La paridad de género en el Congreso colombiano: un avance tímido que no alcanza
Independientemente de los resultados que arrojen las urnas este domingo, Colombia continuará arrastrando una deuda histórica con las mujeres que aspiran al poder político durante, al menos, los próximos cuatro años. Mientras millones de colombianos se movilizan hacia las mesas de votación para definir el futuro político del país, un problema estructural persiste sin mostrar mejorías significativas: la paridad participativa de género en las candidaturas legislativas.
Las cifras que evidencian la desigualdad persistente
El Espectador tuvo acceso a los registros electorales de la Misión de Observación Electoral (MOE), los cuales analizan la variación entre la cantidad de mujeres que aspiraron al Congreso en las elecciones pasadas y cómo esa cifra, cuatro años después, se ha mantenido prácticamente estancada. Los resultados son contundentes: aunque existen más candidatas con posibilidades reales de acceder al poder legislativo, la relación desigual frente a los hombres continúa siendo abrumadora.
Este domingo, las mujeres representarán tan solo un 40% de los nombres que aparecerán en los tarjetones electorales para cargos legislativos. El estudio de la MOE detalla que en el actual ciclo electoral para el período 2026-2030 hay 1.303 mujeres candidatas, ya sea para aspirar a asientos en el Senado o a circunscripciones especiales como las de paz o representación étnica en la Cámara de Representantes.
Un avance engañoso y marginal
Aunque esta cifra representa 187 candidatas más en comparación con las elecciones 2022-2026 (donde hubo 1.116), la realidad es que aún no se alcanza la paridad en las aspiraciones al poder. Los hombres continuarán ocupando seis de cada diez candidaturas para llegar al Congreso. Al realizar los cálculos, esto se traduce en que, en cuatro años, tan solo habrá un 1,1% más de paridad con respecto al cuatrienio anterior.
"Si bien la aplicación de normas como la cuota de género ha permitido que poco a poco se incluyan más mujeres candidatas, todavía estamos lejos de un panorama en que las mujeres en candidatura representen al menos la mitad de las personas inscritas", subraya Danilo Sepúlveda, coordinador de igualdad y diversidad de la MOE.
Un poder incompleto en todas las circunscripciones
El estudio de la MOE examinó todos los espacios de poder que se disputarán este domingo, incluyendo Senado, Cámara e instancias especiales que, aunque reducidas, deberían contribuir a reducir las brechas de género. Sin embargo, al evaluar lista por lista, los resultados evidencian avances tímidos y, en algunos casos, retrocesos preocupantes.
- De ocho circunscripciones que se votan este 8 de marzo, solo una muestra una mayor paridad participativa de género: la candidatura indígena que aspira al Senado, con un 20,5% más de mujeres respecto a las elecciones pasadas.
- Las demás vacantes muestran avances numéricos, pero no significativos para lograr igualdad: solo 2,5% más de mujeres afrodescendientes son candidatas para la Cámara Baja y tan solo 1,2% más de aspirantes tienen opciones de llegar al Senado de la República.
- La única curul donde la paridad de género se garantiza es la circunscripción de paz (CITREP), con 122 hombres y 120 mujeres que buscan representar a las víctimas del conflicto.
- Existen retrocesos evidentes, como en la curul internacional, donde en lugar de cerrar brechas hubo regresión: de mostrar paridad 50/50 en comicios pasados, ahora solo permitirá que cuatro de cada diez candidatos sean mujeres para representar a colombianos en el exterior.
Las causas estructurales de la subrepresentación
Para Angelika Rettberg, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, estos números tienen una explicación que trasciende la jornada electoral. La politóloga asegura que la subrepresentación de las mujeres, tanto al ser candidatas como al ser elegidas en espacios de poder, se debe a fenómenos de violencia que aún no han sido superados.
"Muchas de ellas siguen enfrentando discriminación de género más allá de la violencia política. Esto es una desventaja para la democracia colombiana, que requiere de voces femeninas para hacer realidad la promesa de representación de la diversidad social", comenta Rettberg.
Un nuevo Congreso con viejos problemas
Analistas políticos consideran que esta desigualdad en las candidaturas representa un perjuicio no solo para las luchas feministas, sino para todo el país. Tatiana Niño, coordinadora de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, recuerda que en 2022, con porcentajes casi idénticos, las mujeres solo llegaron a ocupar el 29% de los asientos en el Congreso.
Sin embargo, pese a su reducida presencia, su impacto se hizo sentir mediante ponencias y leyes que ellas mismas lideraron:
- La prohibición del matrimonio infantil, a cargo de Alexandra Vásquez (Pacto Histórico)
- El derecho a la maternidad para mujeres políticas, impulsada por Catherine Juvinao (Alianza Verde)
- Proyectos legislativos que defienden la educación pública, respaldados por Jennifer Pedraza (Coalición Centro Esperanza)
"Hay avances. Pero no es lo ideal y todo apunta a que será muy difícil que una vez más las mujeres ocupen el 50% de los asientos en el Congreso. Colombia ya ha logrado mucho en paridad de género, pero el camino sigue siendo extenso y lleno de barreras para lograr la igualdad que necesitamos", concluye Niño.
La democracia colombiana enfrenta así el desafío de transformar estas cifras en una realidad más equitativa, donde la representación femenina no sea la excepción sino la norma en los espacios de toma de decisiones que definen el futuro del país.



