogatorios agresivos y amenazas directas en este punto. Estos milicianos escoltan luego a los gazatíes hasta otro puesto militar del Ejército israelí, conocido como Regavim, donde son interrogados individualmente, en ocasiones durante varias horas.
Para Ismail, este momento marcó el inicio del horror. Las fuerzas israelíes le vendaron los ojos, la esposaron y le quitaron el chal que llevaba pese al intenso frío. "Me rociaron con agua y luego comenzaron a interrogarme", detalla con precisión. Le preguntaron insistentemente por qué deseaba volver a una Gaza en ruinas, por qué no emigraba con sus hijas, e incluso le ofrecieron "casa y dinero" si abandonaba sus planes. "¿Qué te parece si te sacamos ahora mismo, gratis?", le propusieron los soldados israelíes. Al negarse repetidamente, la amenazaron directamente: "Bien, te arrestamos y nadie sabrá nada de ti".
Negativas oficiales y denuncias documentadas
Consultado por EFE, el Ejército israelí negó categóricamente en un comunicado oficial "incidentes de conducta inapropiada, malos tratos, detenciones o confiscación de bienes", asegurando que el control exhaustivo del equipaje sigue una política de seguridad previamente coordinada con Egipto y la EUBAM, y se realiza de conformidad con el derecho internacional. Sin embargo, el pasado 5 de febrero, la Oficina de la ONU en los Territorios Palestinos Ocupados denunció, basándose en múltiples testimonios, "un patrón persistente de malos tratos, abusos y humillaciones por parte de las fuerzas militares israelíes" y de las milicias que las apoyan.
El informe detalla que gazatíes reportaron haber sido escoltados por palestinos armados, presumiblemente de Abu Shabab, que en ocasiones les esposaron, vendaron los ojos, intimidaron y robaron pertenencias y dinero. Otros testimonios corroboraron "interrogatorios degradantes" a manos de soldados israelíes, la prohibición de usar baños y verse forzados a orinar en público, además de ofrecimientos de dinero para que abandonen Gaza permanentemente.
Confiscación de bienes esenciales
La palestina Rotana Atiya Mohamed al Rigueb, de 31 años, recuerda con nitidez las cámaras de vigilancia y el alambre de púas que coronan el puesto de control militar israelí. Esa sensación, narra a EFE, de cruzar a un lugar "ocupado, controlado" tras meses recibiendo tratamiento médico en Egipto, alejada de sus cuatro hijos. El personal de la Unión Europea le requisó casi todo lo que llevaba: desde medicamentos que sabe que ya no existen en Gaza, hasta juguetes para sus hijos o teléfonos móviles nuevos. "No nos permitieron llevar nada de eso; solo una bolsa de ropa", describe con frustración.
En el puesto israelí, los militares llamaron a su madre y se la llevaron. Más tarde, en habitaciones separadas, la interrogaron a ella con las manos atadas y los ojos vendados. Afirma que los soldados la amenazaron explícitamente con la cárcel y con quitarle a sus hijos para siempre. Pese al miedo palpable, esta madre insiste en que cualquier palestino que desee regresar a Gaza debe hacerlo. "Nosotros, como ciudadanos palestinos, queremos regresar a nuestra tierra. Queremos abrazar nuestra patria, queremos abrazar a nuestros hijos", asegura con determinación. "Nadie puede detenernos", concluye rotundamente.



