El silencioso mensaje del 81% que se abstuvo de votar
Con todo respeto, pero con claridad meridiana, debemos señalar: el negativo de los tres principales partidos políticos equivale a un contundente 81% del electorado que no participó ni en las elecciones parlamentarias ni en la consulta popular. Esta abrumadora mayoría no acudió a las urnas, pero envió un mensaje de profundo descontento y desconfianza institucional que nadie en la clase política parece querer leer o interpretar correctamente.
La realidad de los estratos 1, 2 y 3: 75% del electorado espera ser escuchado
En los estratos 3, 2 y 1 se concentra aproximadamente el 75% de los votos potenciales. Esta inmensa porción de la población colombiana espera pacientemente que alguien los escuche genuinamente y les lleve mensajes que despierten emociones positivas y esperanza real, con propuestas concretas que correspondan directamente a sus problemas cotidianos.
La gente del común, la inmensa mayoría silenciosa, quiere que le hablen de sus problemas reales. Quiere ver que algún político o líder le diga sinceramente que le va a solucionar lo básico para vivir con dignidad:
- Cómo tanquear la moto para trabajar
- Que no lo despidan injustamente del empleo
- Que no se le funda el pequeño negocio familiar
- Cómo pagar el arriendo mensual
- Con qué dinero mercar lo mismo o mejor que el mes anterior
- Que le den los medicamentos a la mamá enferma
- Que el policía no se lleve arbitrariamente la moto a los patios
- Que no los estafen con préstamos informales
- Que le quede al menos para una cerveza el domingo
No piden más que lo básico para vivir con decencia. Pero están absolutamente cansados de escuchar que todo se lo robaron, antes y ahora. Ellos no entienden de Producto Interno Bruto ni de indicadores macroeconómicos, pero sí saben perfectamente cómo los afecta directamente la carestía en el mercado, el aumento de precios y la pérdida de poder adquisitivo.
Desconexión total con la élite política y mediática
Tengamos claro un hecho fundamental: a nadie de esos estratos populares le interesa, y mucho menos le importa, quién sea o qué piense el vicepresidente o la vicepresidenta. Esa no es su preocupación ni su "lío" diario. Esa gente no está en Twitter (hoy X), ni participa en los chats de los estratos 4, 5 y 6. Les importa muy poco los debates entre "mamertos", "intelectualoides" y "gomelos", y no tienen tiempo material para sentarse a ver los noticieros tradicionales.
No están de acuerdo con la corrupción, pero tampoco están pidiendo más de lo que honestamente tienen, ni son personas que roban en sus trabajos, como sí ocurre a gran escala en buena parte del sector público colombiano. Esta realidad es, precisamente, uno de los principales factores que generan desconfianza en los partidos políticos y los líderes tradicionales ante ese 80% del mercado electoral potencial.
Ellos no están pendientes de las encuestas con muestras limitadas de 1.200 llamadas telefónicas en un país de 50 millones de habitantes. Lo que realmente necesitan y anhelan es tener un país donde puedan trabajar libremente, con seguridad jurídica y oportunidades reales de progreso.
La batalla por la comunicación y la penetración digital
Por tanto, si las campañas democráticas no realizan un trabajo metódico, ordenado, digital, tecnológico y comunicacional, con penetración real de audiencias segmentadas que llegue efectivamente a todos los celulares de esos estratos populares, con narrativas adecuadas, cortas y contundentes, deben saber que el Estado sí está llegando allí con sus emisoras oficiales y RTVC, con su demagogia populista, para engañarlos sistemáticamente.
El aparato estatal les dice constantemente que el gobierno les cumplió y les ofrece todo el día subsidios temporales para que crean en una falsa ilusión de mayor ingreso real, aunque sea una vil mentira estadística que no se traduce en mejor calidad de vida sostenible.
La crítica a la clase política tradicional
Creenme cuando afirmo que los políticos tradicionales solo se acercan a las campañas electorales para ver qué consiguen o cómo se posicionan para seguir beneficiándose del Estado. Toda esa pila de candidatos perdedores en elecciones anteriores también son chupasangres del erario público. No ayudan genuinamente, aunque digan retóricamente que van a ayudar, pues ni tienen capacidad real para hacerlo.
Los votos no son endosables, ni de ellos ni de sus movimientos políticos, y su intención última no es otra que seguir en la misma rosca de poder cada cuatro años, perpetuando un sistema que les beneficia a ellos pero no al ciudadano común.
La figura de Uribe y la defensa de la libertad
Ojo con un dato crucial: ya el senador Cepeda lo dijo claramente: esto no es contra "el tigre" ni "la paloma", es específicamente contra Álvaro Uribe Vélez. El único enemigo real que reconocen abiertamente tanto Gustavo Petro como Cepeda es Uribe. Y esto tiene una explicación contundente: Uribe no para de trabajar por la patria y es el único líder con el que realmente se identifica un buen porcentaje significativo de la gente común.
Por tanto, que no crean unos y otros, ni los políticos tradicionales, ni los periodistas de cartel establecido, ni nadie, que la libertad puede ganar sin Uribe y lo que él despierta genuinamente en la gente, sin el empresariado en pleno participando activamente, y sin los trabajadores votando conscientemente.
La necesidad de una movilización orgánica masiva
Se requiere generar una votación orgánica gigantesca que defienda la libertad de forma masiva, como se logró históricamente en el plebiscito de 2016, y meterse física y digitalmente en los celulares y en las emociones de la gente de estratos bajos. Escuchen este llamado, valoren la libertad profundamente, porque lo que está en juego no es lo que aporten simbólicamente "la paloma" ni "el tigre", es la libertad de todos los colombianos.
Es evitar convertirnos en una Cuba o Venezuela del siglo XXI. Es defender el cambio del sistema jurídico del que dependen nuestros valores fundamentales, las libertades individuales, las garantías democráticas, la economía estatal y formal, y la convivencia social pacífica.
Reflexión final: el fuego amigo y la responsabilidad colectiva
Recordemos siempre que es el fuego amigo el que deja paralítico de un balazo o mata al soldado que va adelante en la batalla. Recordemos con crudeza que es por culpa de los políticos tradicionales, que son parásitos del Estado, que llegamos a la difícil situación actual.
Esto es en serio, todos y cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad histórica de llevar a otros a votar conscientemente. Es por la LIBERTAD, es por Colombia, es por nuestro futuro común. La abstención del 81% es un grito silencioso que debe ser escuchado antes de que sea demasiado tarde para nuestra democracia.



